Cine, Críticas

Charlize Theron y el club de fans adolescentes

Por Migue Muñoz 17 feb 2012 0
Charlize Theron y el club de fans adolescentes
    • Young adult
    • Comedia, drama, 2011
    • Director: Jason Reitman
    • Reparto: Charlize Theron, Patrick Wilson, Elizabeth Reaser, Patton Oswalt
    • 94 minutos
    • Distribuida por Paramount Pictures Spain
    • Estreno en España: 17 de febrero de 2012

El pequeño Jason Reitman tuvo la oportunidad de mamar la comedia blockbuster de la década de los ochenta con cameos en varias películas de su padre Ivan Reitman. Cómo si el hecho de tener como rutina hogareña a los Cazafantasmas  fuese algo que tuviera que limar en su madurez, Reitman Jr. prefirió hilar más fino la sal gruesa de esa comedia y enfocarla en su debut como guionista y director en algo más cercano al intríngulis hipócrita del tejido social y las convenciones establecidas. Gracias por fumar fue una alentadora carta de presentación y Young adult, su cuarta película, es la coronación de un autor que se está labrando una filmografía inexcusable (casi, casi tan indispensable como la de Alexander Payne) en cuanto a la comedia con tintes de drama costumbrista de nuevo siglo.

Es curioso, pero sus trabajos impares (el citado debut y Up in the air), en los que lleva a cabo una tarea completa como autor: procediendo en las tareas de guionista y director, resultan ser lo más profundo y acertado de su corta trayectoria. Por el contrario, sus trabajos pares, aquellos en los que delega la voz de la trama en la inventiva pop de la blogger Diablo Cody resultan ser los más reconocidos, y más cautivadores en un primer momento pero irregulares en último término. El ejemplo está en Juno, una película que encandila en su primer visionado pero que pierde capacidad de subyugar a medida que avanzan los años: a grandes rasgos resulta ser menos consistente y digna que por ejemplo, Up in the air.

Con Young adult, Diablo Cody ya no parece adolecer de la capacidad de entablar una trama confundida con ensoñaciones pastelosas y aporta ensañamiento en la misma persona de su omnipresente personaje femenino. Charlize Theron recuperada para el buen cine desde un prisma turbio, de saña contenida a punto de explotar. De mujer de treinta y casi (o más de) cuarenta que no obtiene el beneplácito de hallar a su pareja ideal, perdiendo la pista de ese tren que la pueda llevar hacia el sueño americano de la sociedad del bienestar y la familia felizmente convencional. La vuelta a su pueblo natal como solterona de larga duración está llena de tópicos vistos en ese subgénero varias veces utilizado en dramas generacionales, donde el regreso a la ciudad de provincias desde la metrópolis hace que el hijo pródigo se encuentre como un marciano en el lugar donde creció y maduró. Sus colegas de juventud conducen camionetas, visten como leñadores, visitan los mismos billares todos los viernes noche e intentan ocultar la resignación vital interior. Sin embargo, lo que hace a Young adult más excitante que esos lugares comunes es la retorcida alma cosmopolita de una escritora que conduce un Mini Cooper, escribe en un Macbook y gusta de escuchar exquisita música pop, pero se pierde en pintas de cerveza, comportamientos inmaduros y comentarios malsonantes y poco sociables.

Imagínense a la pizpireta Natalie Portman de Beautiful Girls volviendo veinte años después a su localidad natal de Nueva Inglaterra, convencida de que es capaz de liar a su novio de juventud para que deje a su mujer e hijo recién nacido y sea su príncipe azul; emborrachándose, poniéndose en entredicho frente al protocolo social de los buenos modales y mostrando menos madurez personal que cuando tenía quince años. Lo bueno de Young adult es que es una historia demasiado vista pero que sintetiza muy bien la esencia de ese perfil de aquellos que por nostalgia vuelven al vinilo o al cassette y se dan cuenta de que el viaje al pasado no solo tiene un peligroso agujero al abismo del peterpanismo eterno, si no que el hecho de que la cinta se raye en la radio vintage de turno te abre los ojos ante la obviedad de que ya no tienes posibilidad de hacerte con otra igual. La mirada al pasado se vuelve un chiste de humor negro demasiado doloroso y la escapada hacia el futuro se hace más angustiosa.

Jason Reitman logra definitivamente convertir la comedia blockbuster y fantástica de la generación de su padre en algo tangible, revelador  y espeluznante: cuando aquellos gustaban demostrar el recóndito camino hacia la madurez a través de licencias mágicas como el hecho de que la mente de tu madre o tu padre se metiese en tu cuerpo, y la tuya en la de tus progenitores, o un día te acostases siendo un chaval de trece años y te levantases metido en un cuerpo de uno de treinta, el pequeño Reitman, sin subirse por las nubes,  te dice que la juventud perdida es la asunción de una madurez codiciada y en perpetua crisis emocional.

Deja un comentario »

Connect with Facebook