El Día de la Música celebró ayer una de esas jornadas de festival que quitan el aliento, tanto por el calor exagerado como por la excelencia de las actuaciones en las que brillaron especialmente St. Vincent, Azealia Banks y La Casa Azul, con un aforo sensiblemente inferior al de la pasada edición.
Todos los festivales tienen nombres que resultan un incentivo importante. En el Día de la Música, si una artista era esperada, esa no era otra que la neoyorquina Azealia Banks. Dispuesta a enterrar las dudas que se despiertan cada vez que surge un aparente hype como ella, se lanzó a escena sin mayor compañía que un DJ, dos bailarinas con esperpéntico vestuario y haciendo gala de su carisma estratosférico. Embutida en un brillante bañador con líneas verticales de colores, un short rojo y bajo unas enormes gafas de sol para evitar los rayos que aún arrasaban el recinto, dio un concierto de cuarenta minutos exactos cuyo resultado fue, sin duda, inolvidable. Porque hay que admitir que a su repertorio, en el que destacaron canciones como Jumanji o 1991, aún le faltan un par más de hits como la que sigue siendo su mejor canción, la irreprochable y celebradísima 212, en la que el público estalló en un éxtasis colectivo. Pero claro, su juventud gamberra, su actitud en escena, su felicidad nada disimulada y su energía positiva llenaron el escenario como pocos, dejando claro que lo suyo, lejos de ser un fenómeno pasajero, es algo muy grande. Tan grande que su brevísimo concierto dejó con ganas de más. De muchísimo más. En cualquier caso, está claro que si sigue en esta línea, no tardará en volver a visitarnos convertida ya en toda una estrella. Talento no le falta.

Azealia Banks (Foto: Día de la Música)
Antes del huracán Azealia hubo vientos huracanados de otra índole con St. Vincent. En un concierto que arrancó algo más comedido e intimista con un repertorio centrado principalmente en los temas de Strange Mercy, probablemente su mejor disco hasta el momento, fue creciendo en intensidad mostrándonos el lado más rockero y energético de la carismática y sensual Annie Clark, bastante lejos de lo que recordábamos de su paso por el último Primavera Club donde estuvo más recatada y comedida. Esta vez decidió darle mayor fuerza a las guitarras y dejarse la voz y los dedos por completo en temas como el que es su mayor éxito hasta el momento, esa Cruel siempre bien recibida. También fue un acierto su infalible versión de She is beyond good and evil, de The Pop Group, que enlazó con un apoteósico cierre en el que se lanzó al público para interpretar la energética y vitamínica Krokodile, broche final de euforia que cerró un concierto convertido en ejemplo de cómo mutar la piel y deshacerse sin censura.

St. Vincent (Foto: Día de la Música)
Sin embargo, el Día de la Música volvió a adolecer del que parece ser su mayor problema: los horarios. No solo porque hubo varios retrasos y adelantos, como el retraso del avión de Tindersticks que provocó que muchos tuviéramos que borrarles del planning, sino porque lo de poner a un señor de cierta edad como Lee Fields a tocar con el sol de frente a las seis de la tarde fue casi criminal. Y eso que a este soulman, enfundado en negro y con una felicidad exultante, le parecía dar igual su ubicación, dando una lección de veteranía y tablas que el público, masificado en las pocas sombras disponibles, supo agradecer. Se movió de un lado a otro, se enfrascó en zapateados que hicieron que perdiera un tacón del calzado, y cantó con esa voz elegante y desgarrada que acompañaron unos excelentes The Expresions que sonaron como esas grandes bandas de soul con metales compactos. La lucha entre el soul y el calor asfixiante, por esta vez, la ganó la música.

Lee Fields & The Expressions (Foto: Día de la Música)
Más fácil lo tuvo Sr. Chinarro, que en un Escenario Rockdelux bajo techo y que heredaba la escenografía de una obra de teatro, con suelo de madera, fondo de lentejuelas, purpurina y bombillas como de verbena, dio un concierto impecable que, además, fue de los que mejor sonido tuvo en toda la jornada. Y es que Antonio Luque, pese a su mezcla de seriedad e ironía fina en escena, ya tiene una sólida carrera a sus espaldas, lo que hizo de su concierto una sucesión de grandes canciones. Del montón, Ley de Murphy, San Borondón o la impecable Una llamada a la acción, temas que ya forman parte del imaginario colectivo, sonaron con una solidez indiscutible, y dejaron claro que Luque es uno de esos nombres imprescindibles de la música nacional.

Sr. Chinarro (Foto: Día de la Música)
Si alguien resultó perjudicado por el reparto de horarios, ese fue James Blake. Con un público, incluso en las primeras filas, más preocupado de sus conversaciones y sus bebidas que por lo que sucedía en el escenario, Blake lo tuvo más que difícil para que sus canciones introspectivas y preciosistas llegaran más allá de la barrera. Por suerte, el londinense no se amedrentó por la situación y ofreció su repertorio habitual, centrado en ese debut que sigue sonando tan contundente y futurista como hace un año y al que dotó de algunos experimentos con la voz, especialmente en temas como esa Unluck con la que abrió el directo, o su versión de Feist en una Limit to your love que amplificó en duración y energía a través de solos de batería y un tramo de voces dignas del mejor sonido club. Antes y después de esta versión tuvo un par de concesiones a su época más bailable con CMYK y Klavierwerke, canciones que dieron una pequeña tregua al público necesitado de un poco de bombo para bajar su bebida. Inmediatamente después hizo una preciosa Once we all agree, aunque no fuera el lugar ni el momento adecuado. Su despedida, solo al teclado con una desarmante y bellísima A case of you, dejó claro que su sensibilidad llegó en el momento y al público inapropiados. Una pena, sobre todo viendo su cara de decepción y el escueto “gracias por dejarme hacer esto” con el que se marchó del escenario. Una pena.
Los que sí triunfaron frente al complicado público del Día de la Música fueron Two Door Cinema Club. Su concierto tuvo todos los ingredientes necesarios para el éxito en un festival como este, y el público era suyo desde que arrancaron con Cigarrettes in the theatre. Sin pausa, encadenaron casi todos los temas de su Tourist History, ese debut de hace ya un par de años que sigue siendo su único disco. Al menos hasta septiembre, cuando sacarán un segundo trabajo del que presentaron algunas canciones que dejaron claro que quieren demostrar que han crecido sobre las tablas y que tiene el nada disimulado objetivo de llegar a más gente con un sonido más eléctrico en guitarra, sin dejar atrás los estribillos que les han dado el éxito. Estribillos como el de esa What you know que sigue siendo su tema más reconocido y tras la que el público se fue marchando sin esperar a que terminara el concierto completo, que cerraron con una menos brillante I can talk, dejando claro que la banda está dispuesta a convertirse en un nuevo grupo de masas.

Two Door Cinema Club (Foto: Día de la Música)
El festival se cerró con uno de esos aciertos tan grandes que uno se pregunta cómo no se le ocurrió a nadie antes. La Casa Azul, sin lugar a dudas uno de nuestros artistas más importantes en la actualidad, se subió al escenario principal para cerrar, demasiado temprano, una jornada de festival por todo lo alto. Y es que su espectáculo visual y sonoro, con vestuario futurista y proyecciones sincronizadas con la música, es de primer nivel. Esto quedó claro desde la espectacular introducción con una Los chicos hoy saltarán a la pista que metió al público en un ambiente alegre y festivo, justo antes de recordar su pasado con uno de sus primeros hits, Cerca de Shibuya. Con el público entregado a la fiesta sin complejos, Guille Milkyway se centró en las canciones de ese La Polinesia Meridional plagado de himnos pop, canciones pegadizas y letras amargas, esa marca de la casa que ha alcanzado su punto perfecto de madurez en este último trabajo. Canciones como Sucumbir, La Fiesta Universal o Colisión inminente (Red Lights, Red Lights) se han convertido en clásicos de un artista tan genial como su puesta en escena, especialmente espectacular en el tramo final donde enlaza Sálvese quién pueda con La niña más bonita y un inevitable cierre con La revolución sexual para un concierto con el que confirmamos lo grande que se ha hecho La casa azul. Un indiscutible triunfo que llenó el escenario grande y gracias al que nos fuimos con una sonrisa de felicidad en la cara y la satisfacción de que el tiempo haya puesto a Milkyway en el lugar que sus canciones y su talento se merecen.











Totalmente de acuerdo: Azealia Banks, St. Vincent y La Casa Azul fueron de lo mejor del viernes ¡qué energía!… una pena la acústica del escenario spotify durante Zambri y el ruido de la gente que conversa (y grita) cuando el resto quiere escuchar…
[…] Puedes leer la crónica del viernes 22 haciendo clic aquí. […]
Totalmente de acuerdo en casi todo pero ¿ y JD McPherson? ¿ni una reseña? Estuvo fa-bu-lo-so..¿no?