En ocasiones, una película parece condenada al ostracismo, la burla y la crítica despiadada en cuanto se conocen su título, su cartel y su trailer. Es importante cuidar los pequeños detalles porque tras ellos se encuentra, a menudo, la decisión de un espectador de asistir o no a la sala de cine, aunque en mi opinión, más fundamental que mostrar una cinta como apetecible a través de los primeros mecanismos de promoción de la misma (tanto su título como su cartel como su trailer) es que la película realmente dé la talla y, como mínimo, cumpla su cometido.
Inmaduros ha sido una de las películas más taquilleras de la temporada en su país de origen, Italia y, como era de esperar, ya se está gestando su segunda parte. Por alguna razón, probablemente económica, aunque es complicado repetir o acercarse minímamente a las cifras originales en nuestro país, es más fácil ver en nuestra cartelera aquellas películas europeas que han tenido una buena recaudación en taquilla aunque no aporten realmente nada novedoso que aquellas que sí lo hacen pero no han tenido un éxito tan rotundo. Esa es la explicación de que una película tan estéril como Inmaduros se haya colado en la cartelera española. Podríamos pensar que es una pena que otras cintas con mayor interés no tengan la oportunidad de llegar a nuestros cines, pero la pregunta que realmente nos importa en este momento es si esta película merece que paguemos una entrada por verla.
Partiendo de una idea tan terrorífica como irreal, según la cual un grupo de amigos de la infancia se reune casi en la cuarentena debido a la anulación de su exámen de graduación del instituto, veinte años después, se nos presenta a un conjunto de personas que responden a una serie de tópicos propios de su característica más llamativa. Tenemos desde el guaperas profesional con miedo al compromiso a la madre soltera que resulta ser mucho más desastre que su resabiada hija, pasando por la atractiva adicta al sexo que se comporta como una borde para evitar tentaciones hasta llegar al ex cerebrito que ha decidido no abandonar la casa de sus padres y tener una vida más cómoda, sin preocuparse por conocer el amor. Cada uno de los personajes sigue paso a paso el arquetipo que podrías imaginarte según esa principal pincelada que les define, si bien hay que reconocer que en algunos casos están bien diseñados y resulta divertido verles en acción.

Si lo que una persona busca en Inmaduros es desconectar por un momento, evadirse del mundo durante hora y media, escapar de la lluvia o del tórrido calor que nos acecha en una sala con aire acondicionado y poder soltar alguna que otra carcajada, sabiendo que se encuentra ante una comedia muy ligera, el objetivo estará más que satisfecho. Inmaduros no es nada realista, ni tampoco nada original, pero conseguirá que te rías en varias ocasiones. En cambio, si lo que pretendes es que esta comedia te sorprenda y encierre algún tipo de mensaje, deberías borrarla de tu lista de pendientes. Como se puede decir que ni el título, ni el cartel ni el trailer te prometen algo mejor que lo que realmente te encuentras y que Inmaduros es exactamente lo que pretende ser y cumple su cometido, no puede negársele la recomendación para quien sólo quiera entretenerse un rato. En eso, estos inmaduros cuarentones, se merecen el aprobado.










