Ellas es la primera película de la directora Malgorzata Szumowska que logra llegar a algunas salas de cine españolas. Está protagonizada por Juliette Binoche, gancho que posiblemente ayudó a que podamos ver esta cinta en nuestro país, que vuelve a dar una lección al interpretar a una periodista de éxito que ve como ha perdido las riendas de su familia y de su matrimonio mientras se encarga de la elaboración de un artículo que removerá sus entrañas, la liberará de prejuicios y le hará replantearse ciertas cosas acerca de su propia vida.
El artículo en cuestión trata sobre las jóvenes que han decidido dedicarse por su cuenta y riesgo a la prostitución con el fin de poder pagar su carrera universitaria y llevar una vida más cómoda. En el poderío de la interpretación de Binoche y de las dos jóvenes prostitutas a las que entrevista, a cargo de Anaïs Demoustier y de Joanna Kulig, capaces de protagonizar algunas escenas no aptas para todo tipo de públicos y a su vez de provocar cierto magnetismo, de poseer un aura de misterio y encanto que logra que te intereses por su vida y que entiendas y rechaces su postura con la misma vehemencia porque te atrapen mostrándose como personas poco corrientes y con las ideas muy claras que han decidido optar por este camino como opción para llevar un tipo de vida que siempre han deseado tener y que la sociedad les ha empujado a desear.

Esta nueva mirada sobre un tema del que hemos visto mucho cine aporta cierto interés porque no estamos acostumbrados a descubrir qué puede mover a una persona completamente normal y que no ha sido engañada por ninguna mafia, a dedicarse al que se dice es el oficio más antiguo del mundo. Por otra parte, resulta curioso cómo las protagonistas también describen a sus clientes, como personas que no están cortadas por el mismo patrón y que en ocasiones buscan otras cosas en su compañía más allá del sexo.
Este enfoque resulta novedoso, original y, por tanto, interesante. El problema viene cuando se pierde la objetividad y se vuelve necesario mostrarnos que no todas las experiencias acaban bien, algo que se sabe e intuye, y que no hace falta subrayar cada vez que una película trata sobre sexo entre desconocidos. Por otra parte, la desmedida intención de darle esteticismo a la cinta se convierte en uno de sus principales defectos porque termina por transformarla en una película un tanto caótica y especialmente fría, sobre todo cuando el personaje de Binoche no está hablando con las jóvenes co-protagonistas, lo que resta enteros a la película hasta el punto de que podrías imaginar varios finales antes del definitivo y casi todos ellos serían más aceptables.










