Te llenan el día de mierdecillas sin importancia, así no te quedan tiempo ni ánimos para lo gordo”. Son las palabras de Satanás mientras se pone a ver la tele junto al narrador en el cuento que da título a este libro, Aquí todo es mejor, una disfrutable colección de relatos gracias a la frescura y la fuerza narrativa sin escrúpulos de Justin Taylor, joven escritor estadounidense que viene pisando fuerte dentro de la nueva narrativa contemporánea solicitando su merecido lugar. Esta misiva recoge uno de los aspectos que nos quiere transmitir el autor: jóvenes de este nuevo siglo nacidos en familias acomodadas y que viven de lleno la pérdida generacional y existencial, que se debaten entre la diferenciación ante sus antecesores, la incomunicación y una eventualidad generalizada.
Los cuentos de Taylor son precisos y tienen la cualidad de abrir diversos frentes en un mismo relato para después dirigir al lector por un derrotero inesperado y llegar a un final en ocasiones abierto donde los dilemas, las contradicciones, los silencios e incomprensiones que atraviesan a los protagonistas. Personajes que en ocasiones no han cumplido la mayoría de edad, siguen latentes y se incrementan en las últimas líneas de historias llenas de melancolía e imágenes difuminadas que requieren del lector una cierta lectura complementaria.
Aquí, más que nunca, las historias son rúbricas, panorámicas, instantáneas de vidas vacías y perdidas en la nueva América. Es ahí donde el autor afila su narrativa y, sin titubeo alguno, lanza frases como dardos, con un característico humor refinado, y corrosivo donde es capaz de desmantelar cualquier mito. Estamos ante un retrato digno de una nueva generación, precaria, perdida, que busca su sitio fumando marihuana mientras escucha a Nine Inch Nails. En Aquí todo es mejor nos encontraremos con canciones de Marilyn Manson, con góticas vengativas, con baños en piscina mientras los protagonistas están colocados, con la necesidad de aprender el estribillo de Green Day para establecer la comunicación con un hermano. Grateful Dead y los rituales que se les escapan de las manos. Universitarios anarquistas que queman libros de Derrida y Trotski. Snapcase, Social Distortion. Hardcore, mucho hardcore. “Odiar al gobierno es el deber de todo ciudadano”. Un mar de sombras de vidas inmóviles en la penumbra. Dosis de ácido y la búsqueda del Dios encaramado al tejado. Compejos residenciales, ciudades americanas en las que parece que no sucede nada, pero en las que, de repente, hay un despunte. Título de un cuento que es un escrito con spray en la acera que nadie limpió. Familia judia en la que la abuela trata de cabrones antisemitas a Nietsche o a Mozart.
Es de agradecer la labor que está realizando la editorial barcelonesa Alpha Decay en ofrecernos obras de autores jóvenes y prometedores. Por hacernos descubrir a un autor como Justin Taylor y la nueva narrativa norteamericana. Uno de los sucesores de cuentistas de anteriores generaciones. Nos encontramos ante un autor de una frescura descarada y una escritura que retrata de una manera inmejorable a una juventud atrapada en su propia vida acomodada y aburrida, que ansía y está en constante mutación de piel. La rebeldía de una generación televisada, a la que ha deslumbrado el cambio pero que arroja a la vez su tiempo en la estupidez de la pose de querer aparentar ser algo. Lo que nunca podrán llegar a ser. Vidas estériles.










