Críticas, Música

Amaral / Hacia lo salvaje

Por Zuri Negrín 28 sep 2011 1
Amaral / Hacia lo salvaje

Cuando toca hablar del nuevo disco de Amaral se puede caer en lo que llevamos días leyendo en la prensa. Que si es su disco más rockero, que si se han lanzado a la piscina de la autoedición o que no paraban de pedir que subieran el volúmen de las guitarras. Pero ‘Hacia lo salvaje‘ es más que eso. Es el disco que confirma a Amaral como una de las bandas más potentes, sólidas y madura del panorama actual, más allá de etiquetas, de prejuicios o de intenciones.

Y es que ‘Hacia lo salvaje’ se convierte, desde la primera escucha, en el mejor disco de los zaragozanos. Desprendidos de la industria discográfica y aventurados en el mundo de la autoedición, Eva Amaral y Juan Aguirre se han dejado la piel en un disco que abre una etapa de fisura sin olvido, de renovación sin faltar a sus raíces. Y es que, siendo honestos, no es que de repente Amaral suenen a otra cosa diferente. La voz de Eva, las guitarras de Juan y las canciones que forman parte de nuestra vida desde el primer instante siguen estando presentes, pero todo presenta un aura de madurez y una solemnidad mucho mayores que en trabajos anteriores, sin olvidar la sensación que transmiten las canciones de haber sido concebidas, grabadas y editadas tal y como a ellos les apetecía, sin ningún tipo de solicitud o exigencia externalizada.

Pero no nos engañemos, no es este el disco rockero y potente que se podría esperar tras los comentarios vertidos en la prensa, o al menos en parte. Claro que hay tramos en los que las guitarras se elevan un poco más de lo normal en la banda, pero lo que más brilla en este sexto album del dúo son las piezas delicadas, comedidas y cercanas al sonido folk americano del que tan fans son Aguirre y Amaral. Ahí tenemos la emotiva Robin Hood, o la afligida Riazor, temas ásperos que se sumergen en las profundidades de la condición humana. Drogas, autodestrucción y miserias aparecen por primera vez de forma explícita en el repertorio del dúo que se atreve también con canciones de estribillo energético que rozan lo metafísico (Antártida), sin olvidar uno de sus temas fetiche, la pérdida de la inocencia y la crisis existencial (Hoy es el principio del final, Cuando suba la marea).

Uno de los temas más destacados es Olvido, canción que Eva dedica a su madre, una delicada reflexión sobre la pérdida que se recibe como una de las mejores canciones del conjunto desde la primera vez que las guitarras y las estrofas solapadas rozan nuestros oídos. (Y nada me impide que pueda olvidar / A todos los mitos que se me han caído / Motivos me sobran para asesinar / a algunos fantasmas a golpes de olvido). Y ojo porque las cualidades vocales de Eva se aprovechan más que nunca en un disco donde pasa de una tesitura suave y afligida a tramos de gravedad o incluso a un momento de lo más desconcertante en Hoy es el principio del final donde se va transformando en un inesperado y sorprendente falsete a lo Kevin Barnes (Como si no hubiera un mañana que nos fuera a atrapar, hoy es el principio del final. Yo te prometo que no voy a llorar).

Además de esas canciones comedidas, la banda también mantiene cierto espacio para sus potentes piezas pop. El single, Hacia lo salvaje, ya nos hacía intuir que este disco iba a tener mucha fuerza, y aparecen ahí candidatas a himnos en el directo como la vibrante Esperando un resplandor, un canto generacional lleno de coros, palmas y sutiles efectos, o la letra reivindicativa de una potente Como un martillo en la pared (Sé que es imposible que mi libertad no sea inconcebible pero podría suceder / La historia se repite una y otra vez como un martillo en la pared). Aunque si hablamos de himnos la canción que cierra el disco, Van como locos, se lleva la palma e incluso se podría considerar un pequeño homenaje al movimiento 15M (Han tomado la ciudad y son parte de algo inabarcable/Van viviendo por delante/Van vagando por las calles/Nada les podrá detener/Van como locos/No les importa lo que piensen).

Y por si no les bastara con semejante epopeya musical, todavía han tenido tiempo para cocinar como extra el mismo conjunto de canciones en doce deliciosas versiones acústicas, un verdadero regalo de gourmet que, tras ser escuchado con calma confirma una latente realidad: que ‘Hacia lo salvaje’ es bueno porque contiene excelentes canciones, porque se ha elaborado lejos de cualquier tipo de intención extramusical y porque es el producto de una amplia trayectoria que ha alcanzado su punto óptimo de madurez en ese mundo salvaje al que se acaban de lanzar y en el que, esperamos, les queda aún mucho por experimentar, trabajar y mostrar.

Un comentario »

  1. RDorado 28 sep 2011 at 13:42 -

    Excelente artículo, Zuri, y el disco, obvio, una pasada

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