Paula Ilabaca (Chile, 1979) es poeta, profesora de castellano y gestora cultural. Ha publicado los libros Completa (Editorial del Contrabando del bando en contra, 2003), la ciudad lucía (Mantra, 2006), La perla suelta (Cuarto Propio, 2009), (in) completa (Mago editores, 2010) Estados de mi corazón (Catafixia Editorial, 2010) y Paula dice (Meninas Cartonera, 2011). Sus textos han sido recopilados en distintas revistas y antologías, tanto a nivel nacional como internacional, y ha participado en festivales de poesía en países como España, Chile, Argentina, Perú, Colombia, México, Alemania y Ecuador. Ya es vox populi que Paula Ilabaca fue en otras vidas emperatriz, ama de llaves, cocinero de un regimiento nepalí y agrimensor del estado de Wyoming. Y hoy, aunque ir al botiquín en busca de un ungüento de hidrocortisona sea más importante que responder a este interrogatorio, Paula, incondicional como siempre, ha preferido ponerse en una situación incómoda.
Desde un punto de vista estrictamente científico, ¿qué opinas de las personas que hacen gárgaras?
Mira, de ciencia no sé mucho, la verdad es que soy un desastre, pero me parece que el hecho de realizar gárgaras es un acto privado, pero muy público a la vez. Una especie de performance o intervención. Esto pasa porque la persona en cuestión se encierra en el baño y resulta que uno puede escucharlo si se encuentra en la habitación próxima o cerca del lugar. Siempre que escucho a alguien que hace gárgaras me planteo decididamente si es que es un hábito que debiera tener. Me cuestiono, me pregunto: ¿habrán bacterias ahí, en este tracto? ¿Cómo es que no he averiguado eso? Te comento que soy hipocondríaca y algo tan sencillo como hacer gárgaras puede sacarme de mis casillas. Peor aún si la persona me comenta que lo hace por tal o cual cosa, que se las recomendó su dentista, etc. Soy capaz de sentir hasta cierta picazón en el área o de partir a la farmacia de turno a preguntarle inocentemente al farmacéutico: “¿tiene algún producto para hacer gárgaras? Escuché por ahí que es necesario hacerlas, ¿qué opina usted?” Y ese diálogo se puede repetir hasta el infinito con distintos interlocutores, hasta que encuentre una respuesta que me deje satisfecha. De hecho, me lo estoy planteando en este momento. Creo que lo iré a googlear. Regreso en un segundo.
No, no, espera. Primero lo primero. Esto es importante, Paula: Hace un par de meses me comentabas que estabas pasando por un estado “girl next door”. Aquella tarde, desde luego, pensé que habías bebido mucho y no supe bien a qué te referías (a veces los hombres somos así de lerdos y a veces las mujeres son así de incomprensibles), por eso te lo pregunto ahora: ¿girl next qué?
Primero me referiré al asunto de la bebida. Tengo por norma no acercarme a un computador si he bebido, porque nada bueno sale de eso. De hecho cuando bebo prefiero salir a bailar o simplemente charlar con mis amigos hasta que me atrape el sueño. Continuemos. Recuerdo ese día que mencionas, me habías pedido una fotografía para este artículo, a lo “Lady Gaga style”. Debo asumir que me causó mucha gracia y que en otro momento de mi vida lo hubiera hecho, pero te comenté que ahora estaba en un estado “girl next door”. Te explico, según ciertas averiguaciones que hice (Wikipedia), una girl next door es, en términos sencillos, el estereotipo cultural que ha aparecido con el tiempo como antónimo a la diva o femme fatale. Todo esto nace de todos aquellos años en los que me dediqué profundamente a ser una diva, fatal, inalcanzable, dramática, de época, etc., etc. El máximo esplendor de este hecho fue en un encuentro de poesía en México, el Vértigo de los Aires del año 2009, donde incluso recuerdo que la poeta argentina María Eugenia López me dijo: “te vi caminar por el pasillo y pensé: Joan Crawford”. Otro día, en ese mismo encuentro en el DF, tuvimos una conversación muy seria en la barra de un bar con Andrés Villalba, poeta ecuatoriano, la cual terminó con él alabando mi nariz y el flequillo que usaba en ese tiempo, y me bautizó como la Uma Thurman del South, pensando en el personaje de la actriz en Pulp Fiction. En ese momento me sentí encantada, pero con el tiempo pensé: the diva is dead. La transformación profunda, sin embargo, se la atribuyo a cuando vi la película Breakfast at Tiffany’s, que me regaló mi querida amiga Bárbara para mi cumpleaños de este año. Reí mucho con ella y me vi retratada en ciertos aspectos de Holly Golightly, que podría comentarte en otro momento, pero la escena que más disfruté fue cuando ella aparece cantando “Moon River”en la ventana de su departamento, vestida de jeans y una vieja camiseta y un pañuelo en el cabello. Me sorprendió esa escena, pues, finalmente, eso es lo que somos las mujeres a solas, cuando estamos alejadas de las fiestas, los hombres y el lujo siempre fantasioso y fastidioso del mundo, sobre todo del literario.
¿Eso son las mujeres a solas? Yo me las imaginaba más como clones resplandecientes de Monica Bellucci, pero bueno, no me prestes atención, últimamente me autoreceto demasiado y tiendo a la hipérbole… Veamos, Paula, tu nuevo libro, Paula dice (Meninas Cartonera, 2011), es un conjunto en clave epistolar que reflexiona sobre el amor o, mejor dicho, sobre la imposibilidad de un amor que parece haber caducado. Cada pieza es un canto (balada y réquiem al mismo tiempo) a la cercanía de alguien ubicuo pero también inabordable. Si mal no recuerdo, Paula dice en algún pasaje “te llamé y me cantaste mi canción favorita”. Confieso que ese fragmento me paralizó, y en seguida no pude evitar pensar en tu plan de teléfono. Si tu canción favorita es una del Pink Floyd setentero o la creación de uno de esos DJs de microhouse, creo que estamos hablando de costosos pagos mensuales, ¿cierto?
Primero, muchas gracias por los comentarios de esos pequeños textos tan privados y volcados hacia la luz. Sí, la cita que mencionas es clara, de hecho recuerdo ese pasaje y recuerdo también el día en que el detalle de la canción ocurrió. Lo que señalas del plan de teléfono (risas y más risas) no se aplica, pues la canción en realidad era un juego; era una canción inventada para mí, no una tomada de la cultura popular, ¿me entiendes? Entonces daba lo mismo su duración, podía ser como un mantra y repetirse hasta el cansancio o terminar rápidamente en un par de segundos. En todo caso me pregunto, ¿qué plan de teléfono acostumbras utilizar que no te da para gastar, en caso de que la canción sea muy larga, unos 9 a 10 minutos, dedicados a tu objeto amado? (Más risas).
Vale, me pillaste, yo en realidad uso el teléfono de mi vecino porque así de críticas están las cosas en mi barrio. Pero te digo algo, hasta ahí llegaron las confesiones sobre mi vida austera, así que por favor vayamos al meollo del asunto y dejémonos de rodeos porque ya me di cuenta de que eres muy buena para escabullirte: ¿Has visto alguna vez un elefante rosado?
Jamás en mi vida, pero creo que la Elefanta Fresia, la protagonista de un video clip de un grupo infantil chileno llamado Mazapán, al usar un tutú rosado, hacía parecer que era rosada entera. Es la máxima experiencia de desorden de los sentidos que guardo de mi niñez. Provocada por la televisión, claro.
Una elefanta en tutú… por alguna razón ese concepto me excita. Bueno, Paula, ya para terminar, y esto es muy relevante en varias comunidades del Cono Sur, ¿cuánto dinero has donado a obras de caridad y colectivos humanitarios en lo que va del año?
Mira, por lo general no doy dinero a ese tipo de instituciones, colectivos o lo que sea. Quizás he donado algo cuando hago compras en el supermercado, pero así con constancia, no. Este año la única caridad que he tenido ha sido conmigo. Sí, lo siento, es duro asumirlo, pero así es. A lo largo de mi vida, y como no tengo dinero, sí he hecho donaciones del tiempo precioso de mi existencia a distintos lugares, proyectos, ideas, sueños, etc., pero este año apreté mi billetera y decidí invertir dinero… en mí. He aquí un listado de mis inversiones 2011:
- Terapia sicológica (una vez a la semana desde fines de marzo)
- Acupuntura (durante dos meses una vez por semana, hasta que tuvimos una discusión con el terapeuta con respecto a una sesión de posturas tántricas y dejé de ir a su consulta)
- Terapia ayurvédica (recién llevo una sesión, pero son tres)
- Dentista (tengo un bruxismo del terror)
Futuras inversiones:
- Yoga (espero ir tres veces por semana)
- Comprar una bicicleta (paseos largos una vez al día para quemar grasas y estrés)
- Una tenida para salir a trotar con mi hermana (una vez al día, tres veces por semana, depende de la coordinación de nuestros tiempos).
Y no creas que es trivial, ególatra o vanidoso. Mira, te comento con total seriedad que pretendo hacerme multi-millonaria, ojalá a través de algún juego de azar, y formalizar la Fundación Paula Ilabaca Núñez. Esta Fundación se ocupará de hacer felices y plenos a los artistas abandonados y atormentados que alberga la sociedad… empezando por mí misma. Así que si he invertido en mí este año, ha sido más que nada una especie de inversión a futuro, para estar plena y feliz al momento de dirigir mi propia Fundación. Lo primero que pretendo lograr es una Residencia Iberoamericana de Escritores en Santiago de Chile, con viajes hacia el norte y el sur de nuestro largo, bello y caótico país… ¿te gustaría postular?
Foto: Pablo Fernández












Linda Paula….eres un encanto escribiendo, hablando, bailando y en todas tus formas…..extraña cosa es leerte en esta entrevista y percibir que nos conocemos tanto. Y claro, nos hemos visto en distintas etapas de la vida, pero nunca hemos hablado las dos solamente. Espero que nos sentemos un día y compartamos nuestros preciosos tiempos. Mientras, compraré “Paula dice” y te buscaré para que lo firmes y lo guardaré como tesoro.