Exultando alegría, satisfecha y muy inquieta, María Rodés desayuna unos churros en una famosa chocolatería del centro de Madrid y se enfrenta a ellos con la misma sorpresa e incertidumbre que se puede acercar alguien a su nuevo álbum, ‘Sueño triangular’ (BCore, 2012), un onírico y fascinante viaje a la experimentación con el que nos sumerge en un campo de voces celestiales, instrumentos atípicos e incongruencia voluntaria que supone un verdadero salto hacia delante de la artista. Lejos ya queda esa chica tímida e incrédula que conocimos en Oniric. Con la seguridad que da el ofrecer un buen trabajo, probablemente el más cercano a lo que son los recovecos más profundos de su mente, contesta a mis preguntas con la misma mezcla de seguridad e ironía que desprende su tercer disco.
Para comenzar, debo decir que me he quedado en estado de shock al escuchar tu nuevo disco. ¿Este cambio de sonido es una evolución premeditada o simplemente te dio por ahí?
Es consecuencia de muchas cosas. A nivel artístico, porque en los últimos dos años estuve escribiendo sobre los sueños y me obsesioné un poco con el subconsciente y la escritura automática para coger ideas del inconsciente. Supongo que a nivel consciente estaba un poco bloqueada y empecé a indagar por ahí. Una cosa me llevó a la otra y decidí hacer un disco que transmitiera un poco este caos del inconsciente y este mundo onírico de los sueños. También se juntó que el disco anterior era más de canción, en el sentido de canción con una letra, donde explicas una historia, lo acompañas con la guitarra y ya. Aquí tenía ganas de ver qué pasaba si me ponía en plan músico, intentando hacer pasajes musicales y tirando hacia algo más ambiental para transmitir cosas, no tanto con las letras, sino también con música y buscar una expresión que hasta ahora no había probado. Esto se juntó con un Postgrado en Arte Sonoro que comencé este año donde me empezaron a poner historias experimentales como John Cage y me quedé un poco flipada. Evidentemente mi disco no es experimental en ese sentido, aunque sí lo es en un entorno pop. Había ahí una inquietud hacia ello y el resultado son esas ganas de investigar más a nivel de sonoridades con el contenido de los sueños como motor.
Me llama mucho la atención esa idea de usar los sueños para hacer música, ¿decidiste un día empezar a apuntarlos o era algo que ya hacías y simplemente lo aplicaste a la música?
Desde pequeña siempre he recordado mucho los sueños y siempre había pensado en hacer un diario de sueños. Un día tuve uno que me chocó especialmente y ahí empecé, lo apunté y decidí empezar a hacer esta práctica.
¿Y esto está reflejado en todas las canciones?
No en todas. Hay una parte onírica en canciones como Cae lo que el fuego fue, que es claramente un sueño, una pesadilla que tuve y donde tanto la letra como la música son la banda sonora del sueño. Hay otras que no lo son tanto. Haz lo que te dé la gana, por ejemplo, es en el fondo una expresión que me estoy diciendo a mí misma con la voluntad de romper con las estructuras más cerradas del pop, no porque no me guste el pop, sino por probar cosas nuevas. De hecho estoy pensando que el próximo disco será otra vez de canciones, guitarra y voz.
Has nombrado la canción Cae lo que fuego fue, que a mí me parece muy representativa de lo que ha sido este cambio y que incluye una gran variedad de estilos. ¿Querías desterrar las etiquetas de tu música?
No era premeditado pero salió un poco así. Claro que al principio pensé que quizá esto era demasiado friki y tenía miedo de hacer algo muy distinto a lo que la gente pudiera esperar. Una vez terminado, me siento muy bien porque realmente he hecho lo que me da la gana y esto me da una sensación de poder y valentía que antes igual no tenía.

El anterior disco funcionó muy bien a todos los niveles. ¿Tienes miedo de que la gente no entienda este nuevo trabajo?
El miedo creo que no lo tengo, pero soy consciente de que hay mucha gente a la que no le va a gustar, al igual que le puede gustar a gente nueva a la que no le gustaba el anterior. Quizá se va a cerrar un poco por un lado pero se va a abrir por otra parte. Lo que intento transmitir con el disco es que no te sientas condicionado por ello. Creo que alguien que hace música, o cualquier tipo de arte, tiene que hacer lo que le dé la gana. Si empiezas a pensar en cómo lo recibirá la gente y en qué tienes que hacer para que funcione, es una visión que yo no quiero seguir. Para eso me dedico a otra cosa, haciendo versiones o yo qué sé. Si realmente quiero hacer algo mío e investigar hay que intentar quitar algunos límites.
Imagino que de ahí viene también la idea de producir tú misma el disco.
Con ayuda de Maru Di Pace y Lluís Surós, pero sí, quería hacerlo sin la figura de un productor con un nombre y una tendencia ya marcada.
¿Y cómo ha sido la experiencia?
Muy friki, porque ha sido muy larga. De hecho escribí un texto que habla de todo el proceso del disco que ha durado un año a trompicones. Empecé en febrero del año pasado en un pueblo cerca de Barcelona, luego me fui a Berlín donde encontré a Maru Di Pace, la chica que ha hecho de co-productora. Ha sido un poco ‘work in progress’, y el disco se ha ido haciendo, y componiendo incluso, por el camino. No es que tuviera unas canciones y las grabara sino que se ha ido elaborando sobre la marcha y eso es lo que más ilusión me hace.
En tus discos siempre juegas con cosas muy inusuales, ¿qué es lo más extraño, o friki, que has utilizado en la grabación de ‘Sueño triangular’?
Lo más raro fue cuando Lluís (responsable de la grabación del disco) me grabó cortando una patata sobre una tabla de madera y lo grababa a través de una radio con un circuito de tecnología que hicimos al nivel de primero de la ESO.
La letra de una de las canciones del disco, Anabeluna, da esa sensación de que has querido dar una respuesta a algo.
Sí, está ese punto que se lee entre líneas, medio rebelde, de que no quiero responder a ninguna expectativa de nada. Este es el tercer disco y no es lo mismo que el primero o el segundo. Hay más gente que te conoce y existe un poco de presión que afecta a lo que haces. Ese punto de pensar que quiero ser libre en ese sentido.
Otra novedad en este disco son dos canciones en catalán. ¿Esta aparición del catalán irá creciendo o es algo anecdótico?
El catalán está saliendo. Mis padres hablan castellano y en el pueblo donde vivía muchos de mis amigos hablaban castellano, y era la lengua que utilizaba salvo en el colegio donde utilizaba el catalán. Ahora que llevo cinco años en Barcelona, la mayor parte del tiempo hablo en catalán. Al final me sale de una manera natural, y cada vez más.

En alguna canción se detecta cierto tonteo con la electrónica, ¿llegará el punto en el que te escuchemos en un estilo más bailable?
Yo quería hacerlo más. Ha sido muy pequeño el tonteo, pero la voluntad inicial era ir más hacia la electrónica. Creo que en algún momento saldrá.
¿Y veremos reflejada en el directo toda esta experimentación presente en el disco?
Esa es la idea. Vamos a ser seis, cosa que me da miedo solo de imaginármelo, y queremos transmitir bastante ya que el peso del disco está en los ambientes y la musicalidad y me gustaría llegar a transmitir en los directos estos sonidos y toda esta historia.
¿Trasladarás este nuevo sonido a las canciones antiguas?
Aunque vamos a tocar temas antiguos, lo que queremos hacer es conservar un poco ese sonido de banda más clásico para contrastar, aunque algo se verá afectado. Por ejemplo va a venir un arpista, que es un instrumento con un sonido muy característico.
El disco se cierra con la canción Mírate, y da la impresión de que aún eres escéptica con tu papel en el mundo de la música.
Supongo que es fruto de esa sensación. Recuerdo perfectamente el día que la compuse. Estaba en casa y acababa de hablar con mi madre, que empezó a cuestionar mi vida laboral. Mis padres siempre me preguntan “qué vas a hacer” y la hice pensando en mi madre hablándome, preguntándome “cuándo vas a trabajar en algo normal como los demás”. Ella es médico y a veces le cuesta entender estas profesiones inestables. La puse al final del disco buscando la ironía o la broma, en plan “qué coño estás haciendo después de este disco tan friki, ¿algún día vas a currar?”. (Entre risas) Es irónico y lo que quiero decir es que me dejen en paz y que hago lo que puedo y lo que me da la gana.
Fotos: Ana Madrid








