Escena

Crece v20.11, el circo y la poesía

Por Zuri Negrín 27 sep 2011 0
Crece v20.11, el circo y la poesía
    • Crece v20.11
    • Director: Roberto Oliván
    • Fechas: Hasta el 2 de octubre
    • Lugar:Teatro Circo Price
    • Ronda de Atocha, 35. Madrid
    • Entradas: 16 euros

Año tras año, el Teatro Circo Price inaugura la temporada con uno de esos experimentos creativos que dan vida y fuerza al desarrollo de jóvenes artistas. El ya convertido en un clásico, Crece, llega a su cuarta edición con nuevo director y un puñado de jóvenes dispuestos a mostrar lo que, durante algo más de un mes, han estado desarrollando en conjunto. El resultado de la presente edición es un combinado de compliacada digestión, alejado de las convenciones del género y mucho más variado y desconcertante que los Crece anteriores.

Con un punto de partida de lo más evocador con una luz que se balancea sobre los artistas que nos van dejando caer sutilmente sus pensamientos, el espectáculo se plantea desde el punto de vista del artista, de lo que se ve desde las alturas, desde ese lugar al que tan solo los valientes que se balancean y desafían las leyes de la gravedad pueden ofrecer. Tras unos momentos brillantes y sorprendentes, coreografiados sin descanso y con un peso a veces excesivo de la danza y la expresión corporal, Crece va ofreciendo el clásico menú circense con mucha menos espectacularidad y mayor contención dramática y poética.

En un devenir algo despistado, el espectáculo se va deslizando peligrosamente entre lo bello y evocador y lo cargante, llegando en algunos tramos a resultar excesivamente profundo y tedioso, lo que tristemente termina desluciendo el trabajo de un puñado de jóvenes virtuosos a los que les sobran ganas e ilusión, pero que no terminan de brillar del todo en medio de una atmósfera demasiado minimalista, excesivamente densa, por momentos innecesariamente reiterativa y que desluce el resultado final, que a medida que avanza se desliza levemente hacia el tedio.

Afortunadamente el espectáculo goza de momentos de enorme brillantez como la mágica escena en la que un trozo de plástico se convierte en un aura levitando en el aire y danza al ritmo de uno de los personajes, o un espectacular número de trapecio doble convertido en un derroche de energía y virtuosismo, así como los interludios de danza y coreografía que enlazan las diferentes escenas y que, a pesar de lo flojo en la ejecución, completan un espectáculo irregular como la vida misma, pero a la vez emocionante, denso y tan experimental y diferente como cada edición.

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