Literatura

‘Satori en París’, la madurez del beatnik

Por Arancha Rodríguez 14 feb 2012 0
‘Satori en París’, la madurez del beatnik
    • Satori en París
    • Jack Kerouac
    • Editorial: Escalera

Con motivo del cuadragésimo aniversario de la muerte del autor, Ediciones La Escalera publica en España la penúltima obra de Jack Kerouac: Satori en París (literalmente: “iluminación” en París). En ella, so pretexto de conocer sus raíces bretonas, el autor viaja a Francia a realizar una supuesta investigación que caerá en el vacío dejando, sin embargo, una breve pero vigorosa novela. El término satori, empleado en ciertas religiones orientales, enraiza directamente con el motivo último de la novela: el insípido destino del hombre que se ve, no obstante, salpicado en contadas ocasiones por inspiraciones, iluminaciones provenientes de las más absurdas casualidades y que, en definitiva, configuran lo que ha de ser y pensar. Es este un texto más poético que los que caracterizan al autor, y su experiencia personal comparte protagonismo con las descripciones de un París de ensueño que a su vez muestra una extrema decadencia. Los contrastes de París son el hombre, su existencia  a veces hermosa y otras sólo soportable rebosante de alcohol.

Casi sin quererlo, Satori en París nos presenta la madurez del beatnik, si es que eso es posible. El propio título y aquello a lo que alude nos demuestran que, más allá de la escritura automática y las miles de anécdotas recopiladas en torno a pequeñas cuestiones banales, existe un trasfondo que Kerouac relaciona en un principio con el misticismo católico. Apreciamos, como no, la estrecha vinculación con su obra más conocida, On the road (“En el camino”) y un estilo infranqueable, sin embargo las anécdotas se vuelven más anchas, más reflexivas; menos hostiles, menos anécdotas. Incluso el motivo primero de la obra, la búsqueda de las raíces de los Kerouac (antiguos nobles bretones) hace al autor volver la vista atrás, inspeccionar lo que representa nuestro nombre, nuestra familia y nuestro pasado.
Los satoris que asaltan a Kerouac, sobre todo en la primera parte del libro, desarrollada en París, muestran la firme consistencia de una visión crítica, algo que va más allá de su majadería u obscenidad. Quizás en la segunda parte de la novela, desarrollada en Brest, Kerouac se dedica a la contemplación y el hedonismo más que en París, recordando (esta vez sí) directamente al joven Neal Cassady en la carretera. No obstante, incluso él mismo parece darse cuenta de la inutilidad de estas cuestiones fútiles (“¿Pero por qué sacar de quicio al lector?”) que si bien forman parte de lo que él representa, son sólo la punta de un iceberg que de forma tímida se nos muestra en Satori en París.

La aparente vergüenza por salirse de su camino de eterno adolescente parece trabar un talento que la novela, sin embargo, no es capaz de esconder. Satori en París enmarca indudablemente a su generación, su tendencia literaria, pero es también un rincón desconocido de ese autor controvertido y particular que es Kerouac. El libro hará las delicias de los admiradores del estilo Beat, pero también representa una buena oportunidad para que los profanos se aproximen al mundo beatnik sin adentrarse en las farragosas sendas de obras “puras” como On the Road.

Deja un comentario »

Connect with Facebook