Cine invisible para los circuitos de distribución de la mayoría de salas de exhibición; cine que sí que suele llegar a las multisalas y que merece ser rescatado e introducido en las dvdtecas; colecciones que resultan ser un fetiche cinéfilo imprescindible mes tras mes… Cameo se posiciona en el mercado de la venta de cine en DVD y Blu Ray en tres segmentos tan adictivos para el idólatra de tesoros digitales que hace impensable que el romántico coleccionista cambie de átomos a bits tan fácilmente.
Las alhajas de noviembre reúnen a Woody Allen, se rescata un cine de autor que no suele faltar una vez al año en las multisalas (y que siempre es de agrado recuperar a posteriori) y nos traen la edición en DVD, Blu Ray (o en combo) de Medianoche en París: la nueva muestra de que el neoyorkino ha sobrepasado el umbral de la narración clásica de los maestros. Aquella que dialoga con la sencillez más llana de tramas, personajes, tópicos mostrados y enfrentados, temas universales y captación de la emoción armoniosa y clásica en la puesta en escena. Si a esta fábula atemporal sobre la nostalgia, la melancolía, la sabiduría y la experiencia luchando contra los sueños rotos hubiese que definirla en un concepto, habría que parafrasear al genio de la usabilidad en la web, Jakob Nielsen: ¡Sea breve! E, incluso, no dejes que piensen… Medianoche en París, es breve y sencilla en sus intenciones y deja de ser pedante desde el momento en el que sabemos que como espectadores vamos a dejar de pensar durante hora y media y vamos a inmiscuirnos en un cuento adulto sobre la necesidad de soñar, ilusionarnos con el arte, con las leyendas del pasado y derretir la emoción a flor de piel esculpida por los cineastas clásicos en pura melancolía. La historia se sintetiza en algo tan básico como el preguntarte ¿en qué época te hubiese gustado vivir? ¿Y por qué? Lástima que los extras no traigan consigo una reflexión en torno a la maduración del concepto principal del film. Aunque ya sabemos que los genios no necesitan nada más que sus obras para expresarlo todo.
Por su parte, la colección Young American Filmmakers nos trae en su volumen 5 dos trabajos del movimiento mumblecore más que destacables. Bass Ackwards, el primer largo de ficción del neoyorkino Linas Phillips es una road movie que tanto recuerda al cine setentero tipo Mi vida es mi vida o Alicia ya no vive aquí como sigue los postulados de la tradición Bildungsroman. El propio Linas cruza la Norteamérica profunda después de una ruptura con una mujer casada entre el goce de la observación y el regodeo en la autoreflexión. Audrey the trainwreck, es la segunda parte del programa doble: una fascinante historia dirigida por Frank V. Ross sobre cómo puede iniciarse el síntoma del enamoramiento. La historia de Ron y Stacey tras conocerse por internet seguro que sería toda una delicia para colgar en las secciones de Talking to Strangers o Tools of Attraction de la website Nerve.com, donde han colaborado muchos de los gurús del mumblecore como Joe Swangberg, colega del propio Ross.









