Hace unos años que se nos apareció un personaje llamado Joe Crepúsculo, especializado en grabar discos con toneladas de canciones, producciones caseras que sonaban cuanto menos cutre, y todos nos preguntábamos cuánto tenía de serio, cuánto de broma y cuánto de genialidad este señor de página web mareante y retro. Retro como una música y un estilo que le puso a los pies de la crítica con el excesivo pero sorprendente Supercrepus. Luego vinieron algunos sucesores algo desorientados donde uno ya no sabía encontrar a aquel simpático personaje que hacía canciones caseras y parecía querer reírse de todos con aires amateur. Pero he aquí que este año 2012 Crepus ha vuelto, y lo hace con un fantástico disco en el que ha vuelto a las labores de producción para reinventarse y consolidarse como cronista de la música popular española y latina, homenajeando estilos dispersos y golpeando con fuerza la mesa recordando que sigue estando ahí.
Pero lejos quedan los tiempos de las grabaciones caseras que regalaba en la web y los interminables discos con un par de decenas de canciones. El Caldero concentra lo mejor de su música, está muchísimo más cuidado y trabajado que su predecesor, Nuevo Ritmo, donde ya se apreciaba esa evolución hacia un sonido más meticuloso. Aquí reduce los referentes a la música latinoamericana a un par de canciones y refuerza un estilo que tiende más a ese combinado entre la música de verbena de pueblo o de gala de variedades, y un buen puñado de geniales temas pop.
Y no solo por lo musical, sino por esas letras imposibles a las que estamos acostumbrados con perlas como “y que me hagas girar como la máquina de kebab / y si el fuego que hay dentro de ti me llega a quemar alguna vez / eso está por ver” o superlativas almibaradas y cercanas a lo paródico (“quiero estar siempre a tu lado / vivir contigo los momentos malos”) en ‘Enséñame a amar’, que podrían funcionar de la misma manera como parodia que como canción seria, algo que solo un genio puede resolver con éxito. Es precisamente el tema amoroso y profundo el que parece predominar, como comprobamos en la enorme ‘Si tú te vas’ (“yo soy esclava de mis errores / nunca he perdido tanto de una sola vez / tal vez nos estemos haciendo mayores / si tú te vas no sé qué hacer”).
Y es que Joël Iriarte ha pasado un año encerrado en el estudio, trabajando las canciones de forma autónoma, como en sus inicios. Lo que antaño sonaba algo descuidado e inmediato, ahora se percibe mucho más cuidado y evolucionado. Canciones como ‘La higuera’, la ya comentada ‘Amor de fuego’, el tropicalismo con mensaje de ‘La fuerza de la vida’ o ‘Avena loca’ entran desde la primera escucha con estribillos pegadizos a rabiar y un sonido que recupera la caja de ritmos como hilo conductor. Por supuesto, queda espacio para esas bromas como la simpática ‘Una semana con los polis’ que arranca una sonrisa: “toda la semana sin duchar / sentado descalzo en el sofá / mirando películas de policías / tomando cigarros y cervezas frías”, y además se lanza con el catalán en la inclasificable ‘Quan tothom s’ha marchat’, sacando a relucir en ambas la aspereza vocal marca de la casa.
Con todo, El Caldero sorprende a los que poco esperaban a estas alturas de Joe Crepúsculo. Es además un disco que parece llamado a ampliar su público y se consolida como uno de esos genios posmodernos que tanta falta nos hacen en este país, y al que quienes echaran de menos su esencia podrán volver a disfrutar de lleno.












