El San Miguel Primavera Sound estrenó ayer la programación en su recinto estrella, el Parc del Fòrum. En una noche en la que las masas volvieron a celebrar el rock de Wilco y las canciones de Franz Ferdinand y donde triunfaron los regresos de The Afghan Whigs y Refused ante un recinto que llenaron casi 40.000 personas, según datos de la organización.
La jornada de ayer fue una de las más eclécticas que se recuerdan en el festival barcelonés y ya desde primerísima hora esa variedad llegaría de la mano del producto nacional que este año ha aumentado considerablemente su presencia en el cartel. Estrenando la nueva zona de escenarios junto al mar, Pegasvs llenaban el escenario Pitchfork con sus sonidos electrónicos y sintetizadores abruptos que ofrecieron las primeras píldoras de energía al acalorado gentío que se refugiaba bajo la gigantesca placa solar. Al otro lado de esa placa se ubica este año el escenario Vice, donde Doble Pletina sorprendieron con sus canciones meticulosas y de estilo naïf válidas para refrescar la sobremesa y que sirvieron para amansar a niños, viajeros y compañía.
De una rigurosa etiqueta que contrastaba con la indumentaria de sus músicos vestidos de forma más festivalera, Baxter Dury se subió al escenario San Miguel para despachar sus temas de pop pegadizo y radiante. Y aunque hay que reconocer que el calor no invitaba aún a moverse demasiado, fue imposible resistirse ante algunos de los estribillos del británico que sigue basando el potencial de su repertorio en la irresistible voz de Madeleine Hart. No faltaron píldoras eficaces como Claire, Isabel, Trellic o Leak at the Disco, y momentos de guitarreo ya en el tramo final en los que hubo algún que otro problema de sonido, aunque como bien afirmaría el británico, nada en comparación con los problemas reales que tenemos y los que probablemente vendrán, en referencia a la situación de nuestro país.
El primer reencuentro de la tarde lo tuvimos con Archers of Loaf, y fue todo lo que cabía esperar e incluso más. Con un look muy cambiado, su concierto fue de los de soltarse la melena (más o menos como esa hipnótica melena rubia que agitaba sin parar el bajista Matt Gentling) a través de un repertorio de lo más celebrado que volvió locos a los nostálgicos y dejó satisfechos a propios y extraños. Y es que el ondeo de la bandera de los noventa sigue siendo garantía de éxito en un Primavera Sound que mima al máximo a los eternos adolescentes que un día escucharon a grupos como los norteamericanos y que ayer recibieron con euforia la actitud de una banda que justificó sobradamente su regreso en esas dinámicas y eufóricas celebraciones de la ingenuidad juvenil.

The Afghan Whigs (Foto: Dani Cantó / Primavera Sound)
Aunque para regreso justificado, lo que vino después fue una apisonadora que arrasó con los que decidieron huir del torrente de personas que se dirigía masivamente hacia el concierto de Grimes. Porque la reunión de The Afghan Whigs, después de trece años, llegó en una forma que nos dejó boquiabiertos, exhaustos y con los ojos como platos. La fuerza de Greg Dulli, que ha vuelto en estado de gracia, exhaló un torrente de espectacularidad en un repertorio que enlazó sin respiro un repertorio indiscutible plagado de temazos en una ceremonia casi religiosa. Ahí estaba ese fondo de terciopelo rojo exclusivo de las grandes ocasiones para dar cuenta de ello junto a una bola de espejos. Se sucedieron así los momentos de agitar al personal con sus canciones de rabia expresiva y otros tramos más comedidos donde simplemente daban ganas de saltar y volar hacia la luna, que hacía ya su tímida aparición. El generoso setlist incluyó canciones de los cinco álbumes de la banda, y arrancó con un triunfal combinado de Crime Scene, Part One, I’m her slave y Uptown Again, que bastaron para desterrar cualquier atisbo de duda, aunque lo que vendría después, con canciones tan devastadoras como Gentlemen o My Enemy, no se quedaría atrás. Incluso interpretaron esa versión de See and don’t see que han grabado recientemente y que en directo suena igual de abrumadora. No bajó el nivel en ningún momento y algunos nos quedamos con la sensación de que podríamos quedarnos escuchándoles una y otra vez. No fueron grandes. Ni siquiera enormes. Fueron, sencillamente, estratosféricos.

Mazzy Star (Foto: Dani Cantó / Primavera Sound)
Y claro, pasar de esa energía a la languidez y mesura de Mazzy Star solo podía llevar a cierta sensación de hastío. Y es que Hope Sandoval sigue teniendo esa voz sensual y carismática insertada en un personaje excéntrico. Y la Hope que cantó ayer junto a Mazzy Star poco se diferenció de la misma actitud que nos aburrió tanto en su anterior paso por el festival junto a The Warm Inventions. Su concierto, después de tantos años sin tocar juntos y lejos de llegar a la esperada conexión con los presentes, fue una interrupción de la adrenalina que al menos sirvió para recuperar fuerzas desde el graderío. Más interesante fue recuperar en directo a Death Cab for Cutie, cuyo tramo final fue uno de esos festines de guitarras infinitas superpuestas en capas melódicas que justificaban sin fisuras el directo de una banda que sigue activa, aunque a veces nos olvidemos de ellos, y que no ha perdido ni un ápice de su sonido característico.

Death Cab For Cutie (Foto: Eric Pàmies / Primavera Sound)
En la hora punta del festival, y mientras Wilco volvían a ofrecer una de esas noches de rock sin fisuras a la que nos tienen acostumbrados, muchos, muchísimos, más de los que el propio Zach Condon podría esperar como bien reflejaba su cara de sorpresa y como expresó encantado de la vida y muy agradecido en varios momentos de su concierto, decidieron dar una oportunidad a Beirut, menos prolíficos por estos lares. Y desde luego sorprende tanta expectación para una banda donde los acordeones y la sección de viento de corte étnico son el principal atractivo, prueba del eclecticismo del festival. Pero si bien el arranque fue indiscutible, con esa Santa Fe representativa del sonido al que se ha ido acercando Condon, a medida que se acercaba el final, la sensación de empacho étnico y de sobredosis de metales se instaló en un público que había arrancado coreando hasta los momentos donde las trompetas llevaban la fuerza de la melodía. Una sensación agridulce que pronto tendría su contrapeso.
Porque lo que vino después fue, sencillamente, arrollador. Los suecos Refused estaban a punto de hacer un regreso por todo lo alto y la expectación que creaban sonidos ambientales y un juego de luces sutiles así lo presagiaban. Su triunfo no tuvo discusión. Quince años después, una de las bandas de referencia en la historia del hardcore sonó triunfal, atronadora y con mayor vigencia que nunca. Y no solo lo decimos nosotros, el propio Dennis Lyxzén, el inquieto y generoso vocalista de la banda, se encargó de afirmar su sorpresa al comprobar que sus letras incendiarias sobre un mundo desolado no solo siguen vigentes tres lustros más tarde sino que el mundo está aún peor que cuando las escribieron. Así que, antes de que todo se hunda, el público decidió ofrecerse al equipo de demolición y saltar y lanzar vasos al aire y destrozar sus cuerpos mientras el líder de la banda se deslomaba de un lado a otro del escenario. Lejos de estar muertos, como dice su canción, Refused siguen vivos, muy vivos. Tuvieron tiempo incluso para recordar sus primeros conciertos en Barcelona ante 400 personas, sin dejar de alucinar con la de curiosos que se acercaron a vivir uno de los momentos más inolvidables que dejó la primera noche de festival y que despidieron recomendándonos, como una obligación, ser siempre “jodidamente curiosos, jodidamente salvajes, y jodidamente hambrientos”. La muerte, ascenso y resurrección de los suecos quitó el hipo y el aliento, y se convirtió por méritos propios en uno de los mejores bolos de la noche.

Franz Ferdinand (Foto: Dani Cantó / Primavera Sound)
Y aunque las fuerzas, ya a las 2 de la madrugada, empezaban a decaer, quedaban dos de los nombres más importantes de la primera jornada. Por un lado Franz Ferdinand, que atrajeron a la mayor parte del público hasta el escenario San Miguel, y por otro el regreso de Spiritualized, que se convirtió en la alternativa perfecta para paladares más exquisitos y con menos ganas de botar. Porque el regreso de Jason Pierce presentando el brillante ‘Sweet Heart Sweet Light’ era muy deseado. Y, desde luego, fue una apoteosis de las codas interminables, de ascensos siderales al infinito y canciones extensas, sin mesura, sin control. Con un Pierce que presentaba my buen aspecto dentro de lo que cabe (quién diría que este hombre ha estado al borde de la muerte en varias ocasiones), el concierto se deslizó sin problemas entre los himnos para flotar y dejarse llevar a otras dimensiones y esas letras de referencias sentimentales y religiosas directas a las entrañas. Quizá se echaron de menos algunas de las canciones más brillantes del nuevo disco, aunque arrancó con una Hey Jane demoledora y voluminosa en el directo. Cerró el concierto con la euforia nada contenida de Come Together en la que, literalmente y para sorpresa de sus propios músicos y las dos coristas, tiró el amplificador, lanzó la guitarra y el pie de micro y se largó sin decir nada dejándonos tan boquiabiertos como tristes por quedarnos con ganas de más, aunque hay que reconocer que a esa hora poco más podía aguantar el cuerpo.
Aún levitando, abandonamos el recinto reflexionando sobre esta ecléctica y desigual jornada de un festival que hoy vivirá en el Parc del Fòrum su tercera noche de música.








