Perseguir la felicidad es el objetivo común y básico de toda la humanidad. Algunos la pretenden encontrar a través de la superación personal o laboral, otros mediante el amor, la amistad, el sexo o escapando de la soledad. La protagonista de Siempre Feliz, interpretada con brillantez por Agnes Kittelsen, ha tenido una infancia terrible y una vida durísimas, pero no se rinde en su búsqueda de crear un hogar perfecto, la forma en que cree que alcanzará la plena felicidad.
Ciertamente, parece estar lejos de conseguirlo. Hasta su propio hijo se burla de ella y su marido es distante, brusco y lleva un año sin tocarla en la cama haciéndole sentirse poco deseada. Aún así, nuestra heroína no se rinde. Siempre tiene una sonrisa y esconde su frustración en su extravagante personalidad y en una extroversión que guarda en realidad toneladas de inseguridad. Sin embargo, no cesa en su empeño, hasta que llegan unos nuevos vecinos, una pareja en apariencia perfecta, que le hacen darse cuenta de todo lo que separa su frágil relación de lo que realmente había soñado.
Si esta sinopsis sobre la película no ha servido para reflejar la amargura que presenta esta atípica comedia noruega, cargada de humor inteligente y negro combinados con una atmósfera de buenrollismo, pese a la crueldad manifiesta en el sufrimiento de todos y cada uno de sus personajes, sólo resta decir que esta película, a pesar de tener la capacidad de dejarte aliviado cuando termina, provoca que sufras, que empatices con el dolor de su protagonista, principalmente, y en parte con el que padecen el resto de los personajes.

Esta habilidad para remover el interior de sus espectadores, recrear su angustia y sus ansias por ser felices cada cual a su manera, mientras se mueve con inteligencia entre el drama y la comedia, han sido claves para que Siempre Feliz, el debut de Anne Sewitsky, haya ganado el premio a la Mejor Película en el pasado Festival de Sundance y también en el Festival de Cine Europeo de Sevilla.
Desde luego la amabilidad de su envoltorio, en contraste con la crudeza de lo que está relatando, es su mayor virtud, unida a un guión notable y la interpretación de las dos parejas que siempre funciona, aunque su mejor valuarte es ese delicioso personaje protagonista interpretado por Agnes Kittelsen, una gozada. Mención especial aparte para la historia de amistad entre los niños que tiene un mensaje claro, directo y puntero. Altamente recomendable.










