Maryluz nació en Málaga en 1983. Llegó a Madrid hace diez años para estudiar Dirección en la Resad. Creó la compañía de danza La Phármaco en 2009. En Escena Contemporánea (EC) ha estrenado junto a Koke Armero “Antes fue siempre fuego”.
¿Qué es, qué vemos y qué no vemos en la obra que has presentado en EC?
El motor profundo de toda la obra tiene que ver con la docilidad. Es decir, con la capacidad que tiene la materia de asumir una forma. La capacidad que tiene el cuerpo de encarnar la forma, de dejarse atravesar por ella.
Desde una perspectiva amplia vemos en la obra dos cuerpos esperando a que la forma los atraviese, por eso decimos siempre que no se trata de bailar sino de ser bailado. Como si la danza fuera la necesidad que tiene la forma de manifestarse y hacerse carne.
El cuerpo siempre está esperando a que una forma aparezca y esa forma que aparece siempre se vuelve a ir; de modo que es como si ese vínculo entre la forma y la carne fuera la última esperanza de realidad, de belleza, siempre fugaz. La coincidencia en la forma, en el espacio o en el tiempo es lo único que une a los dos cuerpos.

¿Cómo crees que ha ido evolucionando el trabajo desde tu primera creación escénica “El libro de los venenos”?
En “El libro de los venenos” tenía la intuición de que la danza sólo puede ser involuntaria. El cuerpo bailaba por la necesidad que tenía la enfermedad de manifestarse. En “El monstruo de las dos espaldas” el baile resultaba del conflicto entre los cuerpos. La tensión y el deseo desembocaban en movimiento, en danza. En ninguno de los dos casos hubo un motivo propiamente formal.
Ahora, por primera vez, creo que me he quitado la excusa, he dejado de identificar la forma con estados físicos o mentales, intenciones o deseos. Creo que esa es la potencia y al mismo tiempo la dificultad de la obra, que no ilustra, que no tiene una traducción concreta a un tema, que funciona con respecto a las anteriores como un poema. En esta obra continuamos explorando estados y concentraciones apuntados ya en “El monstruo de las dos espaldas”, sobre todo en Koke. Y entre otras cosas, hemos trabajado con mayor profundidad las composiciones a dos, la simetría y la correspondencia.
En esta obra, además de intentar desapegarnos de una estructura dramática, causal, o lineal, el punto de partida han sido siempre formas fugaces. Por ejemplo, para mí el punto de partida de la obra es el solo de Koke. En él se plantea el material gestual que luego vamos a desarrollar los dos. La obra parte del descubrimiento de los brazos y las manos, luego enlaza con la idea de la fragua, la herramienta, con el momento en el que el hombre se da cuenta de que lo es y toma conciencia, por lo tanto, de “lo otro“. Ese hombre que descubre lo que es y que descubre el mundo material, necesita comprenderlo y darle forma, no se contenta con que exista, sino que necesita intervenir, dominar.
¿Tú qué encarnas en la obra?
La estructura de la obra está inspirada en la tragedia arcaica griega, hay un solo personaje y un coro. En este caso el personaje principal es Koke. Los músicos, la fragua y yo somos lo mismo, tenemos la misma función: Nos comportamos, siempre que él intenta aproximarse para comprender y dominar, como una proyección, un reflejo, una proyección que no sólo es psicológica sino que también es mítica, divina, y que debería funcionar en todos los planos.
La obra, por tanto, se estructuraría así: Koke plantea un problema, plantea la situación de un hombre en el mundo. Llega ante nosotros sin brazos, los descubre, los usa y empieza la tragedia. Y el coro desde arriba comenta su tragedia, musicalmente. Koke empieza en un no tiempo, un no espacio, totalmente subjetivo. El coro marca desde fuera el tempo, el ritmo de lo natural.
¿Desde qué lugar creas, si es que existe un lugar desde el que crear?
Los momentos, las ideas físicas, aparecen. Aparecen como imágenes en la cabeza y luego también físicamente, por sorpresa, de una forma extraña e incomprensible.
El entrenamiento diario es fundamental; a veces hay una intuición no cerrada, trabajas en la pre-intuición de que va a venir una intuición. Hay equivocaciones, por ejemplo, he pasado todo el verano dedicada a un motivo físico que no ha llegado a nada. También me ha ocurrido que después de trabajar en una dirección de la que no sale nada rotundo, después, al cabo del tiempo, se concreta.
¿Qué buscas en la escritura coreográfica?
Creo que hay formas rotundas que tocan el inconsciente colectivo. Yo estoy en busca de esas formas. Por ejemplo, el alfabeto propuesto por el ballet clásico es geométrico, conceptual, está hecho de ideas, es muy difícil identificarse, por ejemplo con un “passé”. Por otro lado, la danza conceptual desea que el cuerpo sea pura idea, puro pensamiento. Que el cuerpo sea un manifiesto filosófico tan directo me parece que va en contra de la fisicalidad. Y por otro lado, la danza contemporánea ha investigado sobre todo la dinámica pero ha prescindido, a grandes rasgos, de la imaginería. Mi trabajo tiene en común con lo clásico el interés por la forma; me interesa dibujar en el espacio, me interesa la simetría, pero sólo me interesan si se posicionan poéticamente. Por ejemplo, en “Sed Erosiona”, el solo que presenté en la Sala Pradillo en 2011, ahondé por primera vez en la idea de que un cuerpo sabe que es todos los cuerpos y puede y debe dirigirse al inconsciente físico colectivo. Hay que dialogar con la historia de los cuerpos.
¿Cuáles son tus referentes?
El flamenco me interesa mucho, aunque no me dedicaría nunca al flamenco, porque no pertenezco a ese mundo. Pero hay algo en los buenos bailaores flamencos y en el concepto profundo del flamenco con lo que me identifico y es el sometimiento al compás. Existe en el flamenco una comunicación extraña entre lo interno y lo externo, como un respeto absoluto a lo que nace de dentro sometido al dictamen de lo de afuera. En este sentido, en el flamenco está muy lograda, es muy verosímil, esa representación de lo externo que se impone, de una especie de ley natural. Esto para mí es la clave de la danza. Creo que esa es la razón del movimiento, el diálogo de lo interno con las fuerzas. Uno mismo por dentro es también una fuerza pero no está nunca sola, está siempre en diálogo con otra cosa. No entiendo otro motivo para bailar que ese diálogo.
En nuestra obra, ese afuera tiene muchos lenguajes, el físico, el musical, el objetual, el espacial, etc, y se manifiesta de muchas maneras. Me gustaría afinar en nuestras dos interpretaciones y en la composición general. Me gustaría ver entre nuestros dos cuerpos una clara diferencia de naturalezas.
¿Qué proyectos tienes para este año?
El paso siguiente es volver al solo. Encerrarme a trabajar con las ideas que he entendido conceptualmente haciendo “Antes fue siempre fuego”. Quiero trabajar en una apuesta más desnuda, prescindir de cualquier elemento accesorio. Dejar sólo el movimiento y la luz. E investigar con el vestuario.
¿Cómo ha ido el estreno en EC?
Es la primera vez que no voy a taquilla y lleno tres días seguidos un teatro. (Risas)
Fotos: Enrique Escorza












[…] 15 februari 2012 admin Home, 0 EC 2012. Entrevista a Maryluz Arcas Maryluz nació en Málaga en 1983. Llegó a Madrid hace diez años para estudiar Dirección en la Resad. Creó la compañía de danza La Phármaco en 2009. En Escena Contemporánea (EC) ha estrenado junto a Koke Armero “Antes fue siempre fuego”. Read more on Koult.es […]