Sofá y manta

Los materiales de Los hijos

Por G. Piqué 29 nov 2011 2
Los materiales de Los hijos

El primer plano secuencia de Los materiales es, parafraseado, el siguiente:
Exterior. Plano cámara en mano, moviéndose sólo ligeramente porque hace viento, porque la cámara está en la mano. Al fondo se alarga una carretera que en el horizonte se mete dentro del agua de un pantano. Una muchacha que es Natalia Marín camina despacio por la carretera, hacia el fondo. Merodea. Se oye en primer lugar el traqueteo de una cremallera. Se oye trajín. Se oyen pájaros muy lejos y viento sin gato muerto. A los dos minutos, subtitulado:
- Éste es el plano más Angelopoulos que he hecho en mi vida.
- Sí, ¿no?
La muchacha vuelve caminando hacia la cámara. Fin del plano.
Y glosamos: el plano de una carretera que se corta porque el pantano la ha inundado, el que graban ellos, es realmente Angelopoulos. Esto es: la invasión del agua y la violencia de un camino cortado están ahí. El encuadre y la densidad de lo que sobrevuela el plano están ahí, como en Angelopoulos. Se mire como se mire, el plano es espectacular. Sobre ese plano, ese ejercicio de estilo, se añade el lenguaje, el punto de vista sobre el objeto. El punto de vista sobre el objeto de estudio se compone de, entre otras cosas, las siguientes: una voz en off llevada al subtítulo, el sentido del humor y la frivolidad, el presuntamente irrespetuoso por presuntamente cutre uso del sonido, que trae ruidos de descarte al primer plano, un plano que se corrige y que se pone en entredicho.

Lo que proponen Los hijos en Los materiales creemos que gira en torno a esto: el acercamiento diferente al objeto. Hablar pormenorizadamente del primer plano secuencia del largometraje nos sirve para definir el modelo de lo que será la película. Más o menos todo está ahí, condensado. La coherencia del primer plano con el resto del film es un rasgo significativo, valioso y en extinción. El acercamiento diferente al objeto es tan importante aquí que cuando algunos resúmenes de esta película digan que se trata de un documental diferente sobre el pantano de Riaño, y cómo fueron sepultados bajo el pantano los pueblos, se equivocarán. Se cometería el mismo error que cuando se diga que Werckmeister Harmoniak está basada en la novela corta de Lászlo Krasznahorkai o que Crónica de Anna Magdalena Bach trata de Bach (por invocar a Tarr y Straub, algunos de los referentes de Los hijos). No, no es, ya decía Itsaso A. que decía Ortega, eso. Porque en Los materiales no importa tanto que se hable de Riaño; lo que importa es el tono, la forma de acercarse sin respeto y con respeto al objeto de estudio, la composición de una narración documental sobre algo partiendo de los materiales que obligatoriamente -por la falta de calidad, por errores técnicos, porque se trata de borradores- se excluyen de una película. ¿Es despreciativo acudir a esa zonay grabar un documental donde no hay más testimonio que un tipo hablando a cámara, lejísimos y en pruebas, donde las cosas se enfocan mal, donde las tumbas no se encuentran y no pasa nada (porque en Riaño también hay tumbas de asesinados por el franquismo)?

Excurso: Habría estado bien asistir a la presentación de Los materiales ante los habitantes de la zona. Ellos, los habitantes, vieron cómo durante un mes tres muchachos y dos cámaras les hicieron preguntas, les grabaron, les escucharon contar de todo; vieron cómo tomaban nota, cómo trabajaban a destajo para hacer algo que explicara, como los documentales clásicos, toda  y claramente la historia. En el estreno vieron sin embargo que ahí no salía nadie, que cuando cantan no se les ve cantar, que de Riaño no se explica nada, que se cuenta algo sobre asesinados pero nada, que se ha hecho en blanco y negro y el vecindario parece más feo y muerto que nunca. Que los tres chicos dicen en el documental que uno de ellos piensa que los otros no están respetando al pueblo, que se están riendo de él. Y lo admiten. A ese estreno habría que asistir de nuevo. Los hijos dicen (lo comentan por ejemplo aquí) que fue una de las mejores experiencias que han tenido. Fin del excurso.

Uno puede preguntarse si y cuánto tu forma de grabar algo dignifica o denosta ese algo. ¿Quién dice que grabar el icono como lo hace Tarkovsky es más respetuoso que grabar cómo se está pasando justo por encima del pueblo pasto de las aguas y decir:
- ¿Es ahora?
- ¿Estamos ya, Javi?
- No. Todavía no.
- Ahora.
- Ahora estamos sobre el pueblo.
y cortar justo cuando se está pasando sobre el agua por debajo de un puente? Patricio Guzmán, es sólo un ejemplo, habría hecho de ese punto del documental un auto sacramental que te cagas y ellos pasan por encima y ya está, y por el camino han hablado de que una vecina del pueblo exagera sobre los restos del pueblo inundado:
-La italiana tenía razón. Pero aquello de que se ven tenedores y zapatos cuando baja el nivel del agua… eso no se lo cree ni ella.
Podemos ahondar algo más en la pregunta tipo Balló: ¿es valorar en menos grabar al margen de los códigos? ¿Es respetar la memoria histórica constatar que la gran historia sobre asesinados no tiene más consistencia física que las palabras del informante? ¿Cuánta es la distancia que debe tomarse respecto del objeto y cómo se mide? Todo esto es lo que trabajan Los hijos, y esto lo que proponen: reflexionar sobre cómo se debe uno acercar a algo, sobre cómo se documenta.

Montar una película utilizando los descartes no es una cosa postmoderna con prisas e ínfulas. Los hijos se llaman Los hijos porque querían dejar constancia de que tenían orígenes, cineastas de referencia. A los padres se les respeta y se les supera en lo que se les debe superar. La serie de cortometrajes Ya viene, Aguanta, Riégueme, Mátame, parten de cierto respeto por el cine y de la reflexión sobre el cine; más aún El sol del sol del membrillo. Oírles hablar de los Straub o de Hitchcock demuestra que no son cineastas iconoclastas, sino, diríamos, todo lo contrario. Son hacedores de cine, buscadores maleducados en una escuela de cine convencional y educados por su cuenta, homeschooling. Esto nos parece indudable cuando se ven Los materiales, también El circo, cuando se leen las ponencias del colectivo, la participación en mesas redondas (como aquí) o se revisa el canal Vimeo (http://vimeo.com/loshijos) donde cuelgan su trabajo reflexivo diario en torno al acto de filmar. Para hacer Los materiales, sabiendo que intentarían componer algo a partir de los descartes porque la información que surge del foco convencional apenas les aportaba nada, tuvieron que obligarse a rodar un documental comme il faut (bueno, como algunos creen que debe hacerse). Y luego, después de constatar que efectivamente aquello no decía nada, buscaron esquinas, huecos, esas cosas que están justo en el trozo de parte de atrás que no recogen los retrovisores. Entonces, tras mucho, nacen Los materiales. Explica Asier Aranzubía en el libreto que acompaña el dvd: “Lo que parecía iba a ser una investigación documental (¿antropológica? ¿arquitectónica?) a propósito del paisaje y las gentes de la comarca de Riaño acabará convirtiéndose en algo muy distinto: en la prueba concluyente (material) de que un filme también puede realizarse a partir de los descartes. Como ha señalado Jaime Pena, en esa voluntad de construir una película a partir de aquello que habitualmente suele ir directamente al cubo de la basura (pruebas de cámara, imágenes desenfocadas, desencuadres, brutos…) subyace la misma “vocación de los espigadores de aquella película de Agnès Varda que revolvían entre los restos y desechos de sociedad, una vocación altamente ecológica que nos obliga a replantearnos nuestra visión tradicional de la obra bien hecha”.

Los hijos combinan perfectamente decir en su película que un plano es “lo más Angelopoulos que han hecho” o que hay “un perro raro de cojones” (todo con la curiosa buena educación que les otorga llevar estas cosas al subtítulo) con un quehacer concentrado, serio, profundo y exigente. Los materiales no es tirar cuatro planos. Para ellos,  recoger restos y hacer cine con ellos responde a un paso de su formación que llevan con todo el rigor del mundo, a un escalón difícil: “Todo lo que aprendimos en la escuela de cine estaba muy enfocado a las estructuras de producción industrial, en la cual las jerarquías estaban muy marcadas. Todo estaba enfocado a la ficción, a cierta idea de calidad técnica impecable. A todo tipo de corset de los que coartan bastante la creatividad. (…) Estábamos en la escuela, lugar donde supuestamente tenías que experimentar, pero sin embargo se nos marcaba como regla ese sistema de veintitantas personas de equipo, jerarquías absolutamente férreas. La intención al formar el colectivo fue tirar por la borda todo eso, reinventar, no dar nada por supuesto. Como si estuviésemos aprendiendo de cero cuales son las letras del alfabeto audiovisual. Este proceso lo emprendimos como un proceso de aprendizaje constante. (…) Una de esas búsquedas fue la de no dar por descartado ningún material por su factura técnica. O sea, todo puede valer, no importa que esté mal el sonido o que tenga un plano mal enfocado, cualquier material puede ser válido” (http://www.marienbad.com.ar/masterclass/los-hijos).

Los materiales es, por tanto, el primer largometraje de un colectivo que hace cine, que piensa de nuevo el cine y trabaja día a día desde 2008 para comprenderlo y transformarlo. El hecho de que Cahiers du Cinéma edite ahora esta obra no responde al interés por el lanzamiento de una propuesta sino más bien a cierto acto de archivo. El archivo llega una vez hecho algo, la etapa de un camino, una obra. Valdría la pena -se dicen, suponemos- guardar todo este material en lugar seguro. La edición en dvd incluye, además de Los materiales, los cortometrajes Ya viene, Aguanta, Riégueme, Mátame, el trabajo Tarde de verano  y El sol en el sol del membrillo. Queda pendiente de edición el segundo largometraje del colectivo: El circo. Los hijos son Javier Fernández (Bilbao, 1980), Luis López Carrasco (Murcia, 1981) y Natalia Marín (Zaragoza, 1982).

Colectivo G. Piqué

2 Comentarios »

  1. Migue Muñoz
    Migue Muñoz 2 dic 2011 at 23:44 -

    ¡Cojonudo el análisis! Y DVD imprescindible…

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