Escena

Tres grandes historias en formato minimalista

Por Rubén Dorado Díaz 5 sep 2011 0
Tres grandes historias en formato minimalista
    • Alelujah o El jardín de las delicias
    • Director: Juan Francisco Viruega
    • Reparto: Rebeca Sala, Mario Sanchez Calvo

Parecía imposible pero Alelujah o El jardín de las delicias ha demostrado que es posible condensar en apenas hora y cuarto de duración la persecución sufrida por las tres religiones monoteístas durante la historia de la humanidad en una obra teatral en la que recorremos distintas épocas para redescubrir las penurias sufridas por cada una de ellas en diferentes momentos históricos.

Juan Francisco Viruega, culpable de que Andrés Lewin haya tenido un -alabado por la crítica independiente-  musical inspirado en sus canciones incluso antes de que lo tuviese Sabina, vuelve al teatro tras la preparación de su próximo cortometraje, Postales desde la Luna, que próximamente es probable que empecemos a visionar por festivales varios. En esta ocasión se trata de otro proyecto muy personal porque no sólo dirige la obra sino que también ha escrito el texto original de la misma.

En Alelujah o El jardín de las delicias predomina el minimalismo, contar cosas importantes, complejas, elevadas, desde un tono de sencillez, de cercanía que queda patente incluso en la disposición del escenario, rodeado por los espectadores, como en el cuidado y elegante uso de luces, como en la utilización de tan sólo dos actores para dar vida en cada fragmento de la obra a dos personajes diferentes, como en la separación de cada momento histórico con la única utilización del violín de Álvaro Alvarado y de la madura voz del cantautor madrileño Carlos Salinas como puente entre una y otra historia. Así pues, elegancia y sencillez denominan la puesta en escena de una obra que, sin embargo, posee un argumento de peso y que requiere de una lenta, pero bien explicada, asimilación de los diferentes roles que empeña en ella cada personaje.

Con independencia de la más que notable calidad del guión y puesta en escena de la obra, algo que resulta indudable es el perfecto vehículo que supone para sus dos actores, en absoluto estado de gracia, para poder demostrar muy diferentes registros con una naturalidad, credibilidad y expresividad que demuestran su gran talla profesional. Sostener una obra de teatro sólo con dos actores nunca ha sido tarea fácil y en esta ocasión, el resultado ejecutado por ambos resulta excepcional. Mario Sánchez Calvo realiza un trabajo sensacional especialmente en la segunda parte de la obra ante un personaje tan poliédrico con el que es capaz de mostrar distintas facetas actorales. Por su parte, la espléndida Rebeca Sala, una actriz superlativa que viene de ganar decenas de reconocimientos internacionales por su interpretación en el multipremiado cortometraje Estocolmo, da un recital interpretativo durante todos y cada uno de los minutos de la obra, aprovechando al máximo cada mínima oportunidad para dejarnos ver un talento que sorprende que no estemos viendo como protagonista aún en la gran pantalla si bien hemos podido verla recientamente en Todas las canciones hablan de mí y, no tengo ninguna duda, empezaremos a ver más a menudo.

Alelujah o El jardín de las delicias se estrenó el pasado viernes 2 de Septiembre en el Teatro Lara de Madrid y, tras completar aforo en sus dos representaciones, podremos disfrutarla el último fin de semana de Septiembre y el primero de Octubre en la sala La Usina antes de comenzar a girar por diferentes ciudades españolas.

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