La cosecha de este 2012 viene fundamentalmente alimentada por todas las promesas del año pasado (por citar a algunos: Grimes, Chromatics o Death Grips) y, si bien algunos han demostrado con creces que lo suyo no era fruto de un día, la artista que nos ocupa, la norteamericana afincada en Brooklyn Laurel Halo, decepciona con un disco de debut en el que desdibuja los rasgos que tanto nos sedujeron con su EP ‘Hour Logic’ (Hippos In Tanks, 2011), añadiendo elementos a su discurso que no hacen más que confundirnos y que resultan reiterativos y maniqueos.
Si en ‘Hour Logic’ nos encontrábamos con un tratado de techno relajado, de house marciano y planeador en el que todo se insinuaba y nada se decía, en el que apenas podíamos escuchar la voz de la artista en ningún momento, aunque se hacía fácil escuchar lo que nos quería contar con esas canciones cálidas y reposadas, pero que conseguían arrastrarnos al centro del remolino. En ‘Quarantine’ (Hyperdub, 2012), inexplicablemente, la artista decide meterse en el fango hasta las rodillas con una decisión del todo cuestionable: situar su voz por encima de su música. No nos engañemos, no es buena cantando y, para colmo de males, lo mejor de sus canciones, que solía ser su música instrumental sustentada por infinitos loops y arreglos electrónicos de lo más creativos, queda supeditado a su estridente voz.
Para colmo de males, la artista se lanza a meter arreglos tribales à la Gang Gang Dance por aquí y por allá con unos resultados igual de irritantes que en el mencionado grupo. Y es una pena decir esto de ella porque el álbum también tiene buenos momentos en los que recordamos por qué la artista captó nuestra atención de esa manera hace poco más de un año. La instrumental Carcass alcanza las mismas cotas de emoción e interés que el material anterior, Thaw es una especie de torch song electrónica en que todo encaja y se resuelve de manera emocionante y atrevida mientras que Light + Space resulta ser un poema haiku en que Halo sabe explotar las bondades de músicas otrora denostadas como el chill-out o los cánticos de sirena estilo Enya.
Probablemente ‘Quarantine’ no es tan mediocre como nos pueda parecer en las primeras escuchas, pero queda claro que la expectación creada ha jugado en su contra y los que nos esperábamos otro torrente de techno imaginativo y caótico nos hemos encontrado con un mejunje de influencias que en el mejor de los casos consiguen arrancarnos una mueca de sorpresa, pero que en el peor componen un disco deslavazado, descompensado y que a ratos se hace insufrible.










