Andrew Bird cerró anoche su gira europea en el Teatro Circo Price de Madrid, dentro del ciclo Heineken Music Selector que también finalizó su temporada actual. Ante un recinto bastante lleno, el compositor y multiinstrumentista de Chicago deslumbró con un concierto impecable donde quedaron expuestas sus múltiples cualidades dejando a más de uno boquiabierto.
Ya en el espectacular e íntimo arranque desplegó un catálogo que, para los no iniciados, fue la perfecta introducción a todas sus facetas: el violín, con el que fue grabando y llenando la canción con capas de música de estremecedora belleza casi mística, sus ya míticos silbidos y ese encantador carillón. Todos estos sonidos se iban superponiendo y solapando hasta enlazar con Why, canción con una abrupta y angulosa interpretación vocal, casi hablada y en tono de blues, con la que finalizó esta especie de obertura de unos diez minutos en solitario en la que ya nos había dejado sin palabras con semejante derroche de talento y carisma estratosférico.

Pero obviamente, solo era el comienzo, y a escena salieron tres músicos en formación básica de bajo, guitarra y batería, para ofrecer un setlist centrado en las canciones de su último disco, el brillante Break It Yourself publicado este mismo año. Y si en el álbum las canciones van creciendo escucha tras escucha, en directo suenan simplemente arrolladoras. De este nuevo repertorio destacaron especialmente una optimista Danse Carribe, que fue de las más aplaudidas junto a Eyeoneye, que en directo deriva en una explosión de potentes guitarras con un estribillo que dan ganas de corear a gritos como si el mundo se fuera a terminar pasado mañana. Tramos algo más comedidos en la energía, como Near Death Experience Experience o Desperation Breeds… también sonaron con fuerza y prometen ser futuros clásicos. Aunque si una suena a hit, esa no es otra que Give it away, con uno de esos estribillos pegadizos a rabiar que enganchó, y mucho.
Y clásicos también hubo, faltaría más. Una de las primeras en llegar fue Measuring cups, que Bird presentó mostrando sin tapujos su euforia por estar a punto de finalizar la gira y en la que se lanzó a la guitarra mientras sonaban sus violines pregrabados. La suerte o el destino quisieron que se olvidara de parte de la letra que salvó dignamente antes de cantar, precisamente, Lazy Projector, otra nueva canción en la que habla de la memoria selectiva y que encajó perfectamente en ese instante. Aunque para instante memorable, su divertida y elegante versión de Bein’ Green, la canción que cantara la rana Gustavo de los Muppets, tan unidos recientemente a la carrera del compositor –no olvidemos que en la película de los muñecos estrenada este año Bird colaboraba ofreciendo a un personaje sus míticos silbidos-.

Aún nos quedaba una pirueta más en el circo polifacético del de Chicago, que se arrancó a hacer algunas versiones acústicas frente a un micrófono en el que se colocó junto a su violín y sus dos guitarristas para tocar “a la antigua usanza” una versión de So Much Wine de The Handsome Family, antes de regalarnos Effigy, otro de sus clásicos que en el formato “desenchufado” resultó de lo más emotivo y estremecedor. El tramo final, con el público ya entregado sin reparos, estuvo más centrado en canciones antiguas que sonaron como arrolladores himnos para dejarse llevar sin contemplaciones. Porque a ver quién se resiste ante canciones tan potentes como Tables And Chairs, un crescendo en el que Bird tocó todos sus palos, sumó capas y capas y, al final, se arrancó hasta con unos gorgoritos antes de despedirse mientras las cuerdas seguían resonando por todo el Price.
Por supuesto, solo era una falsa despedida. Aún tuvo tiempo para volver y realizar un segundo set acústico que se convirtió en una fiesta country en pleno Oeste americano gracias a las versiones, ya imprescindibles en su repertorio, de la festiva I’m goin’ home de Charley Patton y esa emocionante If I needed you de Townes van Zandt. Con los sentimientos a flor de piel solo quedaba un cierre triunfal y ese llegó con la explosiva Fake Palindromes, que creció en directo tanto en duración como en potencia, y dejó al público con una sonrisa de oreja a oreja y la convicción de que Andrew Bird se ha instalado desde hace tiempo en los altares de la genialidad.
Fotos: Carla Mir (cedidas por Heinekenpro.com)











Estuve en el concierto y he de decir, que estoy absulutamente de acuerdo con el articulo, da gusto ver a musicos tan impecables como esta gente, el concierto fue técnicamente perfecto, además de emocionalmente arrollador!.., luego vas a algun concierto del grupo de rock de moda y te tocan una horita y se piran, con sonido mediocre y actitud altiva
Antes del concierto, coincidí con la banda en un bar frente al circo price (más bien les vi salir del circo y les medio seguí, jeje) , que gente más normal y maja, sin pretensiones altivas.., estuve hablando con el bajista, más majo que na!.., grandes grandes..,
solo lamento una cosa.., haberme comprado entrada sentado!.., nunca más!!!