Dicen que África es inexplicable, hay que sentirla. Es posible. Yo creo que el sábado pude hacerlo, al menos un poco, cuando la música de este continente me invadió. Intuyo que no era cosa mía, porque las cientos de personas congregadas en el New Haven Green debieron sentir lo mismo si decidieron levantarse y empezar a bailar. Mandingo Ambassadors y Freshlyground, dos grupos africanos, entraron en Connecticut por la puerta grande, la del escenario del Festival Internacional de Artes e Ideas que cada junio se celebra en New Haven y que este fin de semana bajó el telón.
Adoro esos conciertos en que familias, parejas, grupos de amigos, ancianos y gente peculiar deciden dejarse llevar. Fue uno de esos. Si América es una gran olla donde se cuecen y mezclan a fuego lento diferentes culturas, el parque New Haven Green fue un pequeño plato de ese guiso.
El festival, uno de los eventos más importantes del Estado, decidió dedicar sus 16 dias a las conexiones entre EE.UU. y otros países como China, Brasil, Irlanda, Iraq e incluso España. Celebrar los 15 años con un programa multicultural ha sido no sólo una gran idea, sino un acierto. Cuando en 1995 Anne Tyler Calabresi, Jean Handley y Roslyn Milsten Meyer se enteraron de que los Juegos Olímpicos Especiales se celebrarían en su ciudad, vieron la oportunidad de crear algo grande. Ya se sabe que Connecticut no es precisamente el Estado más atractivo del país, pero en ese instante muchas miradas estaban encima y era momento de aprovecharlas. Idearon lo que ya habían visto en Italia o Carolina del Sur: un festival mundial de artes. Apuntaron alto, tanto, que pocos creyeron que lo fueran a conseguir. Atraer actuaciones, conferencias y coloquios estaba claro que sería complejo. Pero, por si fuera poco, la zona elegida para todo el tinglado era la parte baja de la ciudad, el punto de encuentro de las diferentes razas y etnias. El público tampoco estaba asegurado.
Sin embargo Calabresi, según ella misma una ‘antigua radical’, veía en ese espacio históricos edificios y una preciosa zona verde con olmos. Junto con Handley y Meyer empezó a planificar el primer Festival Internacional de Artes e Ideas. Puede que fueran muy insistentes o tal vez vieron que esas tres mujeres iban en serio, el caso es que consiguieron dinero e implicaron a varias intituciones, entre ellas la Universidad de Yale. Aún y todo, New Haven no era por aquel entonces una ciudad que brillara por su seguridad y las autoridades recelaban. El balance de las dos semanas llenas de actividad y miedos fue sencillo: coches dañados, cero; bolsos robados, cero; paraguas robados mientras se esperaba lluvia, cero. Desde entonces, más de 18.000 artistas han visitado la ciudad, ha habido 4.000 eventos y lo mejor de todo es que el 80% han sido gratis.
Pero para los que aún no imaginan lo que supone un festival de este calado en el Estado, falta decirles que cuando Michael Frayn llevó Copenhagen al escenario tras el éxito en Londres, el New York Times dijo: “¿Qué demonios está haciendo ahí?”. La obra trata de tres personas que caminan y hablan sobre la idea de una bomba nuclear en Dinamarca. El screenplay encantó en la organización y como no era caro de producir lo contrataron. Así, poco a poco llegaron otros milagros: The Metropolitan Opera, The Royal Shakespeare Company, The Saigon Water Puppet Theater, Little Richard, Kool & The Gang, Street Cirkus Frank…










