No se nos ocurre mejor libro que éste, escrito por el joven guionista y dramaturgo Gunther Geltinger (1974, Erlenbach del Meno, Alemania), para conmemorar este 28 de junio, Día del Orgullo gay, y recomendarlo para una de esas lecturas veraniegas. En la novela Hombre Ángel la construcción emocional y homosexual guía al protagonista por diversos derroteros e historias de relaciones, de abandonos, de una emocionalidad incontrolable, sexo desenfrenado y fustigamientos que le acompañarán en esa búsqueda infinita de sí mismo.
Este libro es un diario donde cada escena es retratada con un mimetismo, con la amplitud de un mundo interior rico en matices y contradicciones. Se entrelazan diversas voces internas en la que algunas rozan la inestabilidad emocional, llegando con maestría a rozar la histeria personal del protagonista y llevándolo a vivir escenas contundentes en lo desgarrado y extremo de lo emocional y lo visual. Hombre Ángel desprende, además, mucho amor. Y derivado de ese amor, mucha tortura, mucho pellejo, un exorcismo interior que aflora en la adolescencia de Leonard Ángel. El entorno paisajistico, y familiar son retratados desde esa ilimitada melancolía y ese sufrimiento generados por el despertar homosexual en un entorno hostil. El final del bachillerato y la ternura amorosa que siente el protagonista hacia Mario, un compañero de clase, desemboca en turbulencias sentimentales. Estamos ante una historia de un despertar. De convertirse en hombre.
Gunther Geltinger lleva hasta el extremo la asfixia del personaje azotándolo hasta paisajes donde la cordura pierde su relevancia, y comienza a enfangarse con la distorsión de la realidad, expulsando esa obsesión hasta límites insospechados. Lo absurdo y grotesco deformarán ese sentir constantemente así como el envenenamiento interior y toda belleza emocional. El escritor alemán se hace eco de una voz que oscila entre la luminosidad de la libertad y la oscuridad de las convenciones familiares y sociales, y de la obstrucción interior de la que no podrá desprenderse.
El crecimiento emocional y la búsqueda de uno mismo es retratada con una precisión y un desbordamiento de imágenes y emociones en un libro que purga los espacios más oscuros del ser humano. El protagonista, después de pasar por historias de autodestrucción, conocer a un chapero en Viena, consigue estabilizar esa eclosión emocional al lado de Boris, hombre por el que comienza a escribir esta historia de amores que queman. De hombres quemados. De hombres perdidos. De la necesidad de un diario de viaje. De homenajear a esa presencia que se difuminó en algún momento. De esa repulsión hacia lo amado, y su madre, que cobrará relavancia en las últimas páginas memorables de esta obra.
Pero aquí, más que las historias, importa ese mundo interior. Esa expresión constante del entorno, de uno mismo a través de una escritura sin florituras, pero elegante, que evoca desde la pérdida, la melancolía y el dolor, realizando un caleidoscopio complejo del hombre joven homosexual contemporáneo y sus dificultades internas y externas para querer y dejarse ser querido. Novela de gran simbolismo, y un lírica que rasga, acaricia y convive con cierto realismo mágico.
Estamos ante la historia de los enigmas sin resolver y los secretos traicionados de un ser desamparado, herido y abandonado. La asfixia constante de un sentir aprisionado en sus propias comisuras amordazadas.










