El pamplonica Festival Punto de Vista es, desde hace varios años, un certamen de referencia en el panorama del cine de no ficción a nivel internacional, el principal escaparate para las propuestas cinematográficas más radicales y arriesgadas en nuestro país y un punto de encuentro esencial entre público, prensa y profesionales. En los tiempos que corren para la cultura, donde el acoso y derribo a los festivales cinematográficos –especialmente a los más audaces o minoritarios, en los que prima el contenido inteligente por encima de la foto y la alfombra roja– está a la orden del día, ha sido un certamen precisamente dedicado desde sus inicios a la exploración de la vanguardia el primero en hacernos ver la importancia de defender con uñas y dientes la retaguardia.
Tras el seísmo sufrido en septiembre, con una amenaza de extinción finalmente sofocada gracias al multitudinario apoyo mostrado tanto por cineastas y profesionales como por el público nacional y local, se alcanzó una victoria a media sonrisa con su reconversión en un certamen bienal (al menos durante la crisis, según dijeron las autoridades cubriéndose las espaldas).
El primer ejemplo de resistencia no se hizo esperar: el equipo del festival conseguía salvar parte del trabajo realizado organizando un Seminario Internacional Punto de Vista en torno a los cineastas Sylvain George y Amir Muhammad, celebrado hace un par de semanas con estimulante éxito. Estructurado principalmente en dos master class y dos debates con los citados directores, además de la proyección casi integral de sus respectivas obras, el seminario rescató también la sección del festival Proyecto X Films, dando así continuidad anual a su ejemplar proyecto de mecenazgo consistente en la selección de una de las tres propuestas presentadas para la producción de una pieza documental, a estrenar en la siguiente edición.

El malasio Amir Muhammad, primer (y prácticamente único) cineasta documental de Malasia, mostró su peculiar forma de entender el cine ensayo, una forma tan lúdica como crítica y comprometida de reflejar la realidad de su país. Malaysian gods, su trabajo más reciente incluido en la muestra, resultó también el más interesante al hablar de un episodio de la historia reciente de Malasia (el movimiento “Reformasi”) sin recurrir a imágenes de archivo, tan sólo paseando por los lugares de los hechos y hablando con la gente que pasa por la calle. Esa mezcla de intereses que conforma su discurso –historia de su país, cultura popular, visión cotidiana– quedó patente en sus distintas intervenciones, en las que mostraba tanta pasión por los poetas malasios y la interpretación política de ciertos mitos como por la herencia de su cine popular.
Por su parte, el francés Sylvain George sumergió a los asistentes en la problemática situación de los inmigrantes en la ciudad de Calais, reflejada en contundentes artefactos que amplifican su intención política a través de un elaborado trabajo poético, cuya cima es una película que ha conocido distintas versiones (y que tal vez siga mutando en posteriores montajes) titulada Qu’ils reposent en révolte (Des figures de guerres I). Pese a lo que pudiera parecer en un principio, la supuesta gran distancia (estética, formal) que separa el cine de ambos directores encierra sorprendentes puntos de contacto en sus posturas ante el hecho cinematográfico. Pese a acercarse de distinta manera a la realidad, ambos poseen una mirada reflexiva ante la sociedad que les rodea, que se manifiesta en un marcado compromiso con los temas que tratan y con el modo de afrontarlos. Por otro lado, sus películas también comparten una serie de características como el peso que ambos otorgan al texto escrito (y a las citas literarias y poéticas) o la importancia de la memoria. En definitiva, dos formas complementarias de cine político, de la rabia al humor, de la revisión del pasado reciente al retrato urgente de la actualidad, pero siempre desde un punto de vista crítico.
El seminario se completó con la elección del ganador del Proyecto X Films, “Dime quién era Sanchicorrota” de Jorge Tur, y con una proyección sorpresa: el estreno en España del nuevo largometraje de Andrés Duque, Ensayo final para utopía. La fascinante película de Duque retoma ciertas características de su anterior Color perro que huye (ganadora del premio del público en la anterior edición de Punto de Vista) para mostrar una notable evolución en su forma de narrar intuitiva y sensorial, que conforma toda una enredadera de momentos autobiográficos. Sobre este tema incidió la extraordinaria presentación de la película a cargo de Carlos Muguiro, anterior director del festival, cuya presencia supuso un gesto tan emocionante como significativo de la importancia de mantener viva la llama del Punto de Vista.
Al margen del propio seminario y organizado por un grupo de simpatizantes del festival (cineastas, músicos, profesionales y espectadores), financiado mediante micro-donaciones a través de internet, tuvo lugar el segundo y no menos importante gesto de resistencia. El denominado “Offf PdV: Retaguardia!”, una reivindicación “crítica, lúdica, popular y gratuita” del festival en palabras de sus responsables, consistió en dos noches de conciertos y proyecciones durante el fin de semana del seminario. Realizadores cercanos al festival como el reciente ganador de la Concha de Oro Isaki Lacuesta, el citado Andrés Duque, Lluís Escartín o el colectivo Los Hijos, entre otros, elaboraron una serie de piezas de found footage (extraído del interesante proyecto Your Lost Memories) para ilustrar las actuaciones musicales de Javier Corcobado, Remate, Kokoshca, Mursego y otros grupos que colaboraron desinteresadamente por la causa.
La impresión que dejó esta iniciativa, como perfecto broche (y fin de fiesta) al seminario, no pudo ser mejor: una sensación de celebración popular, de manifestación por la preservación de la cultura, y sobre todo, de toma de postura: la de proteger lo que nos pertenece, no descuidar la retaguardia.
G. Piqué








