Si quisiéramos hacer un mashup de nuestra farra ideal no sería muy complicado hallar, buceando por la red, un híbrido de imágenes, cortes musicales y videos, como andamio de construcción posterior. Ha llegado un punto en el que el subnivel de comedias sobre juergas, o cómo preparar y disfrutar de un jolgorio bullicioso, ha descubierto toda clase de cachondos puntos climáticos que, al fin y al cabo, es lo que hace realmente memorable a esas historias. Y si no, a ver qué responden aquellos a los que se les cite Desmadre a la americana, Despedida de soltero, o Aquellas juergas universitarias: momentos puntuales de lucidez destacados por encima del resto de la trama.
Sobre ese concepto esencial, dentro de esta subcategoría de comedia gamberra, se asentó Resacón en Las Vegas: elidir esos momentos álgidos de una farra (lo que hace memorable a estos productos) e intentar hacer que el esfuerzo de recordarlos sea todavía más destacado. Eso sí, como premio, instantáneas fijas de la parranda durante los créditos finales: cómo mostrando gráficamente aquello que como espectadores podíamos haber reproducido interiormente. Mismos productores explotan con Project X, no sólo la idea de que aún se puede superar la farra ideal, tremenda y absoluta, sino que también se puede hilar una (no) narrativa en la que predominen esas instantáneas.
Cómo si la juventud acomodada actual no se preocupase tanto por la Primavera Árabe y los Indignados como por la capacidad de popularizar una quedada de botellón, estos Superbad o Inbetweeners imberbes parecen haber superado la anécdota del “burro metido en el ascensor”, e intentan acumular efecto tras efecto para montar un collage audiovisual que, como mucho, puede competir con videos de perreo de medio minuto, de postureo frente al espejo con la espalda encorvada o de balconing en Palma de Mallorca.
Sea como fuere, la sensación de exageración no trae consigo ningún tipo de metáfora interesante, más allá de momentos cogidos al vuelo que crean la duda de si ha sido pura lucidez o pura potra (el caos televisado, caballos desbocados, fuego en la zona residencial…) y, lo que es más denunciable, no se alcanzan ni siquiera cotas mínimas de sonrisa cómplice… No hablemos ya de carcajadas. El poco carisma de sus personajes y el nulo tino cómico hacen que los escasos ochenta minutos no es que se hagan pesados, pero sí que llega uno a resignarse ante la imposibilidad de visionar un instante fulgurante y memorable en esa fiesta pretendidamente esculpida a piedra.
Algo ocurre en sus últimos minutos, cuando esa narrativa labrada sobre el punto de vista de video casero encontrado, acaba sucumbiendo a clichés: encuentro paterno-filial, cara a cara con la chica de tus sueños… Y el corte Intro de The XX suena como fondo enérgico y melancólico en esa vuelta a la realidad high school. Es entonces cuando parece que el producto se ha cerrado como debía y convenientemente. Entonces revivimos esos flashes de instantáneas sincopadas de chupitos de tequila, topless, hedonismo y demás vaciladas y la resaca compartida parece que hasta puede superar su fugacidad.










Me encantó Proyecto X es una película muy entretenida, el tema central es nada visto anteriormente, los personajes tienen sus momentos y sin duda todo el tiempo te mantiene entretenido y riendo.