Críticas, Música

Leonard Cohen: la consagración de un superviviente

Por Antonio Casado da Rocha 25 ene 2012 0
Leonard Cohen: la consagración de un superviviente
    • Old Ideas
    • Leonard Cohen
    • Folk, 2012
    • Sello: Columbia

Hace cuatro décadas alguien entrevista a Leonard Cohen en un autobús o un tren y le pregunta qué es el éxito. Cohen tiene 37 años, tres discos y sus novelas ya han vendido más de medio millón de ejemplares. Se toma su tiempo, mira por la ventana, y a los quince segundos responde: “Success is… survival”. Ese momento, recogido por Tony Palmer en el documental Bird on a Wire, define bien a este poeta y cantautor, judío y budista, que acaba de publicar su duodécimo disco de estudio (entre incontables antologías, versiones y homenajes), Old Ideas.

Hoy Cohen tiene 77 años y ha sobrevivido a casi todo: el amor, el alcohol, el desamor, la depresión; ha recibido el premio Príncipe de Asturias y la admiración de colegas como Lou Reed o K. D. Lang (que lo apadrinaron en el Rock and Roll Hall of Fame y el Songwriters Hall of Fame). De juzgar por la campaña de promoción que rodea a Old Ideas, parece que su compañía quiere sacarle partido al éxito mundial de su última gira (esa en la que se desmayó en Valencia tras darlo todo en Bilbao). Pero a Cohen la promoción debe traerle sin cuidado, porque ha hecho un disco impecable pero sin concesiones, completamente dentro de su línea anterior, con sus músicos y coristas de confianza, esos mismos que le han acompañado en la gira 2008-2011 y que probablemente continuarán con él en la siguiente, ya anunciada.

Creative Commons / Baggio

Creative Commons / Baggio

Tras ocho años sin grabar en estudio, Cohen confirma su abandono del tono apocalíptico de discos anteriores, que ya venía anunciado en el anterior Dear Heather (2004). Lo que queda es un Cohen más fiel a sus primeros discos y al que supuso su consagración en los años ochenta. De hecho, es muy notable las similitudes entre “Amen” y “I’m your man”. Todo el disco tiene un aire como el de 1988, pero cambiando los sintetizadores por una banda exquisitamente acústica y volcada al servicio de la letra y la voz, tal como ellos mismos declaraban en el documental de Songs from the Road (live DVD, 2010).

Como si Cohen hubiera querido satisfacer por igual a nostálgicos y neófitos, no puede ser casualidad que el oscuro blues de “Darkness” comience con arpegios similares a los de “Avalanche” (Songs of Love and Hate, 1971), o que el vals de “Crazy to Love You” recuerde más que sospechosamente a “Chelsea Hotel” (New Skin for the Old Ceremony, 1974). Estas  alusiones, sin duda, son deliberadas; no creo que a músicos tan competentes se les hayan acabado las ideas. Por otra parte, no hay autocomplacencia en este guiño a su vieja guardia. Lucido y sobrio, Cohen susurra que “el presente no es tan agradable” y que “no tengo futuro, mis días están contados” (Darkness). Y es que, a estas alturas, sus devotos no le vamos a pedir novedades; sus ideas no por ser viejas dejan de ser estupendas, así que el título de Old Ideas le cuadra perfectamente.

Con todo, lo de Cohen no son exactamente ideas. Él mismo lo explica en una entrevista en el Guardian:

Creo que las ideas es precisamente eso de lo que quisiera librarme. No me gustan las canciones con ideas. Tienden a convertirse en eslóganes. Tienden a situarse en el lado de los buenos: la ecología, o el vegetarianismo, o el antimilitarismo. Todas estas son ideas estupendas, pero me gusta trabajar una canción hasta que esos eslóganes, estupendos y dignos de encomio como son, se disuelven convirtiéndose en algo más profundo, en convicciones del corazón. Nunca intento escribir una canción didáctica. Sólo mi experiencia. Eso es todo lo que tengo que poner en una canción.

Arropando esas convicciones a ratos por el gospel y a ratos por el folk, Cohen canta más profundo y áspero que nunca, pero con la intensidad e intimidad de siempre, con una voz que ha perdido la angustia pero no la pasión. Y esas letras, tan engañosamente sencillas que cualquiera puede entenderlas en inglés. De hecho, no sé bien qué falta le puede hacer a Leonard Cohen un heraldo, aunque se trate de Joaquín Sabina en funciones de trajumán granuja (o sea, el encargado de traducirlas para la edición española). Confieso que espero el 31 de enero con algo de angustia, pues no sé qué hará Sabina con estrofas como

I love to speak with Leonard
He’s a sportsman and a shepherd
He’s a lazy bastard
Living in a suit

Mientras tanto, me consuelo traicionándolo a mi manera:

Cómo me gusta hablar con Leonardo
pastor y deportista
ese vago bastardo
que en su traje habita.

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