Hace unos dos años, un director griego de apellido casi impronunciable revolucionaba las salas de cine con una película tan marciana como hipnótica. Canino supuso toda una revelación, y le dio a su creador una visibilidad internacional pocas veces vista en una película de tan escaso presupuesto como ese film donde una familia vivía al margen de la realidad y creaba su propia cotidianidad perversa. Esa oscura tentación es la que nos lleva hasta Alps, la tercera película de Giorgos Lanthimos.
No esperen ver montañas nevadas o grupos de personas en riesgo de caer al vacío mientras practican alpinismo. Alps se titula así por el grupo protagonista, un puñado de freaks con vidas aparentemente mediocres que decide montar un grupo con el que ofrecer una suerte de servicio de sustitución de personas fallecidas para ayudar a las familias a superar la pérdida. Buscando nombres en clave para el equipo, deciden que se denominarán Alps para no levantar sospechas, asumiendo cada miembro el nombre de uno de los montes de la cordillera.
Aparte de esto, poco o nada tiene que ver el título con la película, que inmediatamente nos remite de manera inevitable a su predecesora, tanto por la sensación de incertidumbre y de desconcierto ante la sucesión de escenas que vamos viendo, como por la fotografía, muy similar a la de Canino, como por la presencia de una de las protagonistas, una enfermera interpretada por Aggeliki Papoulia, a quien ya conocimos como una de las hijas de la familia que protagonizaba la película anterior, y que de nuevo hace un excelente papel. Aparte de estas inevitables coincidencias, y tristemente, la película se aleja de la genialidad y redondez de su predecesora, y gran parte del metraje consiste en una sucesión de conversaciones sin ningún tipo de interés para el espectador, aumentando los niveles de tedio hasta niveles innecesarios. Esto se complementa con momentos de gran nivel artístico, tanto en los actores como en la forma tan inquietante como sugerente de manejar las imágenes del director, que por momentos nos lleva a sentir que perseguimos a los personajes, o que somos parte de sus vivencias.
Por suerte, no todo es insulso, y es en las escenas donde predomina un humor tan negro como hilarante donde más se disfruta de la película, destacando especialmente toda la relación de la enfermera con el vendedor de lámparas, que incluye algunos de los momentos y conversaciones más disparatadamente bizarros que se hayan visto en las pantallas de cine en los últimos tiempos. Sin embargo, y a pesar de algún que otro traspiés en un guión lleno de perversión muchas veces innecesaria, de nuevo Lanthimos dirige su película hacia un final acelerado, desconcertante y repleto de desasosiego que nos devuelve esa mirada sobre la fragilidad del ser humano, de la mente, del pequeño salto que va desde la normalidad a la locura.
Con todos estos detalles, Alps es una película claramente orientada hacia el nuevo público obtenido por el director tras el éxito de su segundo trabajo, con numerosas referencias a la cultura anglosajona, y cuyo mayor lastre es precisamente que prácticamente todo nos suena a ya visto, nos recuerda con una mezcla de frustración y lástima a su primer film y produce, de manera inevitable, una sensación de película menor. Será con su próximo trabajo con el que el director tendrá que demostrar si su deslumbrante trabajo en Canino no fue solo un espejismo.












La tengo pendiente y tengo muchas ganas de verla porque “Canino” me encanta… pero por lo general, las reacciones hacia “Alps” son mucho más tibias y no parece tan deslumbrante. Veremos!