
Tiene apariencia de compositor folk serio y maduro. Y no lo es. Baila con la coordinación motriz de un demente. Y no lo es. Con su inglés macarrónico entona canciones ligeras y divertidas. Pero no lo son tanto.
Este dilema platónico del ser/parecer oscureció nuestra experiencia del último concierto de Borja Laudo y su grupo en Barcelona.
Con la sala principal de Apolo repleta de postadolescentes con camisas a cuadros y vestidos vintage hablando entre sí a los gritos, comprobamos las consecuencias de que el crooner zaragozano deviniera “carne de festivales” (Celina Bordino dixit) trás el éxito de “This is the beginning of a beautiful friendship”(Grabaciones en el mar,2010).
Y así fue como Bigott y los suyos marcaron una evidente diferencia con el conciertazo que dieron el año pasado en la sala 2 del mismo complejo. Las magníficas Prince y Vaporcito con las que arrancaron su sesión sonaron mecánicas, como si la ejecución del repertorio fuera sólo un trámite burocrático. Sin embargo, el entusiasmo entre los sólidos músicos fue aumentando a medida que iba calentando con una versión algo decaída de She is my man o la animada Cool Single Weeding. Entre el set list se lucieron algunas melodías anómalas, como la discotequera Cannibal Dinner, el single de “The Orinal Soundtrack” (Grabaciones en el mar,2011) donde el excéntrico cantautor maño se anima con los ritmos electrónicos. Para el bis se guardaron la elegíaca Dead mum walking a la que le siguió la intensísima Bar Bacharach.
Fotos: Celina Bordino













