Ese tema recurrente, mil veces usado, difícil de dar la vuelta de tuerca con él: la infidelidad. Aún así podríamos esperar que Francia, un país en el que sin duda este tema lleva años de ventaja en libertad mental, podría aportar una revalorización.
Es una lástima decir que la nueva película del recién oscarizado Jean Dujardin es una oportunidad desaprovechada para abordar con cierta frescura la infidelidad conyugal desde una perspectiva cómica o dramática.
Cierto es que no existen pretensiones o imposturas en la presentación del film. No hay una intención de hacer una obra maestra, es cine de entretenimiento. Aún y con el juicio de este tipo de cine, parece un metraje en muchas ocasiones realizado a rebufo de la fama de Dujardin, con una dejadez que resulta extraña en un tema que podría dar tanto juego al enredo aun recurriendo a clichés.
La estructura del metraje se arma a partir de varias historias que comparten, como en el teatro de variedades, a sus actores principales. Junto a Dujardin está el también francés Guilles Lelouche.
Dujardin demuestra que es un actor versátil, capaz en la comedia y en el drama aunque las historias no tengan fuerza o grancho. Lelouche es un actor bastante limitado, ni gracioso en la comedia ni solvente en el drama. Las más de las veces parece un principiante sobremusculado.
El film encadena varias pequeñas tramas entrelazadas y bastante irregulares, como corresponde a una película de tantos padres diferentes. Ese es un defecto menor –la cohesión-, muy por debajo del problema del nivel poco agraciado de la mayor parte de las propias piezas.
Entre las pequeñas historias se intercalan una seria de mini historias como entremeses, que son graciosas en ocasiones aunque destruyen un poco más la coherencia. Da la impresión de ser una recopilación de cortos que una película integral.
Entre los más destacados nombrar la historia tópica del hombre respetable que mantiene una relación extraconyugal con una universitaria –la sombra de Lolita es alargada– o la de un Dujardin encarnando a un patético empleado en pleno viaje de negocios que intenta por todos los medios intentar acostarse con alguien.
Sin embargo entre tanta torticería destaca un episodio, el titulado La question, de la directora Emmanuelle Bercot. Es sin duda el más aprovechable de la película; ponderado, cínico, realista y escandalosamente sincero. Una dirección firme y unos diálogos sin pomposidad, realistas y profundos. Bravo.
¿Merece la pena salvar una película por una escena estupenda? El público decide.










