El dolor y la pérdida siempre son asfixiantes, siempre provocan una reacción en los seres humanos de pena, de sentimiento exterior, de salida de emergencia. En los músicos la pérdida de un ser querido siempre ha quedado reflejada con resultados tan desoladores como geniales, donde destaca la canción como terapia, como le sucedió a Rufus Wainwright tras la muerte de su madre Kate McGarrigle.
Esto nos lleva al contexto en el que Soap & Skin, el proyecto de la joven austriaca Anja Plaschg, publica su nuevo trabajo Narrow para el que ha dejado pasar tres años tras su debut (cuando apenas tenía 18 años), y que viene marcado por una pérdida, la de su padre, que sin ser explícitamente mencionada en el disco, sobrevuela todos y cada uno de los ocho cortes con unas extremas dosis de tristeza tanto en la voz como en esos pianos cortantes y las cuerdas como alambres de espino clavándose en la piel que hacen de su segundo trabajo uno de los más desoladores escuchados en los últimos tiempos.
Afortunadamente, y al contrario de otros artistas cuyos trabajos centrados en la angustia eran casi imposibles de escuchar más de una vez, Plaschg convierte el dolor en una colección de canciones tan hermosas como apocalípticas, de una aflicción que supera las melodías y la rasgada voz, el quejido que se lamenta sin descanso de la cruda verdad, y consigue transmitir una sobrenatural belleza a la par que una penetrante sensación de desasosiego. ¿Y es que existe un dolor mayor que el que transmiten los gritos en los que desemboca el corte Vater que abre el álbum? “Ohne pein” (Sin angustia), exclama la artista antes de que lo que comenzaba como un aria funeral se convierta en una pequeña crisis electrónica. Este dolor volverá a ser especialmente desgarrador en Boat turns toward the port, en cuyo final encadena a gritos un “quédate aquí” que pone los pelos de punta.
También incluye este trabajo toda una revelación, que es la transformación de Voyage Voyage, clásico y festivo himno pop de los ochenta, en una canción que suena a réquiem, a lamento, que surje de un destrozado corazón que, melancólico, intenta avanzar en un devastado entorno que se expresa con un áspero piano y unas sutiles y crecientes cuerdas que se van elevando en una de las mejores versiones que se hayan podido escuchar recientemente.
Y cuando parece que Narrow es un disco de piano, voz triste y canciones melancólicas aparece Deathmental, que comienza como una canción de la Björk más temprana e inspirada, con una serie de programaciones y bases electrónicas que pueden despistarnos de la que probablemente sea la pieza más tenebrosa del conjunto, con una letra de la que la esperanza ha desaparecido: “la vida yace en tu corazón como en un ataúd, deja de fingir que sufres como un niño”. Esta oscuridad volverá a ser especialmente asfixiante en la canción que cierra el disco, Big Hand Nails Down, que arranca con un tic tac de reloj que da paso a una letra sobre los sentimientos más lóbregos a los que pueda acceder una mente humana: “Te cuidé como una corona colgando boca abajo,… mi vida llorando a tus pies en la horca del amor”.
No todo es tan desmoralizador. Cradlesong es una canción mucho más romántica y ligera, tanto en la letra como en el formato de piano y voz, mientras que el single, Wonder, arranca como una de esas bonitas canciones al piano de Perfume Genius y se convierte en una espléndida melodía coral de voces esperanzadoras a lo Sufjan Stevens (“No olvides rezar para mantenerlo alejado de todos los días, en los que te preguntas por qué no podemos ser o ver lo que nos corta en pedazos…”).
El dolor se puede transmitir de muchas maneras. Hay muchos discos que trasladan la pérdida de forma eficaz, pero este Narrow de Soap & Skin que convierte el abatimiento en belleza y la oscuridad en audacia está llamado a ser no solo uno de los discos más destacados de este 2012, sino la confirmación de una artista llamada a convertirse en la nueva adalid femenina de la tristeza.











Me fascinó la reseña, muy puntual. El año pasado descubrí este proyecto y desde entonces se ha vuelto en una de mis obsesiones; sus dos materiales me parecen excepcionales.