Cine

Rushdie y Mehta: Juntar el hambre con las ganas de comer

Por Eva Escribano 15 feb 2012 0
Rushdie y Mehta: Juntar el hambre con las ganas de comer

Eso es precisamente lo que servidora pensó al descubrir hace poco que los Hijos de la medianoche, del ínclito indobritánico Salman Rushdie (Los versos satánicos, Shalimar el Payaso), han sido convertidos en película por la no menos famosa indocanadiense Deepa Mehta (Fuego, Tierra, Agua). Teniendo en tan alta consideración como tengo a escritor y realizadora, me sorprendió no haberme enterado antes de semejante tinglado (los dos tienen bastante experiencia en provocarlos). Quizás se deba a que el rodaje, llevado a cabo entre Febrero y Mayo del año pasado, se ha mantenido en un discretísimo segundo plano hasta estos últimos meses. En realidad, la película ha estado gestándose como idea durante años, ha sido filmada en Colombo, Sri Lanka, bajo el título-cubierta de Vientos de cambio, para asegurarse una pizca más de invisibilidad, y ha contado con un reparto al que las cláusulas de sus respectivos contratos les obligaban sí o sí a participar en el secretismo.

Se trata de la primera novela de Rushdie en ser adaptada a la gran pantalla. Y no sin razón. Hijos de la medianoche tenía ya la fama en el mundillo de ser algo “infilmable”. Allá, a finales de los noventa, la BBC estuvo muy interesada en dedicarle una miniserie televisiva pero sucesivos problemas con algunas autoridades islámicas llevaron a cancelar la propuesta.

Por otro lado, se trata de una obra literaria de seiscientas y picos páginas, una cantidad de texto nada despreciable que encierra una historia compleja, densa y coral. Aquí es donde el terreno de lo “filmable”, y por extensión la que escribe, nos revolvemos algo inquietos; también tenemos nuestras razones. ¿Hasta qué punto esta versión va a colmar o sacudir las expectativas, que me imagino que se crearán, y muchas, de los que han considerado al libro una de esas joyas irrepetibles del realismo mágico? ¿Tenemos ganas de discutir sobre si es o no una buena adaptación y por qué, sin llegar a nada en claro? ¿Otra vez? ¿No sería mejor dejar la obra tal y como está en nuestras estanterías y cabezas, que la Mehta se dedicara a otra cosa y Rushdie más de lo mismo? ¿No sería mejor al final mantener nuestra propia versión mental de Saleem Sinai y de sus hermanos telepáticos sin fotogramas de por medio?

Lo que consigue tranquilizarme en todo este asunto es el hecho de que ha sido el propio Rushdie el encargado de recortar por aquí y por allá como guionista principal (un aspecto que parece evidente pero que debería repetirse con más frecuencia en el mundo del cine). Tratándose además de Deepa Mehta no tengo ninguna duda de que el aspecto técnico-visual estará muy cuidado. Todavía recuerdo lo bien que captó en Agua aquella atmósfera congelada en el tiempo de una moderna Colombo que se hizo pasar por la sagrada Varanasi.

La controversia posterior también estará servida y no me refiero al tema de la adaptación en sí sino a las polémicas que tanto los hijos como ambos creadores han ido acumulando con el paso del tiempo. Escritor y directora tienen ese pasado común de rascar donde más duele.

Con su trilogía de los elementos, Mehta encendió hace años las venas sensibles de algunos líderes políticos y religiosos hinduistas. Su versión gráfica de los aspectos menos atractivos de la cultura hindú del pasado y presente no sentaron demasiado bien, llegando al punto de boicotear en 2005 el rodaje de Agua en India, que tuvo que trasladarse a Sri Lanka, asaltar y quemar aquellas salas donde se atrevieron a exhibir las obras de la autora y a proferir amenazas contra su vida. Por su parte, la crítica a Salman Rushdie llegó algo más lejos: la publicación de Los versos satánicos en 1988 le granjeó una condena a muerte oficial durante diez años por parte del ayatolá Jomeini y le colocó como blanco de las censuras de otros tantos fundamentalistas islámicos. Un poco antes y con sus hijos sacó a la mismísima primera ministra Indira Ghandi de su sitio y fue llevado a un juzgado británico por difamación (el asunto terminó al final con el autor eliminando la frase de la polémica).

En una entrevista concedida a The Guardian, Deepa Mehta aseguró que si no hubiera contado con la colaboración del propio Rushdie, la tarea se habría transformado en algo desalentador e imposible. Aseguró también que la clave de su colaboración está en el hecho de que se entienden y se respetan mutuamente como artistas. Ya ha quedado claro además que tienen pensado volver a encender algunas partes del mundo y que esta vez recibirán las críticas a dúo.

La pregunta ahora es, ¿hasta cuándo tendremos que esperar para ver a la trouppe de medianoche en carne y hueso? Todavía no está claro pero parece que la película se estrenará en el último trimestre de este año.

La novela

Los hijos de medianoche (1981) narra los avatares de Saleem Sinai y otros mil niños más que llegan al mundo durante las campanadas que convierten a la India en una república independiente, el 15 de Agosto de 1947. Reproduciendo indirectamente las idas y venidas de la nueva nación, también recién parida y dando sus primeros pasos, cada uno de ellos es dueño de un poder especial. Sus destinos quedan conectados de algún modo en el espacio telepático creado por el propio Saleem. Aunque la acción se centra en la vida de este personaje y en su relación a distancia con su némesis Shiva, Rushdie teje un complicado universo de existencias ligadas, grandes desazones e ironías en una carrera biográfica que nos recuerda en cierto modo a un pícaro moderno de Dickens o al Oskar Matzerath de Günter Grass.

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