El Día de la Música cerró ayer su programación principal en una jornada protagonizada por el calor y el fútbol en la que triunfaron Alejandro Escovedo y Metronomy.
Y es que a pesar de que el calor y la amenaza del fútbol estuvieron presentes durante toda la jornada, está claro que al final, en un festival con un cartel como este, la música debe volver a un primer plano. Y ahí estaba, por primera vez en Madrid a pesar de su extensa trayectoria, Alejandro Escovedo junto a los Sensitive Boys, cuyo concierto fue el más enérgico y rotundo del festival. Y es que este hombre, a sus 61 años, se subió al escenario Rockdelux con ganas de darlo todo. Y junto a su infalible banda, con guitarra bajo y bateria, arrancó el concierto con Sally was a cop, canción que dio paso a una sucesión de metralla rock que dejó a todos boquiabiertos y con el ritmo en el cuerpo. Sin dar un respiro, enlazaron las rabiosamente potentes Anchor, Man of the world y Tender Heart, con un sonido que por momentos parecía que iba a hacer que la grada se viniera abajo. De ahí pasó a un tramo algo más comedido y cercano al folk con tintes tarantinescos para recordar, en un tramo más calmado e introspectivo, sus orígenes en San Antonio, Texas, un lugar “al que le gustan poco los cambios”, como afirmó. Cuando parecía que ya la cosa se había tranquilizado, se lanzaron con una extensa apoteosis eléctrica en Chelsea Hotel ’78 que levantó al público de las butacas. La euforia se extendió hasta el cierre con la solvente Castanets y ovacionado por una grada en pie, Alejandro Escovedo se convirtió en la gran estrella de la jornada, sin discusión.

Alejandro Escovedo (Foto: Día de la Música)
Otros veteranos eran Mercury Rev, que volvían a Madrid para desempolvar, como llevan haciendo en los últimos tiempos, ese mítico Deserter’s Songs que les dio el reconocimiento mundial. El problema fue que, como bien afirmó Carlos Anthony Molina en un perfecto español, “vamos a cantar canciones de la noche a la luz del sol”, con un resultado bastante desconcertante. Si bien en el directo los matices más sutiles y preciosistas del disco quedan sepultados bajo la potencia de las guitarras y la batería, el carisma del excéntrico Johnatan Donahue con su cara cubierta de purpurina y sudor, y sus gestos y equilibrios corporales en escena, donde estuvo acompañado por su habitual botella de vino, bien suplen las otras carencias. Porque por mucho sol que haga, es imposible no emocionarse y volar con temas tan míticos como Opus 40, Goddess on a Hiway, The Funny Bird o esa Delta Sun Bottleneck Stomp que normalmente cierra el setlist que ayer la banda decidió alargar más allá del disco en cuestión, enlazando la emotiva The dark is rising con la energética Senses on fire con la que se despidieron, dejándonos con las ganas de haberles visto un par de horas más tarde, bajo la luz de la luna en esa mística noche de San Juan.

Mercury Rev (Foto: Día de la Música)
Pero el carácter diurno del Día de la Música, dada la normativa municipal de Madrid, es inevitable, y ya desde primera hora se habían enlazado las actuaciones de algunos artistas que se estrenaban en España. El primero fue David Thomas Broughton, que dio uno de esos conciertos donde uno no sabe qué hay de genialidad y qué de excentricismo. Y es que el londinense se dedicó a tocarse las uñas, quitarse los zapatos, dio patadas a unos cascabeles entre el público mientras sonaban guitarras que había grabado previamente y deambulaba por el escenario como si estuviera en el salón de su casa. Al final, su circo del absurdo pasó factura, principalmente a sus canciones, con las que por mucha indiferencia que le pusiera, más indiferentes nos dejaron a los que le escuchamos.

James Vincent McMorrow (Foto: Día de la Música)
Mucho más emocionante fue el primer y multitudinario concierto de James Vincent McMorrow en Madrid, un artista que se presentó en formato de guitarra y voz y que emocionó sin grandes alardes ni sobreactuar de manera innecesaria. Feliz ante el lleno que tenía su concierto, bromeó sobre su posible futuro como seleccionador de la selección irlandesa de fútbol e hizo pausas para hablar y hacer tiempo para que se fueran los que iban abandonando la grada entre canción y canción. Y si bien es obvio que la sombra de Justin Vernon planea sobre su voz, su historia y sus canciones, la pudo borrar de lleno, especialmente cuando se sentó al teclado para interpretar una versión de Higher Love de Steve Winwood y una nueva canción cuyo final puso los pelos de punta en una interpretación vocal escalofriante. Con el público en el bolsillo y tan sensible como entrañable, McMorrow se despidió con dos de sus canciones más celebradas: Hear the noise that moves so soft and low e If I had a boat, algo mermadas porque se comenzaba a colar el sonido del exterior. En cualquier caso, un estreno de lujo.

Julia Holter (Foto: Día de la Música)
Menos brillante, y no por su actuación, fue el primer concierto en España de Julia Holter. En un escenario donde su propuesta quedaba bastante deslucida, se presentó con una formación en la que ella tocaba los teclados y la acompañaban un chelista y un batería. Con un repertorio en el que sonaba a veces sutil y casi infantil, y otras tenebrosa y destructiva, Holter fue adaptándose al espacio hostil a medida que avanzaba el concierto, subiendo el tono especialmente en canciones como una Marienbad que se elevó en intensidad y potencia. Ya a la mitad saludó al público afirmando, no sabemos si con cierta ironía, que le gustaba tocar en ese espacio porque nos podía ver las caras a todos. Pero estaba claro que ella, y sus canciones entre el folk y lo experimental, preferían la noche, como sentenció antes de interpretar Goddess Eyes, en la que se superponían capas de coros y cuerdas que crearon, o al menos lo intentaron, una atmósfera envolvente. Se despidió con In the same room, tras la que cogió su bolso y se fue, dejándonos con la necesidad de volver a verla en un espacio y a una hora más apropiados.

Breton (Foto: Día de la Música)
Ya en la hora punta y clave, y mientras una importante parte del público se aglomeraba frente a una pantalla que transmitía el partido de la Eurocopa, recordándonos el momento futbolístico del Primavera Sound 2011, y otra parte se iba a ver a Love of Lesbian, una alternativa interesante fue descubrir los proyectos de dos proyectos británicos emergentes. Por un lado la banda Breton, un grupo jovencísimo que ofreció un concierto perfecto para la fiesta en canciones en las que combinaban electrónica y sonidos más orgánicos del pop con atractivas proyecciones de vídeo que hicieron que el público se entregara con tal efusividad que se marcharan encantados de la vida, prometiendo volver pronto. Por otro lado, tuvimos a Star Slinger, uno de esos jóvenes productores de moda cuya sesión resultó ciertamente monótona, y como alternativa fue algo peor que la de sus predecesores. Y es que su sesión, muy marcada por los sonidos de dubstep entre los que se llegó a escuchar algún sampleado de artistas como Rihanna, dejó la sensación de ser demasiado electrónica y festiva para una hora tan temprana.

Mäximo Park (Foto: Día de la Música)
Terminado el fútbol, el foco de atención eran Mäximo Park, una banda que ya hace tiempo que parece estar lejos de sus mejores momentos. Y es que por mucho entusiasmo que le ponga su carismático e hiperactivo cantante, Paul Smith, que lo dio todo, lo cierto es que su música hace tiempo que solo convence a los fans más acérrimos, que fueron los que más disfrutaron de sus canciones, especialmente las de ese debut que no han conseguido superar, A Certain Trigger. Sus nuevas canciones, exceptuando quizás el single Hips and Lips, fueron recibidas con una gran indiferencia por un público con más ganas de escuchar hits como Apply some preasure o Going Missing.

Metronomy (Foto: Día de la Música)
Pero lo más grande de la noche estaba por llegar. Metronomy, reconvertidos con gran acierto en una banda de pop con matices electrónicos, más allá de ese nu-rave que les dio la fama, dieron una lección de elegancia y solvencia sobre las tablas. Y es que los cuatro miembros de la actual formación tienen un carisma envidiable, un look entre moderno y retro, y un talento indiscutible. Y claro, bastó el electrónico y sutil arranque con Some Written y ese gran éxito, The Bay, para meterse en el bolsillo a un público con ganas de fiesta. Una fiesta que dieron especialmente canciones antiguas y más electrónicas como Heartbreaker o Holiday, sin olvidar las coreadas Everything goes my way y The Look, ambas de ese excelente The English Riviera de 2011 que tantas alegrías les ha dado. El único pero que se le puede poner a su apabullante directo es su duración, de poco más de cuarenta minutos, que dejó a todos con una sensación agridulce y ganas de más.
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“Sesión demasiado electrónica para una hora tan temprana” = no me gusta la electrónica. Fue una sesionaza, fuera a las 12 de la mañana o a las 10 de la noche.
A mi tampoco me gusto la sesión de Star Slinger, de hecho cuando vi al gordo ese con esas pintas a las dos cancions sali escopetada y fui a cenar, que me parecia lo mas interesante en eses momento. lo mejor Metronomy!!!!
La version de Higher Love de James Vincent McMorrow fue mezclada por un ingeniero de sonido español en Dublin, la canción llegó al número uno en el BBC indie singles chart en Enero de este año.