
- Iolanta / Perséphone
- Director: Peter Sellars (Director de escena) / Teodor Currentzis (Director musical)
- Reparto: Dmitry Ulianov, Alexej Markov, Pavel Cernoch, Willard White, Vasily Efimov, Pavel Kudinov, Ekaterina Scherbachenko, Ekaterina Semenchuk, Irina Churilova, Letitia Singleton / Paul Groves, Dominique Blanc
- Fechas: hasta el 29 de enero
- Lugar:Teatro Real
La luz y la oscuridad siempre han estado separadas por un leve suspiro, por un equilibrio que se podría deshacer y romper instantáneamente sin apenas esfuerzo. El viaje desde la oscuridad hacia la iluminación (tanto física como espiritual), y el descenso desde los terrenos iluminados hacia las tinieblas son la premisa que abordan las dos óperas que el director de escena Peter Sellars ha decidido unir por primera vez en el Teatro Real de Madrid. Se trata de la intensa y emotiva Iolanta, de Chaikovski, y el denominado ‘Melodrama en tres cuadros’ Perséphone, de Igor Stravinski.
En la función del pasado sábado 21 de enero, interpretada por el reparto principal, la unión de estas dos piezas fue toda una muestra de audacia y elegancia. Con una efectista pero simple escenografía (no olvidemos que ambas obras gozan de escaso dinamismo escénico por su propia concepción), Sellars ofrece una arriesgada iluminación, especialmente en la pieza de Chaikovski, donde el juego entre la luz y la oscuridad, entre las tinieblas de la ceguera de la protagonista y su necesidad de la conciencia para acceder a la luz se convierten en una metáfora visual con focos que manejan los propios intérpretes, y una serie de hermosos y gigantescos telones pintados a mano y que recuerdan la plasticidad de otro ruso, Mark Rothko, que van cambiando a medida que las sensaciones mutan en escena.
Y esas sensaciones son especialmente intensas en la interpretación de Iolanta, una ópera relativamente breve (90 minutos) que el joven griego Teodor Currentzis dirigió con notable intensidad y sensibilidad, algo imprescindible para una obra tan llena de ternura y donde la emoción invade al espectador desde las primeras notas de la obertura. Este trabajo, donde la orquesta del Real ha vuelto a brillar como lo viene haciendo en los últimos y espectaculares montajes de la ópera madrileña, vino a reforzar la figura de dos de los intérpretes, cuya sólida y emotiva interpretación provocó varias irrupciones de ‘bravos’ entre el público en mitad de la función. En ese sentido, los más ovacionados de la velada fueron el bajo Dmitry Ulianov (el Rey), que bordó el aria en la que lamenta la desgracia que sufre su hija, que puso los pelos de punta y arrancó la primera ovación de la noche. La segunda sería para Alexej Markov (Robert), un barítono que demuestra una excelente evolución y cuya aria rozó la perfección. A ellos se unió una interpretación más que correcta del resto de intérpretes, aunque quizá más discreta. Así, si bien Ekaterina Scherbachenko tiene una fantástica presencia como Iolanta, se echó de menos un poco más de fuerza en las notas más altas. También estuvieron más que excelentes los miembros del coro Intermezzo, cuyo papel en la obra fue más que testimonial, y que en una de las concesiones de Sellars en Iolanta (la inclusión de la Liturgia de San Juan Crisóstomo, op. 41) consiguieron conmover al siempre complicado público del Real.

Tras la magnífica Iolanta, Perséphone resultó mucho más desconcertante. Alejada de los planteamientos de la ópera tradicional, la obra de Stravinski rezuma poesía y modernidad y su interpretación se basó principalmente en el correcto tenor Paul Groves, que llevó con solvencia el duro papel de narrador, así como las apariciones del coro Intermezzo y los Pequeños Cantores de la JORCAM, que dotaron a la obra de la inquietud y audacia necesarias. Quizá quedó algo fuera de lugar la voz de la actriz Dominique Blanc, amplificada en exceso, que por momentos resultaba demasiado artificial en el conjunto, o la presencia de los bailarines de Amrita Performing Arts de Camboya, cuyo toque de exotismo quizá hubiera encajado menor en otro tipo de montaje.
Pese a todo, y aunque el público recibió con mayor frialdad la Perséphone de Stravinski, la dirección de Sellars muestra que no era tan descabellado unir estas dos obras (un proyecto que llevaba persiguiendo durante más de dos décadas), convirtiendo esta fusión en una imprescindible y fascinante velada de ópera.
Fotos: Javier del Real (Teatro Real)












Diría que Rothko era letón…