Literatura

‘Cuaderno de Noche’ de Inka Martí

Por Alicia Guerrero Yeste 9 jun 2011 0
‘Cuaderno de Noche’ de Inka Martí

El Cuaderno de Noche de Inka Martí contiene sesenta y cinco sueños, escogidos de entre más de un millar de vivencias oníricas sucedidas a lo largo de un periodo de algo más de diez años. Son ‘sueños grandes’, sueños que provienen de los estratos más hondos de la psique y en los que emergen imágenes simbólicas, que reflejan los flujos de nuestra vida en el inconsciente y que son, a la vez, transpersonales: arquetipos del inconsciente colectivo.

Es, ante todo, una entrega valiosa.

La primera razón sea porque el relato de estos sueños trasciende su carácter de escrito y se le llega a sentir, de alguna manera, vinculado a esa imagen nocturna de un grupo de hombres y mujeres en tiempos prehistóricos, sentados en torno a una hoguera narrándose historias que muy posiblemente fueran sus propios sueños, en la que se refleja el origen de los fundamentos más primigenios de la imaginación – imagen con la que se inicia el prólogo que Jacobo Siruela ha elaborado para este volumen.

Los sueños de este Cuaderno se están contando en esa noche remota, anterior a la formación de mitos y cuentos, a través de palabras y oraciones esmeradamente limpias y claras, en una actitud que puede considerarse simultáneamente de determinación y prudencia: la determinación de Inka Martí de narrar con absoluta veracidad eso vivido con una prudente humildad que logre evitar que el inmiscuirse de lo consciente (utilizando sus herramientas- aunque sea bienintencionadamente-en la rememoración) despoje al sueño, traído hasta este lado a través de la escritura durante el tránsito de regreso hacia el completo despertar, de toda la verdadera naturaleza de su origen. Su limpieza lleva a poder intuir la narración del sueño como acto productor de un resquebrajamiento en el silencio, cercano al que producen las palabras del héroe retornado del inframundo o a las de la sibila que pronuncia su profecía, y dota a la descripción de estas imágenes oníricas de una nitidez intensa, que no sólo nos las hace visualizables sino también, y sobre todo, aunque envueltas de extrañeza, latentemente reconocibles para la profundidad interior.

Son imágenes cuya sustancia emerge en la poesía, en los cuentos de hadas, en los relatos míticos y sagrados más arcaicos, corroborando la especulación borgiana de que los sueños son la actividad estética más antigua o la del latino Lucrecio, incitando a aseverar que fuera realmente en los sueños donde los hombres vieron por primera vez a sus dioses, pero que también debemos leer como emergentes en una individualidad concreta y enteramente pertenecientes a ella.

La lectura maravilla en muchos de los sueños en la aparición de imágenes de una delicadeza prodigiosa, donde símbolos arquetípicos se presentan transfigurados en presencias que parecen formar parte de un antiguo cuento y en los que lo soñado es o es como una secuencia de la travesía psíquica que esos cuentos pueden representar. Visiones de sublimidad, de inmensidad cósmica y de espiritualidad que suceden en territorios astrales o en extraordinarios paisajes terrenales, en tiempos presentes o eternos, imágenes de piedras preciosas, mandalas, laberintos, templos, ángeles, chamanes, estatuas de Budas, la aparición de la Virgen, la unión plena con el amante…

Otros son experiencias angustiantes: muerte, el asalto lascivo del íncubo, miradas de serpiente… La persistente serpiente que en estos sueños se presenta como una visión inquietante, protectora y sagrada. Visiones violentas como el sueño del recién nacido carbonizado por sus padres; u otro, en el que reverbera la imagen del águila devorando las entrañas de Prometeo, sugieren el miedo de la oscuridad y repulsión pesadillescas como proceso de catarsis o de apertura y penetración de lo consciente a otros estratos psíquicos.

Es crucial cómo Inka Martí protege la insondabilidad como cualidad fundamental de la naturaleza del sueño y hace de esto afirmación de la profunda complejidad de su posible desciframiento. Reconocer esa insondabilidad como posible prueba de que el desciframiento del sueño trasciende cualquiera de esos corrientes intentos de interpretación superficialmente simbólica, inmediatamente traducibles a la material superficie de lo que vivimos. Que su desciframiento es el del enigma.

En su dimensión de ejercicio personal, y como encaminamiento hacia el desciframiento del propio enigma, el acto de la escritura de los sueños se percibe como el de la creación de un espacio de búsqueda y encuentro: la implícita aceptación del sueño como materia necesaria de la existencia, y quizás también el intento de hacer actuar a lo consciente como hilo de unión con el inconsciente, de manera que un remanente del estado onírico persista durante este otro lado del despertar. Sugieren claramente esto último las imágenes de la portada del libro y las compiladas en Espacios Oníricos, en las que vibra la mirada de los ojos del sueño, y que hacen tal vez encajar a Inka Martí en la definición de ‘psicotopógrafo’ de Victoria Nelson: aquél o aquella que describe o representa imágenes de las regiones internas a través de la imagen de un paisaje exterior.

Aquel que duerme está girado hacia el mundo que le es propio’ dice un principio de Heráclito. Y ese mundo propio de la soñante de este Cuaderno esté quizás representado en su visión de un lugar donde, tal vez, las noches son blancas.

  • Cuaderno de Noche
  • Autor: Inka Martí
  • Editorial: Atalanta
  • 160 páginas


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