Tras varios años de aparente declive, con cintas como Vaya par de polis o ¿Hacemos una porno?, Kevin Smith decide cambiar de registro y ofrecernos una película que navega entre el thriller, el terror y la comedia-friki con un punto sátiro, antes de abandonar definitivamente el cine como anunció que hará tras su siguiente film.
El director se ha basado en la iglesia bautista de Westboro para tratar el fanatismo religioso y cómo una secta puede conseguir que familias pierdan su juicio y crean a pies juntillas en su doctrina aunque eso implique tener que asesinar homosexuales o engañar a tres jóvenes heterosexuales que creyeron en un anuncio-cebo en que se les ofrecía sexo gratuito con una mujer madura, interpretada por Melissa Leo, para llevarles hasta su propio matadero.
Lo que podría haber dado para una película seria, con una importante temática que abordar, se termina difuminando por su humor gamberro, por el giro violento que da en la última parte del metraje y porque finalmente se decanta por mostrarnos que esos personajes realmente creen en esa doctrina, incluso por encima de sus propias vidas, humanizando de algún modo a quienes anteriormente nos muestran como monstruos, especialmente en el caso del predicador, magníficamente interpretado por Michael Parks, galardonado por su papel en el pasado festival de Sitges donde también resultó vencedora a la postre, la propia película.
A pesar de sus limitaciones de presupuesto, Red State cuenta con un reparto más que aceptable en el que también se encuentra John Goodman, que muestra la ineficiencia y tristes métodos de la polícia americana, aprovechando la ocasión para lanzar otra crítica al aire.

Si algo destaca en esta película es el atrevimiento del director a la hora de hacer lo que le apetece en cada secuencia y que provoca que la cinta sea imprevisible en todo momento. Puede ser que naufrague por tratar de abarcar demasiados temas importantes con una ligereza apabullante, pero en lo que cumple con creces es en su función de entretener, asombrar y divertir a un espectador que nunca sabe con lo que va a encontrarse a continuación.
Con una factura más bien escasa, tintes de cine independiente o de culto y un aspecto que rezuma serie B por los cuatro costados, es fácil identificar esta película con la forma de hacer cine de nombres como los hermanos Coen, Robert Rodríguez o incluso Tarantino, quien llegó a reconocer que estaba fascinado por esta cinta. Sin embargo, y a pesar de que es reconocible su característico humor, Kevin Smith logra sorprender con una película que poco o nada tiene que ver con sus anteriores éxitos y en el riesgo también se encuentra el mérito.










