A pesar de que ya está bastante avanzado el 2012, no está de más rescatar una pequeña joya que fue estrenada a finales del año pasado: The Slap, que nos cuenta la historia de ocho personajes que asisten a la barbacoa que organiza uno de ellos, Hector (Jonathan LaPaglia, Burn Notice), para celebrar su cuarenta cumpleaños. En casa del anfitrión se reúnen varios amigos, familiares y los hijos de éstos, y lo que aparentemente parece una fiesta más acaba en un completo desastre cuando Harry (Alex Dimitriades, Underbelly), el primo del homenajeado, le da una bofetada a Hugo, un niño de cuatro años que no es hijo suyo. Los padres de Hugo deciden presentar cargos contra Harry y cada uno de los presentes en la barbacoa se verá obligado a tomar partido y apoyar a quien considere conveniente.
Éste es el punto de partida de esta miniserie australiana, basada en el best-seller homónimo escrito por Christos Tsiolkas. Como ya ocurría en el libro, la versión televisiva de The Slap centra cada capítulo en uno de los implicados en el incidente, para presentarle al espectador los puntos de vista de cada personaje a medida que se desarrolla la trama.
Pero lo mejor, por supuesto, es lo que hay detrás de la historia de la bofetada. The Slap utiliza esa anécdota para hacer una reflexión sobre la educación de los niños, la vida en pareja, la crisis de la mediana edad… pero, sobre todo, nos habla de los vínculos familiares y las relaciones de amistad. Así, a través de las vivencias de cada uno de los personajes, nos toca preguntarnos quiénes son verdaderamente nuestros amigos y por qué siguen siéndolo a pesar del paso del tiempo. ¿Están a nuestro lado (o nosotros al suyo) porque existe una buena relación, satisfactoria para ambas partes, o porque es más cómodo que salir a buscar a alguien diferente que realmente nos comprenda y nos haga sentir queridos?

Por otro lado, si alguien que haya leído el libro siente reparos a la hora de enfrentarse a su adaptación a la pequeña pantalla, hay que decir que no hay nada que temer. A pesar de que algunos detalles se han variado (lógico, teniendo en cuenta que estamos hablando de medios de comunicación diferentes), la mayor parte de la historia se ha mantenido exactamente igual a la narrada por Tsiolkas y los pequeños cambios que nos ofrece la serie (una voz en off –necesaria, sin duda– que nos pone en situación al principio de cada capítulo, algún que otro suceso que se ha aligerado para acelerar la acción…) no hacen sino mostrar con gran acierto todo lo que el escritor nos quería contar.










