Gerbrand Bakker, escritor holandés de 50 años, acaba de hacerse con el Premio Llibreter 2012 gracias a su novela “Todo está tranquilo arriba”, publicada en España por Rayo Verde ediciones y ganadora en el 2010 del premio Impac. Bakker, además de escritor, es jardinero y profesor de skating en invierno. Hablamos con él acerca de esta última novela.
En tus novelas sueles presentar personajes atrapados en un medio hostil que deciden huir al campo y llevar una vida tranquila.
El mundo moderno está hecho de gente que se comunica a todas horas. Mis personajes son lo que podríamos llamar outsiders del mundo contemporáneo; son gente que está siempre buscando algo porque están solos. Son extraños.
Tus personajes viven o se trasladan al campo y allí se reencuentran consigo mismos. Teniendo en cuenta esa constante en tus libros y que vives en una ciudad, ¿son tus novelas una forma de escapismo de esa misma realidad que analizas en ellas? ¿Te sientes autorizado a hablar de una realidad que no es la tuya?
Sí. Creo que sí. Comparto con ellos cierta ansiedad social, un sentimiento muy propio de la vida urbana: la fobia a las masas. Parece no haber escapatoria. Todos los sitios están llenos. Vivo en Amsterdam y justamente porque vivo en una gran ciudad puedo escribir sobre la gente que vive fuera de ella. Creo que como escritor uno siempre debe situarse fuera de lo que pretende narrar, no puedes estar en medio porque sino no puedes ser objetivo. Es cuando eres algo que puedes llegar a saber que podría no ser lo que eres.
¿Cómo y por qué razón escribiste tu primera novela?
La escritura de mi primera novela vino de una necesidad visceral de entenderme a mi mismo como individuo, como persona en el mundo. La historia era inventada pero, aún así, había mucho de mí en la mayoría de los personajes así que, en cierto modo, era una suerte de biografía encubierta o de terapia, si prefieres. Mientras la estaba escribiendo, y sobre todo en el inicio, sentía rabia y frustración. Tenía la historia y pensaba en ella, la desarrollaba, la trabajaba, hasta que un tiempo después, me di cuenta de que eso que había surgido como una simple narración, o necesidad biológica, era un intento de explicarme a mí mismo.
¿Qué significa actualmente para ti escribir?
Ahora mismo una forma de vida. Me lo paso bien. Ahora estoy aquí en Barcelona, donde me han dado un premio por una novela que escribí y donde me lo pagan todo. Teniendo en cuenta que hay gente ahora mismo que está en sus respectivas oficinas, en las que llevan desde las ocho de la mañana, lo mío es una suerte. Por otro lado, escribir es una necesidad, no escribo para discutir o para poner en debate ciertos temas, es simplemente algo que necesito hacer en un momento determinado; no lo puedo ni dominar ni prever. Actualmente llevo, llevaba hasta hace poco, dos años sin escribir nada; se podría decir que no sentía esa necesidad, de hecho hasta me preocupó pensar que tal vez no la volviese a sentir más. Afortunadamente me han venido a la cabeza algunas imágenes interesantes sobre las que quiero trabajar.
¿Cual es tu percepción dos años después de haber escrito esta novela que se publica ahora en España? ¿Te sigues reconociendo en ella?
Siempre que se empieza una novela se empieza de cero. Creo, sin embargo, que he madurado, que he crecido como escritor. Creo que ahora entiendo más la razón por la que escribo y por ello lo hago de una forma más orgánica. Soy alguien que no está necesariamente interesado en saber muchas cosas, alguien a quién le interesa volver cada vez al inicio, al punto de partida. Esa es la única manera de hacer cosas buenas. Me gusta más mi última novela que la primera porque hay en ésta una mayor libertad del lector a la hora de interpretar lo que estoy narrando en la historia. Cuando digo que no me interesa especialmente saber muchas cosas, lo digo por supuesto como escritor, por ejemplo; una gran parte de la gente que leyó esta novela me preguntaban acerca de la enfermedad de uno de los personajes, una enfermedad que a mi no me interesaba para nada como fenómeno médico, pero sí como fenómeno psicológico. Me interesaba la huella de la enfermedad en la psique del personaje. En ese sentido no soy para nada un escritor de estilo realista decimonónico a quién interese plasmar la realidad exactamente tal como es. Definir esa enfermedad de la manera más veraz posible, circunscribirla clínicamente, hablar con pacientes, tomar notas, etcétera. La enfermedad es en este caso una excusa para hablar de la mente humana que es lo que verdaderamente me interesa.
¿Cómo te ha cambiado la vida desde que eres escritor?
Es maravilloso ser un escritor internacional. La literatura en mi país la forman un círculo muy reducido de escritores, críticos, periodistas e instituciones, por lo que los libros que uno escribe son difícilmente separados del tipo de persona que se es, de lo que se hace en la vida privada o de los amigos que se tiene. Afortunadamente lo que dicen de uno fuera de su país tiene poco que ver con esto y más con los libros que uno produce, por lo que siempre es una visión más objetiva y próxima a la realidad, a lo literario. No hay tantos prejuicios. Me siento distinto de otros escritores; en temas de promoción por ejemplo. Yo estoy en las redes sociales pero no hago promoción de mis libros, a diferencia de otros autores que bombardean constantemente desde sus cuentas a todo el mundo. Todo el mundo se promociona y llega un punto en el que deja de tenir sentido incluso utilizar el término “promoción”, ya que se convierte en una norma, en un ejercicio colectivo que imposibilita cualquier distinción entre unos y otros.
¿Se ha invertido la relación entre el autor y su obra, pasando a ser esta última una excusa para proyectar un determinado modelo de figura mediática hacia el público?
Totalmente. Está lleno de gente que solo quiere hacer ruido pero que en realidad no está proponiendo nada interesante. El libro es una excusa para exhibirse luego por todas partes y creer formar parte de algo que poco tiene que ver con la literatura.
Hay quién ha dicho de ti que eres el Vermeer del siglo XXI. Dejando a un lado el sensacionalismo tan periodístico de la comparación, hay algo interesante en ella. ¿Qué te parece?
Me parece que es un bonito cumplido. Y puedo entender también la comparación, puesto que en mis obras trato de trabajar sobre todo en la creación de determinadas atmósferas más que en la de personajes, algo que también se puede encontrar en el mundo estático de Vermeer. Tiene que ver sobre todo con esa particular emoción que surge al contemplar lo estático, lo que intento recrear en mis novelas.
¿De qué trata eso que estás escribiendo?
Trata sobre una piscina y un suceso terrible.
¿No más vacas?
No.












¿No más vacas?
Pregunta collonuda!