En lo que a series de televisión se refiere, no hay más que echar un vistazo a la programación de este año para afirmar que los muertos están de moda. O, mejor dicho, los no-muertos: True Blood, The Walking Dead, The Vampire Diaries, Supernatural, Death Valley… y, por supuesto, The Fades.
De la mano de la BBC, The Fades nos cuenta la historia de Paul (Iain De Caestecker), un chaval de diecisiete años con pocas habilidades sociales que tiene que lidiar con una hermana melliza (Lily Loveless) que lo utiliza como puching ball, con una madre que no sabe cómo tratar con ninguno de sus dos hijos y con las visiones apocalípticas que lo asaltan a diario. Por si eso fuera poco, un día descubre que puede ver los espíritus de aquellos que han muerto y no han podido pasar al otro lado (los fades). Será Neil (Johnny Harris, quien encarnó al padre de Lol en This Is England ‘86) quien le explique que los fades se están haciendo cada vez más fuertes y que él es el encargado de detenerlos antes de que sea demasiado tarde. Pero Paul es sólo un crío que ni se termina de creer lo que está pasando (como es lógico) ni sabe qué puede hacer para cumplir la misión que le ha sido encomendada.

Aunque Mac (interpretado por Daniel Kaluuya, el genial Tealeaf de la bizarrísima Psychoville), el único amigo del protagonista y tan freak y marginado como él, se encarga de darle el punto cómico a la historia, conviene avisar de que no nos encontramos ante la típica serie de adolescentes monísimos convertidos en superhéroes que luchan contra el Mal y, encima, ganan. Ni mucho menos. Porque aquí los protagonistas no son guapos ni especialmente hábiles ni despiertan nuestra simpatía. Aquí tenemos a un personaje principal al que a veces queremos abofetear, a un mentor al que no sabemos si hacer caso o intentar matarlo antes de que nos mate a nosotros y a una serie de personajes secundarios que, en general, provocan más rechazo que aquellos a los que se enfrentan.

The Fades es una producción oscura, casi gótica, que avanza entre la sordidez de lo que muestra y el terrible misterio de lo que esconde (ese no-quiero-verlo-pero-por-favor-que-se-vea), consiguiendo transmitir una sensación de desamparo y de peligro inminente que nos mantiene pegados a la pantalla durante los seis episodios que dura la temporada.

Porque son sólo seis episodios, sí (como toda serie británica que se precie), pero con guiones impecables, con interpretaciones sobresalientes y con una producción muy por encima de la media. Los colores, la iluminación, las localizaciones, los encuadres, los decorados… todo contribuye a crear una atmósfera tan insípida como asfixiante, tan sumamente vulgar, en ocasiones, que hace que nos resulte aún más verosímil. Y conseguir que una historia que vuelve –una vez más– a la lucha entre el Bien y el Mal sea creíble y diferente y –sobre todo– buena es todo un logro.











Buenísima pinta. Eso sí, en la lista de series que mencionas al comienzo yo añadiría la que ha sido una de las grandes novedades de la temporada: ‘American Horror History’