
- FrICCIONES
- Pablo Martín Sánchez
- Editorial: E.D.A. Libros
- 181 páginas
Una niña que odia a su muñeca, Berta, porque le contradice en cuestiones sentimentales. Un señor que prefiere caminar y montarse en el metro de Barcelona una estación antes de la suya para así poder escribir un soneto perfecto en el suburbano. Una muchacha bella que piensa, mientras espera a que el semáforo se ponga verde, en cómo sería su vida si se hubiera casado con su profesor del instituto. Un joven que ante la hiriente felicidad que le rodea, no puede hacer otra cosa más que tirarse por la ventana. Un lector que alcanza el éxtasis subrayando y borrando su subrayado de La biblioteca de Babel, de Borges. Un beso como medicamento universal. Son solo algunos de los protagonistas de FrICCIONES, un libro de relatos que acaba de publicar Pablo Martín Sánchez.
Su autor nos plantea un juego, de espejos y de reencuentros. De espejos porque en varios de sus cuentos nos veremos irremediablemente reflejados, hasta el punto de ser nosotros mismos los que estemos leyendo con fruición el citado relato borgiano. O los que decidamos aprovechar nuestro tiempo de camino al trabajo escribiendo poesía métrica, en el metro, claro, dónde si no. Y de reencuentros porque varios de los personajes de este libro no desaparecen tras el punto final de su correspondiente cuento. Vuelven a vivir en historias posteriores, como actores secundarios o incluso de tercera fila esta vez, por lo que el lector ha de estar atento para darse cuenta de ello.
FrICCIONES es un libro de 27 relatos urbanos, de Barcelona, Buenos Aires o Madrid, heterogéneos y polifónicos, que se complementan entre sí, que chocan, que forman un todo punzante, una masa pespuntada por golfos y cabos, y crean ficciones que, en verdad, no lo son tanto. Su autor, “coleccionista vocacional”, como él mismo se define, utiliza un estilo descarado, ágil, directo, adecuado a la atmósfera de cada historia, con un humor muy ácido, sobre todo en la primera parte de la obra.
Además de personajes anónimos, que siempre tienen algo que decir, en el libro aparecen grandes figuras caricaturizadas, en mayor o menor grado, como Bolaño, Descartes, Sócrates o Einstein. El autor, además, salpica los textos con referencias míticas, como Sísifo, y con citas célebres sobre el oficio del escritor, que dejarán pensativo al lector: “Ni siquiera sabe de qué va a ir el cuento (pero precisamente para eso escribe, para descubrir lo que quería decir, pues sabe que escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos, como al parecer dijo un día la Duras, a no ser que Vila-Matas se haya inventado la cita, que todo podría ser)”.
Los relatos se plantean como grandes signos de interrogación de cierre, una batería de preguntas en las que el autor se permite diferentes experimentaciones formales, como cobijar el núcleo de uno de los cuentos en las notas al pie de éste o introducir en otro varios párrafos con las palabras desordenadas pero de manera inteligible. Un desorden que nos resulta familiar porque es así como funciona la mente humana.
Además de escritor, actor y fundador de la revista Verbigracia, que es la protagonista de uno de los relatos, Pablo Martín está terminando de escribir su primera novela, El anarquista que se llamaba como yo. Quién sabe si en ella volveremos a encontrarnos a Berta. O al poeta métrico de Barcelona. O a la bella joven enamorada de su profesor de instituto.











