Existe un momento en esta cinta en que uno de los personajes reflexiona sobre lo poco preparados que estamos para hacernos mayores. Ciertamente, si la humanidad de antaño pudiese observar por un momento nuestra actual forma de vida creería que no nos espera lo mismo que al resto de seres vivos, el envejecimiento y deterioro de nuestras facultades fisicas y psiquicas y finalmente la muerte, en caso de que ésta no llegue antes de hora. Vivimos como si no hubiese un mañana, sin preocuparnos ni mucho menos prepararnos para afrontar algo inevitable y consustancial a nuestra presencia en el mundo: el paso del tiempo.
Stéphane Robelin dirige su segundo largometraje tras, la inédita en nuestro país, Real Movie y para la ocasión ha decidido reunir un grupo de actores con solera entre los que sorprende la inclusión de una maravillosa Jane Fonde a la que habíamos perdido la pista en los últimos años y que reaparece en una cinta francesa, lo que puede descolocar más todavía a pesar de que no es la primera vez que la vemos en una película de origen galo.
Completan el reparto tres actores franceses de tan alto nivel como Guy Bedos, Claude Rich y Pierre Richard y la siempre extraordinaria Geraldine Chaplin junto al más joven Daniel Brühl que tiene para sí el personaje más absurdo de la película pero guarda aún así un par de momentos de cierto interés.
Con semejante elenco y un punto de partida tan interesante como la decisión de un grupo de amigos de la tercera edad de unirse bajo un mismo techo para ayudarse los unos a los otros y evitar que ninguno de sus integrantes termine sus días en una residencia, todo parece indicar que nos encontramos ante una de las películas clave de la temporada, pero en realidad algunos detalles impiden que la cinta brille todo lo que debería y pese a sus aciertos termine por funcionar solamente a medio gas.
El principal handicap de la película radica en su forzada pretensión de ser una cinta amable. ¿Y si vivimos todos juntos? funciona como una elegante comedia pero cuando se trata de contarnos el particular drama de cada uno de los personajes procura edulcorarlo en exceso, perdiendo mucha fuerza y sobre todo, la posibilidad de ofrecer una película que hiciese reflexionar a sus espectadores.
A esto debemos añadirle la enrevesada subtrama oculta sobre el pasado de varios personajes que únicamente distrae y hace perder la credibilidad que merecería el conjunto de la película.
Estas circunstancias no son óbice, sin embargo, para valorar las cualidades del film entre las que destaca la portentosa interpretación de sus actores y la interesante construcción de sus personajes y sus respectivos problemas.











Poderosa y atrayente metáfora en tiempos de incertidumbre y de los nuevos retos de la neurociencia en la búsqueda de una edad sin límtes.