
- 10 milles per veure una bona armadura
- Manel
- Pop, 2011
- Sello: Warner Music Spain
- Puedes escucharlo en Spotify
Manel han conseguido algo que desde hace 15 años nadie conseguía: colocar en el número 1 de ventas de España un disco cantado en catalán. Un honor que hasta entonces sólo artistas como Serrat o Lluís Llach habían tenido la oportunidad de disfrutar.
Es importante acercarse a este trabajo sin prejuicios y escucharlo como escucharíamos cualquier otro procedente de cualquier otro lugar del mundo y cantado en cualquier otro idioma que tampoco conocemos. El hecho de que Manel hayan conseguido situarse como líderes de ventas en España, en los tiempos que corren, y tal como está el panorama musical en nuestro país, debería ser motivo de satisfacción al menos para todos los amantes de la buena música. Que Manel sean catalanes y canten en catalán es, si acaso, un motivo añadido de alegría, pues eso significa que, también dentro de nuestras fronteras, se hace una música excelente, del más alto nivel, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello, entre otras cosas porque las grandes discográficas y las radiofórmulas convencionales silencian prácticamente cualquier posibilidad de expresión cultural alternativa.
Por todo esto, inicio mi reseña dejando bien claro que me alegro mucho del éxito de Manel, por todo lo que este éxito significa, como paso hacia una mayor difusión comercial de la música de calidad en España, y también como paso hacia una situación de normalización cultural en la que puedan convivir diferentes formas de expresión sin prejuicios y sin discriminaciones.
Manel lo tenían difícil para responder a las enormes expectativas creadas en torno a ellos después de su estupendo disco de debut, “Els millors professors europeus”. Un trabajo que se convirtió en disco de oro, que cosechó varios premios y que fue calificado como tercer disco nacional según Rockdelux, mejor disco pop-rock según Enderrock, tercer disco nacional según Mondosonoro y tercer disco nacional según El Periódico de Catalunya. “El millors professors europeus” llevó a los catalanes a dar conciertos en lugares como Londres y Buenos Aires y a llenar por dos veces el Palau de la Música de Barcelona. Hasta Nacho Vegas se fijó en ellos para realizar su particular versión de una de sus canciones, Pla Quinquennal.
Representantes de la nueva ola del pop cantado en catalán, en la que podríamos englobar también a Els amics del arts o a los más veteranos Mishima, y dignos sucesores de la corriente abierta por los brillantes mallorquines Antonia Font, Guillem Gisbert, Roger Padilla, Martí Maymó y Arnau Vallvé (así se llaman los cuatro componentes del grupo), saben hacer un tipo de pop-folk amable y de exquisita factura que combina el sonido de influencia anglosajona (representado por gente como Beirut, Sufjan Stevens o Fleet Floxes) con lo mejor de la música tradicional catalana.
Si en su primer disco ya nos habían sorprendido a todos con unas melodías encantadoras y en muchos casos adictivas (inolvidable el estribillo de Ai Dolors), unos arreglos ensoñadores y juguetones y unas letras de precioso colorido costumbrista, en este nuevo y esperadísimo trabajo no decepcionan lo más mínimo.
El disco ha sido grabado en los estudios que poseen Arnau Vallvé (batería del grupo) y Aleix Sans (técnico de sonido), y ha sido producido por el propio grupo.
Para la grabación del mismo se han rodeado de varios músicos de cámara que han conseguido revestir a las 10 canciones de una gran aureola de elegancia y sofisticación. El ukelele ha pasado a un segundo plano, pero el banjo, las cuerdas y los vientos han adquirido un importante protagonismo. Sus canciones siguen siendo sencillas, y sus letras, honestas e inteligentes, con un punto de humor, aunque sin grandes pretensiones. No encontraremos en este trabajo, como tampoco lo encontramos en el anterior, espectaculares agudos por parte de Guillem, estruendosos arreglos de guitarra o sintetizadores estridentes, ni nada de todo aquello que triunfa hoy en día en las listas de ventas. Ni falta que hace. El valor de la música que hacen estos cuatro jóvenes reside precisamente en la cercanía de sus composiciones, en la naturalidad, sencillez, calidez, que desprenden sus canciones, y en las historias cotidianas, locales, y a la vez, intemporales y universales, que nos cuentan a través de sus entrañables metáforas.
El disco pierde un poco de frescura e inmediatez con respecto al anterior, pero lo hace para ganar en densidad y en profundidad. Los estribillos ceden a favor de estructuras musicales instrumentalmente más ricas. Sus líricas ahora también son más narrativas y más complejas. Nos encontramos con más arreglos musicales, más detalles que expanden el universo de sonidos de la banda, aunque sin llegar al recargamiento en ningún momento. Algunas canciones se alargan un poco más de la cuenta (La bola de cristall, por ejemplo), pero en general sus melodías son tan deliciosas que ni siquiera eso resulta un inconveniente.
Uno de los puntos fuertes del grupo es, sin duda alguna, su dominio de los textos. Ya lo habían demostrado en su primer álbum. Lo más destacable de sus letras es, quizás, la manera en que saben abordar los temas sin caer en tópicos ni simplismos, haciendo hincapié en aspectos que a otros muchos les pasarían desapercibidos, o adoptando puntos de vista originales que les confieren perspectivas también innovadoras, como podemos apreciar, sin ir más lejos, en Aniversari.
El título del disco proviene de una cita shakespeariana que recoge Kenneth Branagh en “Mucho ruido y pocas nueces”. En la primera página del libreto que acompaña al CD encontramos reproducido el pequeño texto de Branagh en el que aparece esta cita.
Comienza con Benvolgut, una magnífica forma de empezar, no sólo porque se trata de una de las mejores canciones del disco, sino porque el texto parece haber sido escrito expresamente como carta de presentación:
“Estimado, permíteme suponer que, a pesar de que no hayamos disfrutado de presentación oficial, más o menos, así como yo, estás informado de mi existencia, de las cosas que hago.”
No sabemos si esta canción contiene en realidad una doble intencionalidad en su significado (aplicable, por tanto, al propio grupo, del que muchos en España no habían oído hablar hasta hace poco), pero nos quedamos con que, aparentemente, se trata de una dedicatoria al ex de la pareja con la que el protagonista de la historia comparte actualmente su vida. Momentos de sincera compasión intercalados con otros de crudo realismo componen un texto en el que se retrata con perspicaz sentido del humor la manera en que las relaciones sentimentales nacen, crecen y perecen, al mismo tiempo que los sueños de unos se transforman en los fracasos de otros.
La reiterativa trompa de Benvolgut deja paso a la más tranquila La cançó del soldadet, la conmovedora y humanista historia de un soldado que va a la guerra y es herido en la batalla, con alusiones a las figuras siempre imprescindibles de la madre y de la esposa, pero sin recrearse en ningún momento en el dolor propio de la situación.
A continuación nos encontramos con El Gran Salt, una de las más canciones más bonitas del disco, avanzando entre una percusión exuberante y una mágica flauta; una historia acerca de asumir riesgos sin tomar conciencia de que, tarde o temprano, todas las decisiones, como los saltos, tienen sus consecuencias, y que las caídas son inevitables.
Boomerang, tiene una de las músicas más alegres y frescas del disco, aunque la historia que nos cuenta no lo sea tanto. A través de la anécdota aparentemente nimia de un episodio infantil, nos encontramos con una canción que nos habla sobre decepción, sobre expectativas no cumplidas y sobre nostalgia, la nostalgia de los tiempos en los que parecía que podíamos dominar el mundo a través del lanzamiento de un simple boomerang.
La agradable balada La bola de cristall podría pasar desapercibida entre el anterior corte y el siguiente, pero no deja de ser un buen tema, una mirada crítica a las promesas de futuro que nunca se cumplen simplemente porque el futuro que prometían no existe.
Y entonces llega Aniversari, posiblemente la mejor canción del disco y, por tanto, un magnífico primer single. Como si de un cuento de hadas se tratara, con unos arreglos orquestales oníricos y fascinantes que recuerdan por momentos a algún pasaje de alguna película de Tim Burton (estoy pensando, por ejemplo, en Eduardo Manostijeras), Aniversari es el relato pormenorizado de todo aquello que acontece en el interior de la mente de alguien en el momento en que se dispone a soplar las velas de su tarta de cumpleaños. Pero es también la expresión de otro deseo más: el del amante que anhela por encima de todo conocer los recovecos de cada pensamiento de la persona amada, e imagina, para ello, lo que podría estar ocurriendo dentro de su cabeza. Imposible de obviar resulta el videoclip, una especie de cortometraje de más de 8 minutos de duración que es de lo mejorcito que hemos visto en nuestro país en mucho tiempo en materia de videoclips.
En Flor Groga, apoyados principalmente en unos timbales y en la guitarra acústica, Manel siguen indagando en las consecuencias de una ruptura sentimental; en este caso, nos hablan de alguien que se percata del valor de lo que ha perdido justo cuando ya no lo tiene.
Criticarem les noves modes de pentinats incide de nuevo en esa idea persistente, recurrente en este nuevo trabajo de los catalanes, sobre la llegada de la vejez, el paso del tiempo, la pérdida y la mirada nostálgica hacia el pasado. “Y los momentos de mirar hacia atrás te harán gracia y te harán daño. Y quizá no seré tu amigo, ni tendré nada que ver con si eres o no eres feliz.”
Y cuando estamos con la lágrima a punto de desbordar el ojo, nos vemos sorprendidos, de pronto, por el optimismo y la energía del corte más pegadizo de este ábum, El Miquel I L’Orga Tornen, una canción que habla sobre una reconciliación amorosa y que es como una bocanada de aire fresco antes de afrontar el final.
Deixa-La, Toni, Deixa-La, la canción que cierra el disco, es una emotiva forma de despedirse. “¡Déjala, Toni, déjala! Invéntate un mundo nuevo y déjalo todo en tierra que, con la vida, ya tienes suficiente.”, dice el coro. Una invitación a disfrutar de la vida, sin miedos y sin mentiras. La aportación del coro Arsinova, el banjo, el clarinete o la trompeta son un broche de oro perfecto para un disco que pasa a convertirse, por méritos propios, en uno de los mejores discos nacionales de lo que llevamos de año.
Manel han sido capaces de mantener el nivel de su primer trabajo. Este disco quizás no nos deje grandes estribillos ni melodías que penetran irremediablemente en la cabeza a la primera escucha, como sí nos dejó el anterior, pero si uno lo escucha con suficiente atención, y con calma, acaba descubriendo en él grandes cosas. Los catalanes confirman que la calidad de su primera incursión en el mundo de la música no fue una cosa fortuita fruto de la casualidad, sino producto del talento y del trabajo concienzudo. En una entrevista concedida hace tiempo a propósito de su primer álbum, decían: “Nos encantaría formar parte en el futuro del cancionero popular que se escucha en las escuelas”. No dudo que lo conseguirán si continúan por esta línea. Manel han venido a por todas, y han venido para quedarse. Espero que por mucho tiempo.












Andrés, pedazo de artículo de estreno…! Bienvenido, amigo!
Que bueno el artículo. Te mueves como pez en el agua en este mundillo. Esperamos con ansia los próximos.