La trayectoria literaria de Miguel Sánchez-Ostiz (Pamplona, 1950) es fruto de lo que él mismo retrata y reivindica, en parte, en esta obra ‘Idas y venidas’: nos encontramos ante un escritor espléndido y que por razones extraliterarias se ha visto avocado a un exilio impuesto y, en cierta manera, escogido. Porque Miguel no se anda con chiquitas. Es un escritor de casta, puro, hondo, de los que rasgan y gruñen a través de una literatura en la que no hay concesiones.
Miguel es un escritor de senderos, de hojas esparcidas, del recuerdo, del paso de la memoria, de la raíz, del tallo, de los recovecos, de lo dicho y de lo silenciado, de los olvidados, de los desterrados, de los libros autobiográficos, de los testimonios de tiempos convulsos donde el cerrazón, el crucifijo sobre la cama, la niebla espesa y la visión reduccionista y aldeana han acotado la amplitud de miras y la vida de muchas personas. En movimiento constante. Una arqueología de genealogías donde estalla lo superfluo a favor de la esencia y la verdad del escritor.
En el dietario ‘Idas y venidas’ nos encontramos ante un escritor que no se calla ante nada ni nadie. Que no se posiciona donde destella el brillo ni la purpurina. La narrativa de Miguel es memoria, es dignidad, es la voz del escritor que como pocos zarandea a diestro y siniestro la superficialidad y el partidismo, y destierra del olvido o del abandono cultural o memorístico a escritores o creadores que fueron ocultados por razones extraliterarias y artísticas (en ocasiones por ser molestos para las altas esferas, o por no adscrdibirse a ninguna línea ni posicionamiento férreo).
Su literatura se encuentra donde la frontera, la única frontera, es la literatura. La creación sin ninguna contención. Letras, símbolos, el recuerdo que vuela tan alto que sobrepasa cualquier nimiedad, y pasatiempo superfluo carente de ánima. En este libro hay esencia. El alma del escritor viajero. Dublin, Belfast, Pamplona, Bayona, Madrid, Bucarest, y el valle de Baztan, donde el autor reside desde hace unos cuantos años. Miguel Sánchez-Ostiz escribe su verdad. Con puño y letra. “Y las palabras huyen, se echan a volar cuando las necesitas y no vuelven, se pierden. No sabes si es para siempre. Otra certeza. Otra más”.
El libro atravesará citas, obras y el recuerdo, entre otros, de James Joyce, Pablo Antoñana, Yinka Sonibare, Y. B. Yeats, Mikel Laboa, Julio Caro Baroja, Joseph O´Connor, Francis Bacon, Jorge Oteiza, James Larkin, Seamus Heaney, Patrick Kavanagh, Miguel de Unamuno, Javier Ciga, Thomas Bernhard, Patrick Modiano, Ryszard Kapuscinski, o Jimeno Jurío. Idas y venidas en los paseos por bosques frondosos. Por el tiempo que es silenciado y se hace literatura en las manos de Miguel. Libre y firme. Incisivo. “Eres libre de escribir lo que te venga en gana, pero eso nunca es gratis”.
Si quieres leer literatura sin envoltorios este libro saciará tus expectativas. Encontrarás viajes externos e internos, una multitud de citas y recuerdos de narradores, filósofos, poetas y personas anónimas de las que recoge la frescura de las expresiones y las creencias rurales, norteñas, vascas. Nos encontramos ante los pasos del escritor que atraviesa los bosques frondosos de la memoria homenajeando a los muertos, a los olvidados, a los perdedores, a los refugiados a cada paso de frase que da, poniendo en tela de juicio constante a las directrices y ensañamientos de la derecha más rancia, como de cualquier fundamentalismo. “Hay que volver sobre los propios pasos, dejar la espesura y la oscuridad, y desandar lo andado: el frío de una hoguera lejana en el atardecer de invierno”.
La literatura como respuesta hacia esas noticias y sucesos que nos zarandean. Miguel Sánchez-Ostiz se confirma como un narrador elegante, humorístico y corrosivo. Reflexiones, historias de viajes y vivencias recogidas entre el 2009 y 2010. Ya estamos a la espera de nuevas entregas. De ese día a día. De esa mirada aforística. De esa escritura que ofrece una visión diferente y necesaria alejada de tanta obra literaria edulcorada, caduca y vacía.










