Literatura

La crítica sin ataduras de Simon Leys

Por Óscar Valero 4 ene 2012 0
La crítica sin ataduras de Simon Leys
    • La felicidad de los pececillos
    • Simon Leys
    • Traducción de Jose Ramón Monreal
    • Editorial: Acantilado
    • 144 páginas

La breve e intensa compilación de ensayos llamada La felicidad de los pececillos (Acantilado) merece la pena correr el riesgo que supone criticar a un crítico. Su autor, el belga Simon Leys -pseudónimo de Pierre Ryckmans-, amante de la literatura, connaisseur de la cultura oriental y lector implacable. A la sazón profesor de literatura en la Universidad de Sidney, a la que llegó tras pasar por otras más exóticas como la de Taiwán.

Es una recopilación de 28 artículos, la mayor parte aparecidos en la prestigioso revista francófona Le Magazine Litteraire, que repasan algunos de los temas más candentes –e inconsumibles, eternos, al mismo tiempo- de la literatura. Preguntas que persiguen al literato desde que este tiene autoconciencia: cuál es la relación más sana entre el escritor y el dinero -por ejemplo- si es mejor escribir para vivir o vivir, ganarse el sustento, para después plantarse ante el escritorio. O de qué se compone esa extraña dicotomía entre la producción artística y el bloqueo ante el papel.

Sencillos y claros de leer, trufados de citas de la más variada procedencia -el autor recurre mucho a Chesterton y a de autores asiáticos, sobre todo filósofos- y que se devoran en un par de tardes. No es un texto especialmente profundo, aunque sí da para unas cuantas horas de reflexión. Es refrescante además leer el testimonio y las respuestas de Lays, que van a contracorriente de los aires literarios y sociales actuales.

Para muestra, una de las piezas más curiosas: la alabanza que hace del tabaco, el ahora denostado producto. Habla de él en la pieza Los cigarros son sublimes; cita al Don Juan de Molière: ‹‹Diga lo que diga Aristóteles y toda la filosofía, no hay nada como el tabaco. Es la pasión de la gente honesta. Y quien vive sin tabaco no es digno de vivir››. Nada que añadir para ver que es de la vieja escuela.

Muchas de las afirmaciones que salen de su pluma azotarán a las mentes más pacatas y contemporáneas, donde domina lo políticamente correcto y la búsqueda del titular. Estas mentes lo odiarán. Si estamos preparados para escuchar que El éxito es vulgar (título de uno de los artículos) y seguir leyendo con deleite, merece la pena darle una oportunidad. O incluso si podemos aguantar que nos apunten al corazón y nos estampe en los morros, como él dice en ese mismo artículo, un ‹‹los libros son esencialmente inútiles››.

En ese caso, en ese estado mental de apertura, este libro merece absolutamente la pena.

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