Literatura

¿Qué fue ‘Lo Hipster? vs. La conquista de lo cool

Por Migue Muñoz 27 ene 2012 0
¿Qué fue ‘Lo Hipster? vs. La conquista de lo cool
    • ¿Qué fue 'Lo Hipster'? / La conquista de lo cool
    • Mark Greif / Thomas Frank
    • Traducción de Jon Bilbao / Mónica Sumoy y Juan Carlos Castillón
    • Editorial: Alpha Decay
    • 212 y 440 páginas

Pocas veces se da la coincidencia de que en poco espacio de tiempo varias publicaciones se complementen en un diálogo ensayístico que suma y no resta. Desde finales de 2011, Alpha Decay tiene bajo el paraguas de su colección Héroes Modernos dos títulos tan estimulantes a primera vista, ¿Qué fue ‘Lo Hipster’?  Una investigación sociológica, y La conquista de lo cool. El negocio de la cultura y la contracultura y el nacimiento del consumismo moderno, como consistentes ensayos que sin proponérselo conversan con similares conceptos resultando revelador leerlos y disfrutarlos al unísono.

Mark Grief, escritor y articulista estadounidense y fundador de la revista n+1, recoge en torno al voluble, arisco y escurridizo concepto estético de “Lo Hipster” un intento de captura forense de todo aquello que se vinculó a este fenómeno: desde el tipo de indumentaria acorde a esa sensibilidad hasta los barrios de las urbes que sufrieron gentrificación, para llegar a diversos (y abiertos) discernimientos y debates con distintas voces escuchadas: reproducciones literales de simposios y mesas redondas con asistentes más o menos preocupados por agarrar con fuerza el auge y caída a nivel planetario de tal fenómeno, y así llegar a una especie de conclusión abierta y desparramada que deja en entredicho que lo hipster haya muerto (son ya demasiadas muertes). Sus diversas resurrecciones y como se camufla entre las sensibilidades pertenecientes a una década concreta es lo que atrae de esta especie de collage de artículos ajenos, voces distintas y opiniones diferentes que otorgan un buen punto de arranque para aquellos que intentan conocer y colarse en los cimientos de una estética y una subcultura que abarca desde los sonidos negros del viejo sur, pasando por El negro blanco de Norman Mailer, hasta The Strokes, las gorras de camionero, las pelis mumblecore, la estética pornosoft o el aburguesamiento de las zonas de extrarradio. Puede resultar imprevista su anárquica estructura (quitándole enteros para que sea tomada como una investigación sociológica férrea), pero el hecho de que se peguen voces contrapuestas hace que hallemos perlas que por sí solas ya valen toda la lectura. Artículos recuperados para la ocasión hipster como el de Patrice Evans, El Hip-Hop y el movimiento hipster, son todo un hallazgo de lucidez que sacados de contexto resultan estupendos para recuperar siempre que la ocasión pida un acto de retrospectiva de temática racial, musical, popular y hasta filosófica.

Sea como fuere, lo anunciado al principio de la reseña apunta a que la investigación sociológica de Mark Greif es un calentamiento que anima a llegar mucho más lejos. Sin salirnos de Alpha Decay, Thomas Frank, escritor y periodista de New york Times, Harper’s o Le Monde Diplomatique, logra con La conquista de lo cool uno de los mejores ensayos sobre el negocio de la cultura y el impacto de la contracultura en el consumismo moderno. Toca de soslayo la subcultura hipsteriana y su recorrido se encapricha en un estudio más amplio: cómo se produce una cultura y no tanto sobre cómo se recibe. Frank opina que se ha manoseado en exceso la investigación sobre la recepción de la cultura y por el contrario se ha descuidado el trabajo igualmente fascinante de los creadores de la cultura de masas: un colectivo tan provocador y subversivo como los heroicos  consumidores que se hallan en el epicentro  de tantos estudios culturales de hoy día. Parte de la idea del nacimiento del “hombre organización”: trabajador de una gigantesca empresa, resultado perfecto de la creciente burocracia y la sumisión del individuo a las ideas y prácticas de las organizaciones. Para este nuevo personaje, la tradicional ideología norteamericana del pionero y el individualismo habían quedado obsoletas, el valor trascendental de la organización y la capacidad de la ciencia para resolver cualquier problema se adecuaba mejor a la nueva situación. Una situación que en manos de la lucidez analítica de Frank nos depara una foto reveladora de los inicios de la sociedad del bienestar, la publicidad de los años sesenta, la utilización (o el nacimiento) como negocio  de la contracultura, así como el hálito lánguido, sombrío y poético de esos hombres que, como en la catódica Mad Men o en la literaria Vía Revolucionaria, salen de sus casas de zona residencial para dirigirse como zombis multiplicados por un mismo patrón (gabardina, traje, corbata y sombrero) hacia el centro de la gran urbe: el epicentro de la gran cultura de masas.

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