Me contaron que hace unos años, un profesor de arte estadounidense, obsesionado con las posibles definiciones del arte contemporáneo, decidió ser el protagonista de una experiencia estética auténtica, que no dejara indiferente a nadie, que marcara un antes y un después en el concepto de arte contemporáneo. Su proyecto consistía en zarpar él solo desde Nueva York en un velero y llegar hasta Londres, sin hacer ningún tipo de escala. Así se lo contó a sus alumnos días antes de emprender su viaje. Parece ser que el inmenso azul se lo tragó, pues nunca llegó a su destino. Según me contaron, en el escritorio de su apartamento encontraron lecturas que presagiaban que él sabía que no saldría vivo de su viaje “artístico”. Una experiencia estética letal.
Varios meses después de escuchar esta historia, me topé con el delicioso libro Cartas de amor a Mina Loy, recientemente editado por Periférica, del genial Arthur Cravan. Repasando la biografía de este escritor y también boxeador, leñador, peón, cochero y tanto otros oficios salvavidas, que era sobrino de Oscar Wilde, pensé automáticamente que quizá “mi” profesor estadounidense quiso emular en su aventura a Cravan, ya que este último partió de México en 1918 rumbo a Buenos Aires en una barca de vela pero nunca llegó a su destino. Cravan, cuyo verdadero nombre era Fabian Avenarius Lloyd, debía encontrarse allí con Mina Loy, su segunda esposa, el gran amor de su vida, que esperaba una hija suya.
Mucho se ha especulado sobre esta misteriosa desaparición. Para algunos no se trata más que de un suicidio, otros se decantan por un trágico accidente marítimo, mientras que otros opinan que fue un llamativo truco de magia de Cravan para poder comenzar desde cero, reinventarse, renacer en otro lugar. Esta hipótesis no parece tener sentido si leemos la citada obra epistolar de Cravan, compuesta por treinta cartas de amor dirigidas a Mina, que destilan pasión, admiración, camaradería y entrega en cada letra, y que le envió solo unos meses antes de su desaparición.
En ellas vemos a un joven inseguro, obsesivo, que se siente inferior a una escritora como Mina, de quien Ezra Pound dijo que su poesía imagista era de lo mejor de la época escrito en inglés. “Ahora que no tengo tu inteligencia, voy todos los días a la biblioteca y disfruto de lo lindo con los genios […]. Te hablo de estas cosas porque me gustaría mucho agradarte. Ni siquiera soy periodista ni publicista, ni un moderno. Pero te juro que hay poderoso y eterno en mí. ¡Y me convertiré incluso en el más moderno!”, le escribe Cravan a Mina.
Las cartas, escritas entre julio y diciembre de 1917, nos ayudan a situar a Cravan en el mapa americano, en lugares como Nueva York, Portland, North Sydney, Nuevo Laredo o México City. Son cartas y postales impulsivas, que muestran a un Cravan impaciente, ansioso de recibir respuesta de Mina de forma inmediata y de verla cuanto antes. Es un maestro en el arte del chantaje emocional, hasta el punto de decirle a Mina que si no viaja a México desde Nueva York para reunirse con él, acabará con su vida. En este sentido, en una de sus cartas leemos “soy el hombre de los extremos y del suicidio”, lo que podría dar alas a la primera hipótesis mencionada sobre su desaparición. Sea como fuere, estas cartas son uno de los pocos testimonios escritos y publicados de Cravan, que nos permiten ver el lado más humano del que para muchos es uno de los grandes personajes míticos malditos del siglo XX.











Me ha gustado mucho esta entrada.