Cine

20 Blan­ca­nie­ves Pablo Ber­ger¿Una pelí­cula espa­ñola muda y en blanco y negro? Lo que ha hecho Ber­ger es esto y es un fresco rigu­roso de la España de antes de la gue­rra, de los orí­ge­nes de este país, de la esen­cia de este lugar cai­nita: una pelí­cula durí­sima, áspera como el blanco y negro, radi­cal como la ausen­cia de voces. En la España de los 20 está nues­tra iden­ti­dad: entre enanos tore­ros, dia­blos, san­tas, apa­rien­cias, ricos y pobres. Colec­tivo G. Piqué

19 El caba­llo de Turín Béla Tarr, Agnes Hra­nitzkyEn su tes­ta­mento fíl­mico, Béla Tarr nos enfrenta a un apo­ca­lip­sis íntimo, des­nudo, casi mudo pese a su viento ensor­de­ce­dor. El maes­tro hún­garo se des­pide del ofi­cio con una expe­rien­cia cine­ma­to­grá­fica radi­cal, cons­truida con una docena de pla­nos secuen­cia en un blanco y negro mono­lí­tico. Pocos cineas­tas actua­les son capa­ces de lle­gar a la emo­ción más pura desde la aus­te­ri­dad expre­siva y el vaciado narra­tivo como él. Colec­tivo G. Piqué

18 Máta­los sua­ve­mente Andrew Domi­nikAndrew Domi­nik, como si David Mamet hubiese saqueado la timba ile­gal pre­pa­rada por los Coen, Win­ding Refn y James Gray, adapta la minia­tura noir per­fecta sobre la con­cisa novela de Georde V. Hig­gins. Sus esca­lo­nes inte­rio­res, en directa sumer­sión a los bajos fon­dos, entran en los oscu­ros epi­so­dios fina­les de Los Soprano: la Amé­rica corrom­pida y trai­cio­nada por su pro­pio cri­sol cul­tu­ral, lleno de enga­ños y poe­sía urbana seca. Migue Muñoz

17 Martha Marcy May Mar­lene Sean Dur­kinEl debut en lar­go­me­traje de Sean Dur­kin pro­fun­diza en temas ya recu­rren­tes en su corta fil­mo­gra­fía como cor­to­me­tra­jista. Su pulso para tra­zar mira­das de extra­ñeza sobre actua­cio­nes tan depo­ra­bles como el uso de la debi­li­dad humana, para sacar bene­fi­cio eco­nó­mico, sexual o de jerar­quías de poder y sumi­sión, son prés­ta­mos argu­men­ta­les para sumer­girse en per­tur­ba­cio­nes y desola­cio­nes que van desde el cine de Polanski hasta el de Noah Bam­bauch. Ima­gina que el mum­ble­core da miedo (de veras) y acer­ta­rás. Migue Muñoz

16 Brave Mark Andrews, Steve Pur­cell, Brenda Chap­manNues­tra mirada no está capa­ci­tada para absor­ber tanta joya con­ti­nua y nece­sita que Pixar la fas­ti­die de vez en cuando. Pues no, esta vez tam­poco. Brave tiene tanto arte latente como muchas de sus com­pa­ñe­ras de fil­mo­gra­fía. Tan sólo por ver cada rizo peli­rrojo ondu­lar en los movi­mien­tos, ya sería sufi­ciente. Pero ade­más de vir­gue­rías for­ma­les, halla­mos emo­ción pura a lo Miya­zaki y una abierta crí­tica a un modo de vida cons­tante (fami­lia y con­ven­cio­nes socia­les varias). Migue Muñoz

15 The Deep Blue Sea Terence Davies¿Puede una sola actriz sos­te­ner toda una pelí­cula? Eso ocu­rre en The Deep Blue Sea, donde la magis­tral inter­pre­ta­ción de una ins­pi­rada y talen­tosa Rachel Weisz con­si­gue dotar de bri­llan­tez a un film qui­zás algo pre­ten­cioso pero dotado de un indu­da­ble gusto esté­tico. Una pelí­cula que no con­veine dejarse en el lis­tado de pelí­cu­las por ver. Gabriel Górriz

14 Cos­mó­po­lis David Cro­nen­bergCos­mó­po­lis de Cro­nen­berg es direc­ta­mente Cos­mó­po­lis de DeLi­llo encar­nada en cine. La pelí­cula más aguda, como retrato de las últi­mas déca­das, no debe­ría estar en un puesto tan bajo; pero antes debe­mos apren­der que esta pelí­cula no pacta nada con nadie. No es una road-movie, es una película-paseo a mar­cha lenta de fune­ral dónde los ceros y unos vira­li­zan la ver­bo­rrea angus­tiante del hom­bre en la cima: rese­tear nues­tra desola­dora socie­dad empieza por pegar­nos un tiro en la mano (obrero-capitalista). Migue Muñoz

13 Sky­fall Sam Men­desDaniel Craig ha dejado claro que es un James Bond como no ha habido otro antes. Más vis­ce­ral, más ten­dente al gol­peo y más rocoso. Le falta esa ele­gan­cia de Pierce Bros­nan aun­que le sobra acti­tud para insu­flarle a las nue­vas misio­nes del agente secreto la pátina de las pelí­cu­las de acción de este comienzo de siglo. Sky­fall es muchas explo­sio­nes, un villano esplén­dido (Javier Bar­dem), adre­na­lina, muje­res de ban­dera y gui­ños fina­les para el afi­cio­nado a 007. Óscar Valero

12 Loo­per Rian John­sonDesde que el fan­tás­tico en minús­cula ata­laya de Shya­ma­lan nos aban­donó, pocos ana­li­zan nues­tros temo­res desde el cine de género. Ahora el “mons­truo” es el capi­ta­lista corrupto que nos da la pis­tola para que sea­mos noso­tros los que nos mate­mos. Y ese es el fondo de Loo­per: el suci­dio social pac­tado. Y para tra­tarlo, el direc­tor de Brick ha optado por las para­do­jas de viaje tem­po­ral de forma tan imper­fecta como las obras más arries­ga­das y memo­ra­bles de Shya­ma­lan. Migue Muñoz

11 En la casa Fra­nçois OzonYa es com­pli­cado sos­te­ner la meta­na­rra­ción como para ade­más hacerla dige­ri­ble. Uno de los méri­tos de esta pelí­cula de Ozon es con­truir una fuerte trama con un puñado de per­so­na­jes –dos fun­da­men­tal­mente– en una suerte de bil­dun­gro­man a la fran­cesa: es una reve­la­ción del cine galo, muchas veces ensi­mis­mado en su cli­ché. Sirve como retrato de una clase media en deca­den­cia que había rozado la impos­tura aris­to­crá­tica antes de la cri­sis y como reivin­di­ca­ción bohe­mia. Óscar Valero

10 Un amor de juven­tud Mia Hansen-LøveEs tan fácil decirlo que suena manido: los res­qui­cios de la Nou­ve­lle Vague toda­vía insu­flan aire a cier­tas his­to­rias impre­sio­nis­tas por­ta­do­ras de amor y vida. Mia Hansen-Løve alcanza el recuerdo de la tetra­lo­gía truf­fau­tiana en torno a Doi­nel y el amor, plasma la des­nu­dez (lite­ral) del enamo­ra­miento y baja de modo natu­ral a las cloa­cas de la angus­tia, la melan­co­lía de la madu­rez y la tris­teza infi­nita del Kazan de Esplen­dor en la hierba. Migue Muñoz

09 The Yellow Sea Na Hong-jinEn un año en el que pelí­cu­las como The Raid, Outrage o Un hom­bre sin pasado han mos­trado un cine asiá­tico vigo­roso y con­tun­dente, la sur­co­reana The Yellow Sea choca desde su fac­tura de noir fron­te­rizo, lan­zando un dis­curso subli­mado res­pecto a la ópera prima de su autor. Na Hong-jin teje un iti­ne­ra­rio des­pia­dado, de rumbo tan con­te­nido como san­gui­na­rio, sin dejar de ser sor­pren­dente, y capaz de mos­trar la vio­len­cia latente de manera reno­vada. Migue Muñoz

08 Casa de tole­ran­cia Ber­trand Bone­lloBer­trand Bone­llo nos sumerge en los últi­mos años de la exis­ten­cia de un lujoso bur­del pari­sino de fin de siè­cle. El espí­ritu que con­si­gue recrear es una mez­cla mara­vi­llosa entre deca­den­tismo y este­ti­cismo que reboza vita­li­dad y que con­si­gue, a lo largo de las dos horas que dura la pelí­cula, pasear­nos con la mirada reno­vada a cada plano por sus pasi­llos ador­mi­la­dos. Bone­llo es capaz de crear esce­nas suges­ti­vas y ambi­guas a par­tir de la bana­li­dad de lo coti­diano; un intere­sante aná­li­sis sobre el deseo, los roles sexua­les y socia­les de una época, a la vez que de su inevi­ta­ble des­mem­bra­miento. Casa de tole­ran­cia es ade­más, a su manera, una bella refle­xión sobre el tiempo que lleva ecos prous­tia­nos. Àlex Reig

07 Fausto Alek­sandr Sokú­rovSoku­rov cuenta sus pelí­cu­las por obras de orfe­bre­ría. Uno de los direc­to­res de los que más se puede decir aque­llo de la con­jun­ción forma/contenido vuelve con una pelí­cula vis­ce­ral desde el prin­ci­pio, un relato deses­pe­rado que te revuelve el estó­mago. El mito que revisa el direc­tor habla de un pacto entre Satán y el hom­bre. ¿Cuánto hay que pagar por la sabi­du­ría? ¿Cuánto por el amor? Colec­tivo G. Piqué

06 Decla­ra­ción de gue­rra Valé­rie Don­ze­lliEste es un melo­drama al que cuesta dejarle aga­rrarte el pes­cuezo. Cuesta dis­po­nerse a ello durante la pre­sen­ta­ción del drama que hos­tiga el viaje a la feli­ci­dad de unos Romeo y Julieta par­ti­cu­la­res. Pero llega un ins­tante, con el mar como fondo, en el que per­so­na­jes y espec­ta­dor hin­chan al uní­sono los pul­mo­nes y se libe­ran. A par­tir de ahí, te arras­tra a una de las viven­cias más áspe­ras de la tem­po­rada, derre­tida en una tem­planza y natu­ra­li­dad pas­mo­sas. Migue Muñoz

05 Shame Steve McQueenMichael Fass­ben­der merece ser recor­dado en 2012 por su papel en Shame: exhi­bi­ción sis­te­má­tica de la debi­li­dad humana ante su cons­tante recaída en el abismo de la fría des­hu­ma­ni­za­ción. Es curioso que su per­so­naje en la pelí­cula de Steve McQueen luche por no pare­cer humano y repri­mir sus impul­sos laten­tes mien­tras que en Pro­met­heus, de Rid­ley Scott, encar­naba a un robot cuyo obje­tivo último de fabri­ca­ción es el acer­carse lo máximo posi­ble a la emo­ción humana. Shame es casi un tra­tado psi­co­ló­gico en torno a la para­doja sen­ti­men­tal de la con­ver­sión de nues­tros afec­tos natu­ra­les en com­por­ta­mien­tos socia­les de frial­dad suprema. Un sim­ple roce entre des­co­no­ci­dos deviene en cla­var­nos en nues­tra butaca, sufrir hiper­ven­ti­la­ción y ate­mo­ri­zar­nos con el remor­di­miento de que no debe­mos sen­tir ni calor, ni cer­ca­nía, ni vida. Migue Muñoz

04 Holy Motors Léos CaraxEmpe­za­mos el año con The Turin Horse y Take Shel­ter, expe­ri­men­tando ráfa­gas sin­to­má­ti­cas de la cer­ca­nía del apo­ca­lip­sis inte­rior, y lo fina­li­za­mos con Cos­mó­po­lis y Holy Motors mos­trán­do­nos la des­frag­men­ta­ción del indi­vi­duo y la socie­dad, y aña­diendo sub-etiquetas tan den­sas como la trans­for­ma­ción de la road-movie en un con­cepto tan escul­tu­ral como el cine-limusina, o el com­bate entre bes­tia­rio, máquina y hom­bre. El Conejo Blanco de Ali­cia en el país de las mara­vi­llas muta en Limu­sina Blanca, y Léos Carax en el Lewis Carroll cine­ma­to­grá­fico del Fin del Mundo. El quinto lar­go­me­traje en treinta años del direc­tor de Los aman­tes de Pont Neuf es una meta­fic­ción impo­si­ble de apla­car y deli­mi­tar, así como una obra maes­tra tan vasta en sus diver­sas modu­la­cio­nes en torno al pla­cer de la obser­va­ción, que su frag­men­ta­ción de iden­ti­da­des se sola­pan, se enfren­tan y ter­mi­nan haciendo crash de forma tan alu­ci­nante como poco com­pla­ciente con el espec­ta­dor. Migue Muñoz

03 Los des­cen­dien­tes Ale­xan­der PayneEn medio de tanta estruc­tura narra­tiva com­pleja, una his­to­ria de amor, fami­lia, desen­gaño y muerte tan sen­ci­lla como Los des­cen­dien­tes se cuela en la cima del vol­cán y se salva de la quema de los melo­dra­mas que bai­lan en la sen­si­bi­li­dad más pro­gra­mada para ganar men­cio­nes y galar­do­nes. El quinto lar­go­me­traje, y espe­ra­dí­simo regreso tras siete años de silen­cio, de Ale­xan­der Payne no triunfó en los Oscars, pero tiene un logro supremo en su haber: alcan­zar el retrato de lo impo­si­ble de retra­tar, de lo que no se puede hablar, de lo que se esconde, del arre­pen­ti­miento, del remor­di­miento por no haber amado a tiempo… Matt King (George Cloo­ney) es algo así como uno de los muchos peque­ños esla­bo­nes huma­nos que hacen falta para que nues­tro pla­neta y nues­tra extinta socie­dad del bie­nes­tar no se vaya defi­ni­ti­va­mente al garete. Y la pelí­cula de Payne, hoy una joya con alma pro­pia, mañana todo un clá­sico uni­ver­sal. Migue Muñoz

02 Moon­rise King­dom Wes Ander­sonWes Ander­son siem­pre se ha carac­te­ri­zado por rea­li­zar un cine tan per­so­nal como irre­gu­lar. Si The Royal Tenem­baums se con­si­de­raba hasta ahora su cima crea­tiva –sin menos­pre­ciar obras de arte como Fan­tas­tic Mr. Fox-, este año el direc­tor deci­dió cam­biar su des­tino y superar la que hasta ahora era su obra maes­tra con una joya de orfe­bre­ría ciné­fila. Moon­rise King­dom es un pas­tel pop de colo­sa­les dimen­sio­nes, tan dis­fru­ta­ble como entra­ña­ble y colo­rista. Con un guión tan sen­ci­llo como hila­rante inter­pre­tado por un reparto coral lleno de gran­des estre­llas: adul­tos que se com­por­tan como críos, niños rebo­san­tes de inusi­tada madu­rez. Un con­junto de pla­nos y secuen­cias memo­ra­bles y el extra­or­di­na­rio poder del amor, en defi­ni­tiva, como la razón final de la exis­ten­cia. Un fes­tín enter­ne­ce­dor digno de los pala­da­res más exi­gen­tes. Zuri Negrín

01 Take Shel­ter Jeff NicholsLas fuer­zas del mal y la des­truc­ción per­vi­ven y pue­den invo­carse. Una vez desata­dos, el mundo cono­cerá su apo­ca­lip­sis, pero no hace falta que nos sea reve­lado el secreto del Necro­no­mi­cón para que sin­ta­mos el abismo vacío sobre noso­tros. El apo­ca­lip­sis inte­rior, indi­vi­dual y colec­tivo puede desatarse en cual­quier ins­tante. 2012 comenzó plas­mando el para­noico estre­me­ci­miento por el miedo a ese des­mo­ro­na­miento a tra­vés de la inter­pre­ta­ción de uno de los acto­res que mejor sos­tie­nen la con­cien­cia de lo tor­tu­rado. Jeff Nichols, en su segundo lar­go­me­traje, tiene en Michael Shan­non la ocu­la­ri­za­ción y foca­li­za­ción idó­neas para que su relato tan cer­cano a la fic­ción de Step­hen King o Cor­mac McCarthy, como a la de Richard Yates o James Agee nos haga con­tem­plar el hori­zonte como si aque­llos cie­los fil­ma­dos de James Ben­ning muta­sen en ros­tros veni­dos desde el mismo infierno. Las inci­pien­tes visio­nes de la gran tor­menta son uti­li­za­das como incur­sión auto­ral y dis­tante de lo común den­tro del cine de género (¿terror? ¿drama?), así como de forma acer­tada den­tro de un relato de amplio arco argu­men­tal en el que tie­nen cabida esas mani­fes­ta­cio­nes en torno a la des­con­fianza gene­ra­li­zada hacia nues­tro inquie­tante pre­sente y desola­dor futuro. Magis­tral sín­te­sis de lo que latió a inicios de año y per­dura en su final: un periodo albo­ro­tado, agi­tado, inquie­tante. Migue Muñoz

2 Comentarios

  1. Natalia dice:

    ¡Qué arries­gado poner Take Shel­ter la pri­mera! Me gustó un mon­tón.
    Pero Los des­cen­dien­tes no me gustó nada… Me la pusie­ron en el AVE y antes de bajar ya le había metido un 3 en Fil­maf­fi­nity :S

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