
- Attack The Block
- Fantástica, juvenil, comedia de terror. Reino Unido, 2011.
- Director: Joe Cornish
- Reparto: John Boyega, Jodie Whittaker, Alex Esmail, Franz Drameh, Leeon Jones.
- 88 minutos
- Distribuida por Avalon
- Estreno en España: 7 de diciembre de 2011
Es complicado confirmar el punto exacto en el que la cinematografía popular de la década de los ochenta ha pasado de tener un cariz de nostalgia generacional a representar un modelo básico de influencia evolucionista. Si bien, no hace mucho, los ochenta solo funcionaban como revival trash, se ha llegado a una posición en la que nuevas generaciones de cineastas toman muy en serio la base narrativa de los blockbusters de hace tres décadas, así como los autores de los setenta tomaron como bandera la emoción intrínseca de la filmografía de John Ford, Howard Hawks o Nicholas Ray. Es cuestión de ser sinceros con la procedencia de la cinefilia de cada uno.
Tarantino mostró sus fauces retomando lo aprendido de Russ Meyer, Shaw Bros o Scorsese. Uno de los primeros cineastas en sacar lustre de lo aprendido de Spielberg o Lucas fue el germano Roland Emmerich, cuando el blockbuster familiar de los susodichos estaba en su pleno apogeo no tuvo reparos en plagiarlos, más que homenajearlos, en una cinta: El secreto de Joey (1985), que le abrió las puertas de Hollywood a lo grande. Poco a poco fueron apareciendo pequeños artesanos que birlaban ideas clave de ese modelo de blockbuster creando la película que ellos mismos deseaban ver en su cine de barrio: es el caso de realizadores como Fred Dekker (El terror llama a su puerta, Una pandilla alucinante) o Stephen Herek (Critters, Las alucinantes aventuras de Bill y Ted, Somos los mejores). Pero ese cine todavía no había sido tomado en serio. Tuvieron que pasar los suficientes años para que las generaciones que crecieron desayunando y merendando tamaña explotación del filón Amblin Entertainment, Lucas Film o las producciones de John Hughes sacarán el jugo necesario de ese mix de ingredientes y lo tuvieran posicionado en el centro de su conciencia como potenciales cineastas: Garth Jennings (Guía del autoestopista galáctico, El hijo de Rambow), Greg Mottola (Supersalidos, Adventureland, Paul) o Nacho Vigalondo (sketches como Gremlins 3, Regreso al futuro 4 o sus largos Los cronocrímenes y Extraterrestre) rezaban las oraciones que habían mamado de la biblia de los desayunos de Cheerios y leche fresca, bicis de cross, zona residencial de extrarradio pero desde un nuevo prisma crítico y con la etiqueta de lo “post-“. Porque con esos postulados no solo habían disfrutado de la emoción de un tipo de cine comercial muy marcado y concreto sino que habían aprendido a llevar una sudadera con capucha y hasta como ligar con la vecina pizpireta de la acera de enfrente. Esos eran los mitos que habían derrumbado a John Wayne.
Aunque el nuevo rey midas de la generación 2.0, J.J. Abrams, no haya logrado una concatenación considerable de hitos memorables más allá de dos o tres aciertos, el estreno de Super 8, su homenaje más literal respecto a aquel tipo de cine, se puede considerar tanto un acierto –si contemplamos el resultado final como una sólida muestra sincera de los orígenes que pudieron marcar el punto cero de la generación Spielberg- como una oportunidad perdida al no haber evolucionado más allá de la admiración clásica hacia sus maestros, y que a lo mejor, si que hubiese alcanzado un M. Night Shyamalan en plenas facultades. Ni asomo de un punto crítico donde dialogar con el presente y el futuro del blockbuster como cine de autor: algo que Mottola y, sobretodo, Vigalondo lo tienen muy en cuenta.
Para los que Super 8 supuso un agridulce gustacho a naftalina, algodón de azúcar y mohínes varios, el británico Joe Cornish, después de atestiguar con su colega Adam Buxton el collage de cultura popular generacional, y utilizar el merchandising que entronó a George Lucas como vehículo de filias y fobias particulares y creativas en The Adam and Joe Show para Channel 4, parte la pana con su debut en el largometraje y condensa ese universo Amblin de un modo más cercano a la renovación sintética y compendiada, del mismo modo que los extractos artesanales de un primerizo John Carpenter supusieron sobre la filmografía clásica de Howard Hawks.
Attack The Block no sólo narra las aventuras extraordinarias de un grupo de adolescentes en los márgenes de la cosmopolita Londres cuando tienen que defender su barrio frente a una invasión alienígena, sino que interactúa sin fricciones ni homenajes metidos con calzador con toda la iconografía propia de los restos de videoclub que han pasado por mejor lugar que la simple nostalgia: el fosforito de las fauces del monstruito son el metatexto genial que no solo interactúa con el recuerdo de los mad doctors y sus criaturas del fantástico pulp de los ochenta tipo Re-Animator, sino con los matices de una cultura suburbana como los hoodies, su obsesión por el UK Garage, el post-rave y las sudaderas con capucha.
Joe Cornish se alía con la producción de su colega Edgar Wright, que ya nos sirvió el año pasado una buena ración de rayos de luz ochenteros en la adaptación de Scott Pilgrim, y pasa como una apisonadora por el cariz trasnochado del cine social de Ken Loach para darnos entretenimiento molón, mala uva y subterfugios donde analizar los tumultos de la clase obrera y los despojos sociales del país. Lástima que de su alucinada revisitación de estos goonies con aroma a Professor Green o Dizze Rascal no haya píldoras de humor que aporten más carisma a sus protagonistas, cómo si lo logran las catódicas Misfits o The Inbetweeners, porque su ejercicio de estilo hubiese bordado la excelencia y se hubiese tomado todavía más en serio su claridad de ideas: “He estado vendiendo la cinta como Super 8 Millas, o como la adaptación que Mike Leigh haría de La Guerra de los Mundos, dándole a la hierba, claro”. Joe Cornish rules!













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