El pasado 29 de junio salió a la venta Un bebé, la última novela de Rafael Fernández (1974, Canarias, España). Ese día, además, Rafael empezó con los envíos a sus lectores-mecenas, esos que ya la habían comprado en preventa meses antes. Hace un año que creó su propia editorial y a través de ella evita la censura: él mismo se autoedita y vende sus libros.
Un bebé cuenta la historia de amor de Rafael y Mayte —los padres del autor—, un amor destruido por el machismo y las infidelidades que desemboca en una reencarnación, todo, transformado por la mente perversa del escritor: ¿Cómo sería volver a nacer sin olvidar nuestra vida pasada, nuestros sueños, nuestros miedos, nuestras cuentas pendientes?
Este es un cuento de fantasía, terror y sexo que combina prosa y cómics (genialmente dibujados por Rocío Galindo, Mónica y Yeray Fuentes) con el que es fácil sentir que estás frente a una pantalla de cine. El autor fabrica un universo alternativo en el que los hechos reales y los ficticios se entremezclan de tal modo que da la sensación de que las cosas terminan sucediendo como a él le habría gustado.
Las páginas están pobladas de seres mágicos, superhéroes y villanos, violadores, asesinos e incluso una versión antropomórfica del Dios de los católicos, cascarrabias e imperfecto. Destacan las apariciones de personajes secundarios como Jorge Luis Borges —y su fascinante aleph— o Ronald Reagan (interpretándose a sí mismo). La lectura es tan absorbente que cuando giras la cabeza y miras a otro lado tienes la sensación de que has vuelto al mundo, como si te hubieras convertido en Bastian Baltasar Bux mientras leías y el libro hubiera decidido vomitarte.
El estilo de Rafael Fernández deja constancia del tiempo en el que ha vivido y se aleja de los clichés literarios propios de otras épocas. Por encima de todo, no importa que lo que cuenta no te interese: importa que no puedes dejar de leer. Tras la primera capa de felaciones violentas, canibalismo y semen se esconden también los sueños y las inquietudes de un hombre.
Se percibe que Un bebé fue escrito con pasión y rabia, como si la sangre que cubre los cuchillos asesinos que aparecen en la historia fuese en realidad la del propio autor y llegase hasta allí a través de su teclado: con los dedos ardiendo y manchados de rojo, para desarrollar su venganza a través de la inmortalidad de un libro. Es una exhibición de letras rebosantes de imaginación, de creatividad pura y desprovista de maquillaje limitador e inflexible.
Cuando Rafa escribe, sufre, pero es un sufrimiento maravilloso, un sufrimiento que te pone de su parte, a su lado, para sufrir y disfrutar con él, para desear darle las gracias por las emociones, por la indignación y la ternura: por haber pasado un buen rato. Este es uno de esos libros cuya relectura es justificable, no porque haya que hacer un esfuerzo extra para entenderlo, sino por pura diversión: por entretenimiento.
La novela resulta tan cinematográfica que al final uno desea que salgan los créditos y el cartel de CONTINUARÁ. A mí se me ocurre que podría estar bien terminar esto con un cuadro de datos: año, duración, reparto, fotografía, género… Sí, tal vez, no sería mala idea. Me pido la banda sonora.











Lo has clavado! El guantazo emocional que te pega este libro es impresionante. Totalmente de acuerdo con cada una de tus palabras. Saludos.
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