
- Let England Shake
- PJ Harvey
- 2011
- Sello: Island Records
Barcelona, Festival Primavera Sound. 2011. Ella se sube al escenario. Una luz blanquecina e intensa ilumina su traje. Parece una diosa, o una ninfa, o ambas a la vez. En lugar de colgarse una guitarra o de sentarse frente al piano se coloca un autoarpa que hace juego con el tocado de plumas y la ambientación casi medieval de la escena. La música comienza a sonar y una canción revuelve las conciencias y las entrañas. Esa mujer iluminada, con mejor aspecto que nunca, es Polly Jean Harvey. El icono. El mito. Su voz inconfundible ha comenzado a entonar Let England Shake, canción que abre y da título a su más reciente trabajo discográfico, y dispuesta, efectivamente, a remover el subconsciente de una nación herida, profundamente dormida y moralmente desconcertada.
Anoche, en ese país con pasado negro al que le canta, se le otorgó el Mercury Prize. Por primera vez alguien lo gana en una segunda ocasión. Eso sí, es la primera que está presente para recoger el galardón y sus veinte mil libras. En 2001, cuando lo obtuvo por Stories from the City, Stories from the Sea, los atentados del 11 de septiembre acababan de golpear al mundo entero. Como si un círculo se tuviera que cerrar, en la víspera del aniversario del mayor atentado terrorista de la historia, Harvey se alza con un premio para un disco que habla sobre la guerra, la muerte, el horror.
Y es que ‘Let England Shake’ no es, para nada, un disco fácil, o simple. Se trata de un elaborado y oscuro compilado de canciones que se acercan a las paradojas desquiciantes de la guerra a través de la poesía épica, la contención narrativa asfixiante y una producción austera y desoladora. La caída de los imperialismos, el poder arrollador de la globalización y el amor por un país que pierde cada día su identidad sin que nadie parezca querer hacer nada para evitarlo.
En el álbum hay canciones colosales como The Glorious Land en las que suena el séptimo de caballería y se deglute que la creación de la ‘gloriosa Inglaterra’ se sustentó en la proliferación de niños huérfanos y deformes, o la justificación de las muertes masivas a través de palabras vacías y absurdas en la tan desoladora como pegadiza The words that maketh murder.
No es este un trabajo fácil, y puede llegar a sorprender lo irreconocible y lo alejado del rock primigenio de la británica, o del estilo algo más encajonado de discos recientes hasta viajar, sin ruborizarse y sin que su música note lastre alguno, al folclore popular. Amado, denostado, el amor de la trovadora desaloja las realidades y se introduce a través de piezas cercanas a lo bizarro como England, en la que se juega al despiste hasta que cuesta comprender si lo que destila Harvey es verdadera pasión por su tierra o si se está quedando con todos nosotros. Sin tregua, en seguida llega Battleship Hill y las entrañas se remueven al unísono con el desgarro de las cuerdas vocales.
Portentoso y estremecedor, ‘Let England Shake‘ es un disco tan cohesionado y potente que uno recibe como clásico desde el primer acorde que suelta el autoarpa. Muchos ya lo veían como el mejor disco publicado en los últimos tiempos, y el Mercury Prize viene a ajusticiar un trabajo necesario, de plena actualidad, urgente, estudiado y que tiene el sabor de la complejidad sin cortapisas. El disco de una artista que trasciende una época y se convierte en la voz más sólida de su generación.











