En 2008, unos otrora desconocidos Glen Hansard y Markéta Irglová recogían un Oscar por su canción Falling Slowly, de la exitosa Once, película de 2006 en la que ambos se interpretaban a sí mismos en un falso documental en el que se narraba cómo la música y el arte pueden derivar en la más honesta historia de amor. Grabada con cámaras digitales, y con muy bajo presupuesto, la película fue un éxito inesperado, y ese éxito se trasladó recientemente a los escenarios de Broadway con un musical que acaba de arrasar en los Premios Tony. El argumento de la película original traspasó además la ficción y el compositor irlandés comenzó una relación personal, y profesional bajo el nombre de The Swell Season, con la joven checa que apenas superaba los veinte años.
El destino, y la petición de tres directores, hizo que la vida de los músicos fuera grabada durante tres años. Sin límites. Sin censura. Tres años que ahora se estrenan en forma de documental, The Swell Season, esta vez sí, completamente real. El relato, grabado en un exquisito blanco y negro que sobrecoge, se convierte en el amargo espejo del éxito, de la felicidad inicial ante los sueños cumplidos y de cómo ese éxito puede terminar convirtiéndose en una pesadilla que desemboca en el más desagradable desasosiego. La desorientación, el agotamiento y la pérdida de la noción de la realidad que se viven cuando no hay hogar. Cuando el éxito que supuso el primer espejismo de felicidad se convierte también en el aliento para la destrucción personal.
El documental nos hace así testigos de excepción del deterioro de una relación en la que cualquiera que haya tenido conflictos de pareja se podrá reconocer. Porque a veces los sueños no son los mismos para todos, como afirma Markéta en una de las escenas más desalentadoras del metraje. Sobrepasada por la fama y agotada por la interminable gira mundial que les llevó a dar cientos de conciertos por toda la geografía mundial, mira a Glen y le reprocha que triunfar en la música era su sueño, pero no el de ella. Acto seguido él sale a saludar, con enfermiza meticulosidad, a los fans que esperaban tras el concierto mientras su pareja se queda dentro, enrabietada y completamente superada por la situación.
Es solo una de las imágenes que se van sucediendo hasta un clímax en en el que, tras muchas discusiones y momentos de tensión, comprobamos la distancia que se ha creado entre ambos mientras discuten en una cafetería de algún lejano país en una de las conversaciones más amargas jamás reflejadas en la gran pantalla, haciéndonos partícipes de cómo puede cambiar todo en instantes, en la sensación de soledad que produce la fama y en lo poco preparado que está cualquier ser humano para enfrentarse a un éxito creciente de la noche a la mañana. Y todo contado con una plasticidad que intenta evitar el realismo, al contrario de lo que veíamos la película Once donde la ficción se pintaba de realidad.
Vivimos así los primeros momentos del amor más real y visceral, las sensaciones en el autobús de la gira, los momentos de tensión previos a un concierto, la humildad de la procedencia familiar de los artistas y las desiguales reacciones ante los seguidores, la euforia que se convierte en lamentación en apenas días o minutos. La asfixiante presión. La necesidad de estar siempre a la altura. El doloso momento en el que elegir entre el éxito y la fama o una relación. Y ese momento para recordar canciones que, una vez consumada la separación, suenan a premonición.
The Swell Season funciona no sólo como testimonio del tiempo que pasó desde el triunfo mundial hasta la disolución del dúo, sino que además funciona incluso como una especie de secuela de la película en la que se dieron a conocer, como un desolador desenlace para lo que parecía un cuento de hadas y que se convierte no solo en uno de los mejores documentales musicales del cine reciente sino uno de los relatos más certeros, honestos y, por tanto, desoladores sobre el precio de la fama que se han podido ver en los últimos años en la gran pantalla.












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Muchas gracias por la crítica tan completa que realizais sobre el documental de Glen Hansard.
¿podrias indicarme donde se puede ver dicho documental en Bizkaia, en concreto en Bilbao?
Gracias anticipadas, Begoña
Estremecedora y sensible bofetada de realidad…Así lo vi yo…http://carmensocias.wordpress.com/2012/08/17/cuanto-dura-el-amor/