Tras su paso, el pasado año, por el festival de Cannes, donde ganó el premio especial del jurado en la sección Una cierta mirada, y tras figurar en la sección oficial del festival de cine europeo de Sevilla, donde se premió la estupenda interpretación de su actriz protagonista, Nadezhda Markina, Elena llega a la cartelera española.
Fría, como el país de origen de la cinta, Rusia, Elena comienza narrando con imágenes el despertar en la casa en que conviven Elena y Vladimir sumergiéndonos, sin que apenas nos percatemos, en su modo de vida y en su espacio vital. Elena es una enfermera retirada, de clase baja, que convive con un adinerado marido al que atendió diez años atrás y al que cuida y atiende como si fuese su criada.
Vladimir tiene una hija de su anterior matrimonio que sólo se interesa por el dinero de su padre, considerando que éste nunca se preocupó en otros términos por ella. Por su parte, Elena tiene un hijo casado y dos nietos que viven hacinados en pésimas condiciones y sobreviven con la ayuda económica de Vladimir, que no parece muy dispuesto a seguir sosteniéndoles dado que el hijo de Elena es un parásito que no se preocupa por buscar trabajo y mantener a su familia, sino que se aprovecha de la situación de su madre. Elena se ve enfrentada a la necesidad de ayudar a su hijo y sus nietos, sin el apoyo de su opulento marido, con quien mantiene una relación que solo parece basada en la necesidad mutua.
La película puede parecer simple en primera instancia, pero su retrato de la Rusia contemporánea, el dibujo de la personalidad de sus distintos personajes y sus particulares miserias económicas y morales, y la francamente auténtica interpretación de sus actores, con especial hincapié en su personaje protagonista, convierten esta cinta en un instrumento de reflexión y, en definitiva, en una de esas escasas películas que gana enteros con el transcurso del tiempo una vez que ha sido visionada.
A pesar de la frialdad con que cuenta su terrible historia, no parece haber mejor forma para evitar juicios sobre sus personajes y dejar que sea el espectador el que decida lo que piensa acerca de cada uno de ellos y los actos que llevan a cabo. El director se limita a jugar con imágenes metafóricas, casi poéticas y dejar que nosotros tengamos el poder de opinar.
Es por esto y por la crudeza de la historia que relata, que Elena merece más atención de la que seguramente tendrá en su paso por nuestra cartelera. Se trata de cine del que surge debate y cuando encontramos cintas con dicha característica es de agradecer.












Recomiendo encarecidamente la película ‘El Regreso’, del mismo director. Tan espeluznante y fría como hipnótica.