No vamos a negarlo: nos encanta romper las reglas. O, al menos, ver cómo las rompen los demás. Por eso tienen tanto éxito las historias sobre delincuentes o cualquier otra cosa que tenga que ver con organizar un golpe y burlar a la policía. Y, si de lo que se trata es de escapar de una prisión (o bien sobrevivir en ella), mejor que mejor. Subidón de adrenalina asegurado. Sin embargo, y como se puede adivinar por el título de esta serie, Prisoners’ Wives dedica sus seis episodios a contarlos la vida de los que están fuera de la cárcel y no dentro de ella.
La serie comienza cuando Gemma (Emma Rigby, Demons Never Die), felizmente casada y embarazada de su primer hijo, es testigo de la detención de su marido. Éste es acusado de asesinato (a pesar de que jura y perjura que es inocente) y encerrado en prisión, único lugar donde ella podrá verlo a partir de ahora. Intentando acostumbrarse a la idea de que él no estará presente cuando nazca el bebé y asaltada por las dudas respecto a su inocencia, intenta concentrarse en su trabajo y conciliarlo con sus visitas a la cárcel, donde entablará amistad con otras tres mujeres que también tienen a un ser querido entre rejas:
Lou (Natalie Gavin, Shameless) es una joven madre que, acompañada por su hijo, acude cada semana a visitar a su novio. Sabiendo que él pronto estará libre y para intentar evitarle traumas al pequeño, ambos han decidido ocultarle la verdad y le cuentan que su padre no es un preso, sino que trabaja en la prisión. A pesar de saber que cualquier pequeño error hará que el niño caiga en manos de los servicios sociales, Lou sale cada noche a vender hierba, lo cual hará que las cosas se compliquen de una forma que no puede ni imaginar.

Francesca (Polly Walker, Roma) es una mujer que, junto a sus hijos adolescentes, disfruta del dinero que su marido ha conseguido gracias a sus turbios negocios, lo que le ayuda a sobrellevar la estancia de éste en la cárcel. Sin embargo, no pasará mucho tiempo hasta que la justicia embargue sus bienes y se vea en la calle, sin lujos ni posesión alguna, y deba por primera vez tomar las riendas de su vida e intentar solucionar lo desesperado de su situación.
Harriet (Pippa Haywood, Kingdom) tiene el honor de protagonizar la historia más dura de todas. Acude a visitar a su hijo Gavin, quien la culpa de haber sido encarcelado y de todo lo que en la prisiónn le ocurre. Sintiéndose culpable y consciente de que el resto de presos están convirtiendo la vida de su hijo en una pesadilla, Harriet hará todo lo que esté en su mano para que la situación de éste mejore. Pero, ¿hasta dónde estará dispuesta a llegar?

Así, mientras las vidas de los presos quedan relegadas a un segundo plano, la serie se centra en lo que estas cuatro mujeres están dispuestas a hacer por sus seres queridos y por ellas mismas. Pero, ¿harán siempre lo correcto? ¿O cometerán los mismos errores que han cometido aquellos a los que creen proteger?
Como se dice en el primer episodio, detrás de cada arresto hay una mujer que o bien sabe la verdad y miente, o bien es una estúpida y una ignorante. Y, sin embargo, la verdad deja pronto de ser lo más importante. Serán las diferentes formas que tiene cada una de enfrentarse a su situación y, especialmente, a lo que irá sucediendo a lo largo de los seis capítulos que conforman la serie, lo que determine cómo se desencadenarán los acontecimientos y en qué quedara cada una de las relaciones de las que somos testigos.










